Habituados a días de intenso ajetreo, los periodistas suelen sentirse desconcertados cuando el feriado se eterniza, para delicia del resto del mundo. En la Redacción, en cambio, se extraña la adrenalina, el correr de acá para allá. Cierto es que hay quienes aprovechan la calma para sacarse de encima cosas postergadas y que escriben con menos interrupciones; pero en general impera una sensación de melancolía de días mejores y de notoria envidia de los que están de paseo o entregados al dolce far niente. Hasta los humoristas andan con el ánimo caído y buscan entretenerse con cualquier cosa, desde los preparativos para las asunciones de Macri (ayer) y de Cristina, hasta las lejanísimas novedades sobre el tiempo en las playas. Uno de los jefes describe el clima: "La verdad es que esto está tan muerto como si no hubiera venido nadie", dice, esperando que algún imprevisto sacuda la exagerada pax de la jornada.







