Honor naval

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22 Enero 2012
Con asombro hemos leído la noticia del vergonzoso espectáculo brindado por el capitán del barco italiano, al estar entre los primeros en abandonar la embarcación y dejar a sus pasajeros a la buena de Dios. Esta conducta no tiene justificativo alguno y confío que la justicia italiana aplique las sanciones más severas. El hecho trae a colación lo acontecido en el Titanic -visto en buenas películas- pero no debemos recurrir a ese lejano acontecimiento. Recordemos al marino argentino, que comandaba el ARA Almirante Irizar, que se encontraba cumpliendo una misión en la Antártida. La embarcación sufrió importantes daños, lo que hizo al valiente jefe ordenar el abandono del navío, pero él se quedó y pudo zafar de esa helada trampa, llevándolo al puerto más cercano para iniciar su reparación. Así lo había aprendido desde cadete. "El capitán no abandona su barco y llegado el momento se hunde con él", le habían enseñado otros argentinos de honor. Finalmente, en otro ejemplo -de los muchos que hay- recordemos al marino alemán que en la batalla del Río de la Plata, hunde el Graf Spee, salta al mar y ya en tierra se suicida porque así defendía su honor de marino. Ante la deleznable conducta del juerguista marino italiano, los mares en los que están sepultados los héroes navales deben haber tenido gigantescas olas de repudio.

Domingo Padilla
dompadilla@hotmail.com


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