Una década signada por la desconfianza

La moneda única entró en circulación el 1 de enero de 2002. Diez años después, la unidad monetaria atraviesa su peor momento, como consecuencia de la crisis financiera mundial y de la economía de los países que son miembros de la euro zona. Los especialistas defienden su estabilidad, pero algunos auguran ya la desaparición de la moneda que compite contra el dólar.

LO QUE QUEDA DEL DÍA. Una empleada limpia el piso de una casa de cambio europea. La crisis financiera global amenazó con barrer la moneda común. REUTERS
LO QUE QUEDA DEL DÍA. Una empleada limpia el piso de una casa de cambio europea. La crisis financiera global amenazó con barrer la moneda común. REUTERS
31 Diciembre 2011
Nació para integrar a toda una región, logra revalorarse en el mundo, pero su futuro ha entrado en una encrucijada. Se cumplen diez años de la colocación en circulación de la moneda de la Unión Europea: el euro.

El 1 de enero de 2002, los billetes comienzan a remplazar a las monedas de los países que conforman el bloque comercial, que encabezan Francia y Alemania. En marzo, se impone en las billeteras y en las carteras de los europeos de 12 naciones, desterrando a históricas como la peseta española, el franco francés, la lira italiana y el marco alemán.

La propia UE sostiene que haber contado con una unidad monetaria común en gran parte de Europa ha permitido al bloque "reaccionar ante la contracción global del crédito de manera coordinada y garantizar mayor estabilidad de lo que hubiera sido posible de otro modo".

"Por ejemplo, como el BCE (Banco Central Europeo) puede reducir los tipos de interés en toda la zona del euro -en lugar de que cada país fije su propio tipo de cambio-, los bancos de toda la Unión están en igualdad de condiciones para prestar y tomar prestado entre sí", afirma la UE.

Los especialistas de la región defienden hasta hoy que estar en la zona euro es garantía de estabilidad de precios, se mantiene la inflación por debajo del 2% a medio plazo, a través de los tipos de interés que fija el BCE, se gestionan las reservas de divisas y la UE puede intervenir en los mercados para influir en los tipos de cambio del euro. Además, se han eliminado las comisiones por cambio de moneda al viajar o hacer negocios, entre otras utilidades.

Las empresas están entre los principales beneficiarios del euro, sobre todo, en Alemania.

La poderosa industria automotriz de ese país se ahorra entre 300 y 500 millones en los gastos de transacciones debido a la puesta en vigor de la moneda única, expresó Jurgen Pieper, analista del banco alemán Metzler.

El 60% de los ciudadanos de la Unión Europea ya lo ha incorporado a su vida cotidiana. Actualmente la euro zona engloba a 332 millones de personas en 17 países. A mediados de 2011, 14.200 millones de billetes y 95.600 millones de monedas circulaban por un valor de cerca de 870.000 millones de euros, según el Banco Central Europeo.

El euro nació para unir a los países del viejo continente y también lo hizo para competir con el dólar. El 15 de enero de 2002 alcanza el nivel de la moneda norteamericana y en julio de 2008 sube a U$S 1,6038, alcanzando su máxima cotización histórica debido a la tormenta financiera que afecta a Estados Unidos.

La desconfianza

Pero la crisis económica que se inicia en Grecia en 2010 y luego se extiende al resto del continente abre un manto de incertidumbre sobre el futuro del euro. Los negros augurios son expresados por analistas, agencias de calificación y figuras europeas.

"Abramos los ojos: el euro y Europa están al borde del precipicio", había dicho en agosto el ex titular de la Comisión Europea, Jacques Delors.

Quien fuera el primer presidente del CE aseveró además, meses después, que la euro zona fue defectuosa desde su creación, ya que no se tuvieron en cuenta las debilidades y los desequilibrios en las diferentes economías.

Incluso, el presidente del BCE, Mario Draghi, ha advertido a la euro zona del alto riesgo que conllevaría que un país abandonara el euro. (Declaraciones publicadas por el portal económico www.eleconomista.es, en su informe sobre el aniversario de la moneda).

"Los consumidores nunca estuvieron demasiado contentos (con el euro), y siempre mantuvieron la percepción inicial de que equivalía a un aumento de los precios", constató André Sapir, economista de Bruegel, un centro de reflexión radicado en Bruselas, consignaron las agencias AFP y NA.

Los que siguen haciendo la conversión a su moneda nacional "lo hacen con los precios de hace 10 años". Eso explica la percepción de que hubo una gran inflación, explica Sapir.

Por otro lado, la identidad europea ha sido fuertemente golpeada por la crisis de la deuda, con los alemanes criticando la "vagancia" de los griegos o de los italianos, y los franceses avivando viejos sentimientos de germanofobia.

La deuda de 12 de los 17 países del euro se ha encarecido y, además de los casos extremos de Grecia e Italia, la situación afecta seriamente a España, país que también está pagando la tasa de interés más alta para bonos a diez años desde que se adoptó el euro.

En la eurozona están preocupados actualmente por aprobar medidas hacia un pacto fiscal, que quedarán grabadas en las constituciones de los países europeos, frente a los riesgos que surgieron por la falta de integración fiscal y desequilibrios financieros.

Sin plan B

En la UE nadie considera seriamente un retorno a las viejas monedas europeas, aunque en los bancos europeos se avivan los estudios de alternativas para enfrentar la ardua tarea de volver a utilizar las monedas nacionales, ya que en el mediano plazo prevén un abandono paulatino del euro.

Sin embargo, el final de la moneda única sería una catástrofe para los bancos europeos y supondría, a su vez, que la inflación y el desempleo se disparasen, advierten los economistas.

En el caso de un país como Grecia, que decida salir de la unión monetaria y retomar su propia moneda, en este caso el dracma, registraría inmediatamente una fuerte devaluación. Y los tenedores de deuda griega sufrirían grandes pérdidas.

Lo mismo sucedería en cada país que abandone el euro.

El "fin del euro sería el fin de Europa", advirtió el presidente francés Nicolás Sarkozy.

El presidente del Banco Central Alemán, Jens Weidmann, recientemente ironizó sobre los rumores de que se estaban imprimiendo billetes de la vieja moneda alemana: "No hay plan B, no hay impresoras en las bodegas del Bundesbank".

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