09 Febrero 2012 Seguir en 
¿Qué perdemos como humanidad cuando nos deja "un ladrón de colores"? ¿Cómo conjuramos esta sensación de que como generación fuimos esta tarde, de repente, empujados al punto más oscuro de la más profunda de las tristezas? Tanta poesía, tanta lucha por el Arte, ahora guardadas para siempre en nuestros corazones.
¿Qué les diremos a nuestros hijos y nietos los que tuvimos la suerte de escucharlo, conocerlo, admirarlo, amarlo? ¡Que fuimos afortunados! Porque aprendimos que una muchacha puede tener ojos de papel; que si alguien le canta una plegaria con amor, un niño de la calle puede "destruir trapos de lustrar"; que" un guerrero no detiene jamás su marcha, y sobre todo, que "mañana es mejor".
Luis querido, ahí están entre montones de libros "Las enseñanzas de Don Juan" o el mismo Artaud, recordándonos quién fue el mago único que los acercó a nuestras vidas. Y estás vos, en nuestros lapachos y azahares callejeros, esos que alguna vez perfumaron tus visitas a Tucumán deslumbrando tu sensibilidad.
Desde aquella primera vez que llegó Almendra al club Estudiantes o la noche que al cumplirse un año de la muerte de Lennon, en Caja cantaste "Muchacha..." dejándonos mudos y felices. También, la noche de Villa Luján donde un energúmeno creyó que podía escupir a un artista y le preguntaste si era lo único que tenía para ofrecerte, regalándole ahí no más una canción dedicada. Me duele tu partida. Me quedo con el tesoro de tu música, con el recuerdo de tu inmensa humanidad.
¿Qué les diremos a nuestros hijos y nietos los que tuvimos la suerte de escucharlo, conocerlo, admirarlo, amarlo? ¡Que fuimos afortunados! Porque aprendimos que una muchacha puede tener ojos de papel; que si alguien le canta una plegaria con amor, un niño de la calle puede "destruir trapos de lustrar"; que" un guerrero no detiene jamás su marcha, y sobre todo, que "mañana es mejor".
Luis querido, ahí están entre montones de libros "Las enseñanzas de Don Juan" o el mismo Artaud, recordándonos quién fue el mago único que los acercó a nuestras vidas. Y estás vos, en nuestros lapachos y azahares callejeros, esos que alguna vez perfumaron tus visitas a Tucumán deslumbrando tu sensibilidad.
Desde aquella primera vez que llegó Almendra al club Estudiantes o la noche que al cumplirse un año de la muerte de Lennon, en Caja cantaste "Muchacha..." dejándonos mudos y felices. También, la noche de Villa Luján donde un energúmeno creyó que podía escupir a un artista y le preguntaste si era lo único que tenía para ofrecerte, regalándole ahí no más una canción dedicada. Me duele tu partida. Me quedo con el tesoro de tu música, con el recuerdo de tu inmensa humanidad.
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