El atraco al colectivo les llevó tres minutos
Una banda armada robó a los pasajeros de un interno de la Línea 7, se apoderaron de celulares y hasta de la pistola de una policía. El hecho ocurrió el martes, a las 5.30, en Colombia y Rivadavia. Los sospechosos no hallaron resistencia. La Policía detuvo a un prófugo
24 Diciembre 2011 Seguir en 
Fueron tres minutos de incertidumbre. Nadie sabía lo que podía pasar. Tres hombres armados habían abordado el colectivo. Uno de ellos se encargó del chofer. Le apuntó con un revólver y le ordenó detener la marcha. Mientras tanto, sus cómplices se ocuparon de los pasajeros. Amenazaron a todos mostrando, cada uno, un cuchillo. En un segundo, les ordenaron que pusieran los celulares sobre el piso del pasillo. Nadie se resistió. Por la sorpresa estaban paralizados. El asalto había comenzado a las 5.30 del martes.
Sandra Graciela Véliz es cabo de la Policía y presta servicio adicional en el Casino de Tucumán. Ella viajaba sentada en uno de los asientos ubicados en la parte trasera del coche. Como iba a trabajar en esa casa de juegos de azar, llevaba consigo su arma reglamentaria. Según la declaración que formuló la oficial, en la esquina de las calles Rivadavia y Colombia, cuatro hombres subieron al colectivo. Tres por la puerta de adelante y uno por detrás. Ella había abordado al ómnibus en un barrio de Las Talitas. Los cuatro sospechosos actuaron rápido. Redujeron al colectivero y robaron los celulares de todos los pasajeros. Pero Véliz tenía algo de mayor valor para los atacantes. "Quitale el fierro a la mina. Quitale. Quitale ya", gritó uno de los jóvenes. Luego de apoderarse de la pistola, los celulares y otras pertenencias de los pasajeros, los agresores bajaron del ómnibus y huyeron corriendo hacia el este, según afirma, en su testimonio, la mujer policía.
No era la primera vez
Héctor Mendoza es chofer de ómnibus. El año pasado le dieron dos puñaladas durante un robo. En aquella ocasión las personas que lo atacaron se llevaron toda la recaudación. "Con esta, es la cuarta vez que me asaltan", dijo al ser entrevistado por LA GACETA. El martes cumplía con uno de los primeros servicios de la mañana. Mendoza recuerda que, a pesar de la hora, casi todos los asientos del colectivo estaban ocupados. En su declaración ante la Policía, a diferencia de la cabo Véliz, afirmó que eran tres los asaltantes que atacaron el ómnibus. "No puedo decir con exactitud en qué paradas subieron, pero todos lo hicieron en el recorrido por Rivadavia. El segundo de los jóvenes se sentó en uno de los primeros asientos, cerca de una mujer. Por su aspecto no había nada que me hiciera sospechar que podía ser un ladrón", explicó. "El último que subió, sí parecía sospechoso", agregó.
El ómnibus se detuvo en la esquina de Rivadavia y Colombia. El tercer integrante de la banda subió hasta el segundo escalón del estribo del coche y, con un revólver que mantenía oculto bajo la ropa, le apuntó al chofer. "Quedate quieto. Quedate quieto", repitió el joven. Esa era la señal que esperaban sus cómplices. "El que venía sentado adelante, sacó un cuchillo y se lo puso en la garganta a una mujer que viajaba cerca suyo. El otro corrió por el pasillo y atacó a la mujer policía. Todo fue veloz. A mí no me quitaron nada porque el dinero estaba en la caja de seguridad del coche y, a esa hora, es muy poco lo que se recauda", explicó Mendoza.
El chofer quedó shockeado y manejó, sin detenerse, hasta llegar a la calle Córdoba al 300. Allí, se bajaron todos los pasajeros. "Al parar el colectivo, reaccioné. En ese instante, pensé en mi familia y en lo que pudo haber pasado. No es sencillo trabajar con miedo. Pero, a pesar de todo, tenía que seguir con el recorrido, porque ese es mi trabajo", concluyó.
Sandra Graciela Véliz es cabo de la Policía y presta servicio adicional en el Casino de Tucumán. Ella viajaba sentada en uno de los asientos ubicados en la parte trasera del coche. Como iba a trabajar en esa casa de juegos de azar, llevaba consigo su arma reglamentaria. Según la declaración que formuló la oficial, en la esquina de las calles Rivadavia y Colombia, cuatro hombres subieron al colectivo. Tres por la puerta de adelante y uno por detrás. Ella había abordado al ómnibus en un barrio de Las Talitas. Los cuatro sospechosos actuaron rápido. Redujeron al colectivero y robaron los celulares de todos los pasajeros. Pero Véliz tenía algo de mayor valor para los atacantes. "Quitale el fierro a la mina. Quitale. Quitale ya", gritó uno de los jóvenes. Luego de apoderarse de la pistola, los celulares y otras pertenencias de los pasajeros, los agresores bajaron del ómnibus y huyeron corriendo hacia el este, según afirma, en su testimonio, la mujer policía.
No era la primera vez
Héctor Mendoza es chofer de ómnibus. El año pasado le dieron dos puñaladas durante un robo. En aquella ocasión las personas que lo atacaron se llevaron toda la recaudación. "Con esta, es la cuarta vez que me asaltan", dijo al ser entrevistado por LA GACETA. El martes cumplía con uno de los primeros servicios de la mañana. Mendoza recuerda que, a pesar de la hora, casi todos los asientos del colectivo estaban ocupados. En su declaración ante la Policía, a diferencia de la cabo Véliz, afirmó que eran tres los asaltantes que atacaron el ómnibus. "No puedo decir con exactitud en qué paradas subieron, pero todos lo hicieron en el recorrido por Rivadavia. El segundo de los jóvenes se sentó en uno de los primeros asientos, cerca de una mujer. Por su aspecto no había nada que me hiciera sospechar que podía ser un ladrón", explicó. "El último que subió, sí parecía sospechoso", agregó.
El ómnibus se detuvo en la esquina de Rivadavia y Colombia. El tercer integrante de la banda subió hasta el segundo escalón del estribo del coche y, con un revólver que mantenía oculto bajo la ropa, le apuntó al chofer. "Quedate quieto. Quedate quieto", repitió el joven. Esa era la señal que esperaban sus cómplices. "El que venía sentado adelante, sacó un cuchillo y se lo puso en la garganta a una mujer que viajaba cerca suyo. El otro corrió por el pasillo y atacó a la mujer policía. Todo fue veloz. A mí no me quitaron nada porque el dinero estaba en la caja de seguridad del coche y, a esa hora, es muy poco lo que se recauda", explicó Mendoza.
El chofer quedó shockeado y manejó, sin detenerse, hasta llegar a la calle Córdoba al 300. Allí, se bajaron todos los pasajeros. "Al parar el colectivo, reaccioné. En ese instante, pensé en mi familia y en lo que pudo haber pasado. No es sencillo trabajar con miedo. Pero, a pesar de todo, tenía que seguir con el recorrido, porque ese es mi trabajo", concluyó.








