Aunque la Presidenta haya decretado que el vino es la bebida nacional, y que no hay nada mejor que una cerveza para una noche entre amigos, ese ¿cuándo hacemos un café? como lanzado al paso dice quizás más de nuestra identidad nacional que cualquier encuentro etílico. El "cafecito" -en el bar de la esquina de casa, en las mesitas de la bulliciosa peatonal o en las de la más calma avenida Aconquija, recostada sobre el cerro, en la máquina expendedora de la oficina - es más que un beberaje procesado en base a granos molidos. El cafecito entre amigos (o amigas) no es una bebida. No, el cafecito entre amigos es un territorio de confesión.
Fijate en el café "delivery" que han puesto en boga ciertas franquicias. Puede que esa bebida encerrada en un vaso debidamente sellado sepa al mejor de los granos colombianos o brasileños. Pero no es nada más que eso. Falta el ritual. Por eso, algunos compañeros fanáticos de este relativamente nuevo cafecito "delivery" los compran de a dos. Porque no es lo mismo el cafecito en soledad. Tanto nos "ritualiza" el cafecito a los argentinos, que hasta hay redes de amigos internautas que se aglutinan en torno a sus "cafés" virtuales para debatir sobre lo que sea. Imaginate a cientos de amigos de todo el país - o del resto del mundo- chateando entre sí, acompañado cada uno por un humeante café. Se me preguntará por qué escribir sobre el café, cuando estos días imponen otros rituales más espirituosos, como el de la sidra, el vino o el champán. Precisamente, porque después de la etapa del "descorche", del vivir un poquito enajenados, el tiempo de fiestas suele ser un tiempo de balances, de lo que fue y de lo que no debió ser. Y para eso se impone el espacio ritual del cafecito entre amigos.
Fijate en el café "delivery" que han puesto en boga ciertas franquicias. Puede que esa bebida encerrada en un vaso debidamente sellado sepa al mejor de los granos colombianos o brasileños. Pero no es nada más que eso. Falta el ritual. Por eso, algunos compañeros fanáticos de este relativamente nuevo cafecito "delivery" los compran de a dos. Porque no es lo mismo el cafecito en soledad. Tanto nos "ritualiza" el cafecito a los argentinos, que hasta hay redes de amigos internautas que se aglutinan en torno a sus "cafés" virtuales para debatir sobre lo que sea. Imaginate a cientos de amigos de todo el país - o del resto del mundo- chateando entre sí, acompañado cada uno por un humeante café. Se me preguntará por qué escribir sobre el café, cuando estos días imponen otros rituales más espirituosos, como el de la sidra, el vino o el champán. Precisamente, porque después de la etapa del "descorche", del vivir un poquito enajenados, el tiempo de fiestas suele ser un tiempo de balances, de lo que fue y de lo que no debió ser. Y para eso se impone el espacio ritual del cafecito entre amigos.







