18 Marzo 2012 Seguir en 
Ansiosos estaban todos. Algunos sonrientes y expectantes, luciendo sus sombreros tejanos y sus vinchas con el nombre de Marco Antonio Solís. Otros, en cambio, se quejaban por el cambio de horario y porque no encontraban las sillas que les correspondían.
Todo este amontonamiento de sentimientos terminó cuando el músico mexicano apareció en el escenario y empezó con su inigualable dosis de baladas, que provocaron suspiros y gritos por más de dos horas.
Cuando se apagaron las luces, se prendió la euforia por el artista, que brindó un show que superó al que dio en 2010. Un gran despliegue en el escenario, que incluyó seis pantallas, un buen juego de luces y hasta un grupo de violinistas que acompañó a Solís en su recorrido por sus grandes hits, hizo olvidar todas las quejas y puso la firma en un show que quedó para el-dulce- recuerdo. Como no podía ser de otra manera, tras dos horas de show y 21 temas, el mexicano se fue ovacionado por un público que ya está esperando su regreso.
Demora
Supuestamente Solís iba a empezar su show, que prometía ser puntual, a las 21. Pero desde el club Atlético de Tucumán, donde ya estaban todos esperando, se comunicó que, en realidad, el espectáculo no iba a empezar antes de las 22, lo que alteró el humor de más de uno. LA GACETA ©







