Un año para no olvidar

Por Fernando García Soto 05 Diciembre 2011
En un año en que las heladas literalmente diezmaron la producción de caña de azúcar en Tucumán -con impacto también en el limón-, el arándano logró zafar de las inclemencias climáticas y articular una estrategia comercial general que le permitió atravesar la primera temporada exitosa desde 2003, cuando el cultivo comenzó a ser noticia en nuestra provincia.

Tanta fue la desazón que a lo largo de las temporadas fue generando el arándano entre quienes habían apostado por esta alternativa productiva, que en los últimos años se escucharon voces de empresarios del sector que estaban dispuestos a abandonar la actividad. El arándano es un cultivo caro, que requiere mucha atención, y que es muy sensible tanto a problemas de clima como comerciales. Así, una leve variación de las expectativas productivas o de precios puede desmoronar una campaña. El "blueberry", como se conoce también al arándano, se consume fundamentalmente en el Primer Mundo (Estados Unidos y la Unión Europea), e iniciar su producción requiere de una inversión de base de U$S 30.000 por hectárea, en campos que son los más productivos de la provincia. Luego, requiere un proceso de cosechado a mano, fruto por fruto, y su posterior empaque para ser exportado, en el caso de los berries que se exportan en fresco a un mercado que según la fecha en que oferten puede obtener precios rentables o que no merezcan ni siquiera el esfuerzo de retirarlos de las plantas. Para darle un toque más dramático a la realidad de este alimento considerado una exquisitez, vale mencionar que la suba de costos en dólares en el sector que lo produce y comercializa es permanente.

En Tucumán, el arándano se exporta y se procesa para la elaboración de dulces. Aún así, está lejos de equipararse a las producciones agroindustriales de la provincia, como son el azúcar y el limón, o de la soja o el tabaco. Pero es el cultivo "top", el mimado por el Gobierno, que impulsó que la salida al exterior se lleve a cabo en vuelos que parten directamente desde el aeropuerto Benjamín Matienzo, sin necesidad de pasar por Ezeiza. Este proceso demandó fuertes inversiones en cámaras de frío y de sistemas de carga y descarga en la estación aeroportuaria, que derivaron en un apuntalamiento sólido para un sector que cada año contaba más las pérdidas que las ganancias. Sin embargo, este año fue distinto.

En la temporada de cosecha y exportación de arándanos en fresco se logró un aumento de la producción del 20% respecto de la temporada 2010. Además, el producto tucumano se vio favorecido particularmente por los buenos precios que se obtienen cuando la exportación comienza temprano. También logró diversificar sus destinos, de forma que la mayoría de los envíos no recalaron en Estados Unidos, como en temporadas anteriores, ya que esta vez sólo el 53% de la fruta tuvo como destino ese país -el resto se comercializó en el Reino Unido y en los Países Bajos-. Este año se cosecharon unas 8.000 toneladas de arándanos en Tucumán, la mitad de las cuales se exportó en fresco y el resto se destina al procesamiento industrial. Alrededor de 2.700 toneladas se exportaron a través del aeropuerto Benjamín Matienzo y otras 1.100 toneladas se derivaron vía aeropuerto de Ezeiza.

El ánimo de los arandaneros tucumanos no puede ser mejor. De los 59 vuelos directos con la fruta que se realizaron este año desde Tucumán, se proyecta una expansión a 100 vuelos en 2012, año en el que también se planea construir una cámara de frío definitiva que se construirá en el aeropuerto, con una inversión de U$S 6,5 millones a cargo del Gobierno nacional. Si la tendencia positiva se mantiene, podría decirse que el arándano llegó para quedarse.

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