El clásico, un espectáculo incomparable

Gustavo Rodríguez
Por Gustavo Rodríguez 21 Enero 2012
Los amantes del fútbol se preparan para vivir una tarde llena de placer. Sus ojos, corazones y gargantas ya están listos. Sólo un clásico entre Atlético y San Martín puede despertar una pasión que se transforma en un espectáculo único e irrepetible.

Una vez más, como no ocurría desde hace mucho tiempo, el mejor arte futbolero se exhibirá mañana en el Monumental de 25 de Mayo y Chile. Miles y miles serán testigos de lo que ocurrirá en la final del Torneo de Verano 100 años LA GACETA.

Como si se trataran de balones, las pupilas irán de un lado a otro descubriendo todo lo que pueda surgir en las tribunas. Los oídos estarán bien abiertos para escuchar, como si se estuviera disfrutando de una ópera en un inmenso teatro a cielo abierto, cada uno de los cánticos que entonarán los muchachos de voz ronca y para nada aterciopelada. Los cerebros también estarán afilados con el fin de descubrir cada una de las expresiones del ingenio popular que, en esta clase de duelo, siempre está presente.

Para los que aman este deporte, ser partícipe de un clásico en general, y por afectos el tucumano en particular, tiene un sabor especial y único. Días antes de que los 22 hombres salgan al campo, en cada oficina, comercio, bar y organismo público se juega el partido. En las horas previas, la ciudad es invadida por un frenesí pintado de celeste, rojo y blanco. Minutos antes, el aroma a cuerpo transpirado producto del amontonamiento de las tribunas, es un indicio de que la ansiedad está presente. Después habrá caras largas generadas por la derrota o rostros extasiados gracias al triunfo que se festejó al cansancio.

Pero ser protagonistas de un derby no tiene precio. Y no hay que estar dentro del campo o anotar el gol de la victoria, sino disfrutar del espectáculo sin importar el resultado. A la violencia, y a los violentos, se les debe ganar por goleada para gozar de una fiesta incomparable.

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