Todavía no había llegado el año 2000 y en la Redacción del diario ya estaban unas modernas Mac con las que presumíamos todos. Escribíamos y diseñábamos el diario en un programa llamado Quark. Cada vez que nos mandábamos una macana había que utilizar dos dedos y apretar al mismo tiempo un "macro" mágico: "comando Z". Nosotros decíamos "manzanita Z" porque tenía dibujada en la tecla más gorda el logo que hizo famoso a Steve Jobs. Con la "manzanita Z" desaparecía la macana que nos habíamos mandado y se volvía al paso anterior.
Un día vino un diagramador de poco pelo, bigote tupido y mientras prendía un Colorado (todavía fumábamos en la Redacción) se puso a filosofar sobre lo diferente que sería la vida si tuviera "manzanita Z". La tertulia fue larga y todos nos quedamos pensando en el "descubrimiento".
Esas cavilaciones surgen ante la pregunta: ¿para qué sirve el fin de año? Para hacer un balance. Para revisar las cosas lindas y feas que se vivieron. Para tomarse vacaciones. Para insistir en aquellos planes que quedaron truncos en algún momento del año que se está yendo. Para renunciar a los ideales imposibles. Para sembrar nuevas utopías. Para sincerarse con uno mismo. Para volver a confiar en las fuerzas que se gastaron. Para volver a creer en el Ave Fénix. Para perdonarse tantas rebeldías. Para soñar. Para espantar los miedos. Para volver a empezar. Para hacer cinco proyectos que nos ayuden a caminar el año que viene, como me enseñó el paciente Roberto Eduardo. Para guardar en el bolsillo las malas ondas. Para sonreír. Para brindar...
Parafraseando a aquel diagramador que deglutía aquellos espantosos Colorados, el fin de año es una fantástica "manzanita Z" que nos devuelve las ganas de vivir.
Un día vino un diagramador de poco pelo, bigote tupido y mientras prendía un Colorado (todavía fumábamos en la Redacción) se puso a filosofar sobre lo diferente que sería la vida si tuviera "manzanita Z". La tertulia fue larga y todos nos quedamos pensando en el "descubrimiento".
Esas cavilaciones surgen ante la pregunta: ¿para qué sirve el fin de año? Para hacer un balance. Para revisar las cosas lindas y feas que se vivieron. Para tomarse vacaciones. Para insistir en aquellos planes que quedaron truncos en algún momento del año que se está yendo. Para renunciar a los ideales imposibles. Para sembrar nuevas utopías. Para sincerarse con uno mismo. Para volver a confiar en las fuerzas que se gastaron. Para volver a creer en el Ave Fénix. Para perdonarse tantas rebeldías. Para soñar. Para espantar los miedos. Para volver a empezar. Para hacer cinco proyectos que nos ayuden a caminar el año que viene, como me enseñó el paciente Roberto Eduardo. Para guardar en el bolsillo las malas ondas. Para sonreír. Para brindar...
Parafraseando a aquel diagramador que deglutía aquellos espantosos Colorados, el fin de año es una fantástica "manzanita Z" que nos devuelve las ganas de vivir.







