En la cancha no dejó ninguna duda

La consagración contra Banfield fue apenas un trámite para un equipo que parece invencible

MOSTRÓ AUTORIDAD. Pablo Mouche intenta superar a Víctor López. En los 90 minutos, Boca fue muy superior a Banfield y justificó la victoria. FOTOBAIRES
MOSTRÓ AUTORIDAD. Pablo Mouche intenta superar a Víctor López. En los 90 minutos, Boca fue muy superior a Banfield y justificó la victoria. FOTOBAIRES
Por Jose Ariel Ibañez 05 Diciembre 2011
Ahora todo parece sencillo. Boca volvió a los primeros planos y lo hizo vestido de gala. Campeón, invicto y con una amplia ventaja sobre su escolta -en estos momentos de 11 puntos sobre Racing-. Ayer, en La Bombonera, dio la vuelta olímpica, pero esta consagración comenzó a tomar forma hace mucho tiempo. Julio César Falcioni llegó en un momento complicado. Tomó la conducción del plantel cuando sólo se hablaba de peleas internas y pese a estar plagado de figuras, tenía la autoestima por el piso. Le costaba ganar, no peleaba el título en las competencias locales, sufría con el promedio y se había alejado de las copas internacionales. En menos de seis meses cambió la historia. Fracasó en su primer intento. Pero comenzó a moldear el equipo que ahora parece invencible y todos respetan. Terminó el Clausura con un invicto de 10 partidos y estiró la racha en los 17 que jugó en esta parte de la temporada. Ya son 27 sin perder. Con eso alcanza y sobra para festejar, sumar otra estrella y prepararse para mantener en 2012 su romance con la Libertadores.

La imagen que dejó Boca contra Banfield fue la que transmitió a lo largo del torneo. No necesitó apretar el acelerador a fondo. Dominó a su rival con autoridad y por momentos dio la sensación de regular su juego. Siempre tuvo el control de las acciones y lució su contundencia habitual para golpear en los momentos justos. Darío Cvitanich tomó un rebote en el área y marcó el primero en el arranque del partido. Luego le dio a su ex equipo -por eso no festejó los tantos- el golpe de nocaut con un golazo justo antes del descanso. El resultado se decoró con una estupenda definición de Diego Rivero.

Después sólo hubo lugar para la fiesta, a la que no podía faltar la estrella principal y entró Juan Román Riquelme. Salió Walter Erviti para ser ovacionado y Rolando Schiavi recibió el tributo que merecía. Fue la columna de una defensa que sólo pudo ser vencida en 4 ocasiones. El reflejo de un equipo sólido, efectivo, ganador. Algunos se animan a criticar su estilo, pero en la cancha, el campeón no dejó ninguna duda.

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