La buena onda no sube la tarifa

Federico Diego van Mameren
Por Federico Diego van Mameren 08 Diciembre 2011
Otra vez en el taxi. Resulta que en los primeros días de diciembre los embotellamientos en el microcentro empiezan a las 9 de la mañana. Aprieto los dientes como si fuera un acelerador que llevará más rápido el auto o como un volante que puede esquivarlo todo. Pienso en los Supersónicos, aquella serie de dibujos animados que veíamos cuando niños y nos entusiasmábamos porque los autos volaban. El chofer me mira por el espejo y está dispuesto a hablar. ¡Que no lo haga! ¡Por favor, que no lo haga! "Sabe por qué está todo así". No quiero contestarle, quiero llegar. El taxista contesta solo: "porque nadie cumple la ley. Mire estamos en la Maipú, son las 8.50 y todavía están descargando y van a seguir y nadie les dice nada. Los ambulantes desde siempre se paran en la calle, en las veredas o donde quieran y no pasa nada -esta escena se vivió la semana pasada cuando no había guerra contra los ambulantes-". El hombre sigue, pero el auto, no: "Mire ese auto estacionado en doble fila, nadie le dice nada. ¿Y sabe qué? La solución está en sacar los autos particulares del centro y también habría que llevar los ómnibus una cuadra más hacia afuera y listo, volveremos a andar tranquilos". Pienso en la solución del hombre y en cuantos intendentes pasaron con temas idénticos. Llegamos. Antes de cobrar toma la palabra de nuevo: "Sabe, ya sé que a veces uno habla de más, pero sea sincero, viene bien que uno se distraiga un poco y yo lo saqué de las preocupaciones". Le pago y le doy las gracias por la buena onda.

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