El círculo de la seguridad es muy pequeño: el jefe de Policía, comisario Jorge Racedo, lo ciñó prácticamente a la zona donde hay filmadoras de vigilancia y donde hay patrullas. Así lo dijo hace un mes, cuando ocurrió el ataque mortal al estudiante Iván Sénneke (en Rivadavia y Delfín Gallo): "Es lo que tenemos, no hay otro medio... Y como hay cámaras en la zona céntrica, la delincuencia ataca afuera de esos lugares, donde no llegan las cámaras y no hay policías recorriendo", describió. Claro que inmediatamente explicó que estaban "viendo la forma de reforzar... mandando más policías a la calle". Pero la sentencia sobre el círculo de la seguridad estaba dada.
Desde entonces hasta ahora la realidad se ha encargado de corroborar las palabras del comisario: muchos lugares donde no hay cámaras fueron escenarios de hechos de inseguridad: asaltaron y balearon a un adolescente en Los Nogales; balearon una casa en El Colmenar; asaltaron a un taxista que salía de la zona de La Costanera; les robaron netbooks a adolescentes en Lomas de Tafí; asaltaron a una familia en Leales, y el domingo ocurrió el ataque al feligrés en General Paz primera cuadra, en el que ocurrió el forcejeo que terminó con la muerte del joven atacante. Esta tragedia certifica la pequeñez del círculo de la seguridad: General Paz primera cuadra está a apenas nueve cuadras de la plaza Independencia.
¿Por qué no hay agentes de la seccional 2a patrullando la zona, si cada comisaría recibió aproximadamente 80 agentes extra, tras la dispersión de los hombres de las patrullas Urbana y Motorizada?
La respuesta es un poco complicada. 1) Hay una fuerte burocratización de las tareas policiales, que hace que se vean pocos agentes en las calles. 2) Los domingos trabajan menos policías, porque es menor la presión de la actividad institucional, política y administrativa. Si la sociedad entera aprovecha para descansar el domingo, cierta parte de la fuerza de seguridad también. 3) Muchos agentes son llevados los domingos a diferentes tareas de custodia. Sin ir demasiado lejos, en los partidos de la Liga tucumana suele ser frecuente que estén echándoles gas lacrimógeno y balas de goma a revoltosos, como ocurrió anteayer durante el encuentro entre Marapa y Deportivo Aguilares. 4) Los comisarios tienen diluido su poder y suele ser habitual que el jefe de zona les tome "prestados" los hombres para tareas diferentes del patrullaje en los barrios. 4) La tarea de calle es la peor, la que más odian los agentes, porque no tiene ninguna gratificación y porque no establecen buenos vínculos con el vecindario como para saber cómo es el movimiento. Los agentes son tan extraños como cualquier desconocido en los barrios y suele ocurrir que -al igual que en trabajos desagradables- haya alto ausentismo por enfermedad en las custodias de calle.
En ese contexto, es difícil entender cómo se aplica el Programa Integral de Protección Ciudadana. El jefe ha prometido que habrá 400 policías más en la capital y el interior, que sacarán personal de tareas administrativas para reforzar sectores - "la idea es no bajar los brazos", dice- pero lo cierto es que están vacías de agentes zonas en las que debería haber un mínimo patrullaje, porque así lo indica el sentido común: los sectores de la avenida Sáenz Peña que congregan gente son ideales para asaltantes de poca monta, porque pueden sorprender a transeúntes desprevenidos y huir velozmente hacia el parque, San Cayetano o Villa Alem. El mismo jefe de Policía reconoce que "los delincuentes hacen sus trabajos de inteligencia". No debería ser tan difícil estudiar su modus operandi.
Desde entonces hasta ahora la realidad se ha encargado de corroborar las palabras del comisario: muchos lugares donde no hay cámaras fueron escenarios de hechos de inseguridad: asaltaron y balearon a un adolescente en Los Nogales; balearon una casa en El Colmenar; asaltaron a un taxista que salía de la zona de La Costanera; les robaron netbooks a adolescentes en Lomas de Tafí; asaltaron a una familia en Leales, y el domingo ocurrió el ataque al feligrés en General Paz primera cuadra, en el que ocurrió el forcejeo que terminó con la muerte del joven atacante. Esta tragedia certifica la pequeñez del círculo de la seguridad: General Paz primera cuadra está a apenas nueve cuadras de la plaza Independencia.
¿Por qué no hay agentes de la seccional 2a patrullando la zona, si cada comisaría recibió aproximadamente 80 agentes extra, tras la dispersión de los hombres de las patrullas Urbana y Motorizada?
La respuesta es un poco complicada. 1) Hay una fuerte burocratización de las tareas policiales, que hace que se vean pocos agentes en las calles. 2) Los domingos trabajan menos policías, porque es menor la presión de la actividad institucional, política y administrativa. Si la sociedad entera aprovecha para descansar el domingo, cierta parte de la fuerza de seguridad también. 3) Muchos agentes son llevados los domingos a diferentes tareas de custodia. Sin ir demasiado lejos, en los partidos de la Liga tucumana suele ser frecuente que estén echándoles gas lacrimógeno y balas de goma a revoltosos, como ocurrió anteayer durante el encuentro entre Marapa y Deportivo Aguilares. 4) Los comisarios tienen diluido su poder y suele ser habitual que el jefe de zona les tome "prestados" los hombres para tareas diferentes del patrullaje en los barrios. 4) La tarea de calle es la peor, la que más odian los agentes, porque no tiene ninguna gratificación y porque no establecen buenos vínculos con el vecindario como para saber cómo es el movimiento. Los agentes son tan extraños como cualquier desconocido en los barrios y suele ocurrir que -al igual que en trabajos desagradables- haya alto ausentismo por enfermedad en las custodias de calle.
En ese contexto, es difícil entender cómo se aplica el Programa Integral de Protección Ciudadana. El jefe ha prometido que habrá 400 policías más en la capital y el interior, que sacarán personal de tareas administrativas para reforzar sectores - "la idea es no bajar los brazos", dice- pero lo cierto es que están vacías de agentes zonas en las que debería haber un mínimo patrullaje, porque así lo indica el sentido común: los sectores de la avenida Sáenz Peña que congregan gente son ideales para asaltantes de poca monta, porque pueden sorprender a transeúntes desprevenidos y huir velozmente hacia el parque, San Cayetano o Villa Alem. El mismo jefe de Policía reconoce que "los delincuentes hacen sus trabajos de inteligencia". No debería ser tan difícil estudiar su modus operandi.







