28 Noviembre 2011 Seguir en 
PARANÁ, (Andrés Burgo, enviado especial).- Las puertas del vestuario de Atlético, en la cancha de Patronato, quedaron entreabiertas. Desde afuera se veía el festejo íntimo. Remeras al aire, toallas que giraban como aspas de helicópteros. De fondo sonaban "Los Charros". Los jugadores estaban desatados. "Pagá los premios la p... que lo p...", les cantaban, felices y en son de broma, a los dirigentes. Sin embargo, el que salió con mayor seriedad de ese vestuario era quien, se suponía, debía estar más feliz. Daniel Salvatierra. El héroe que esperó demasiado tiempo por un gol.
"¿Mi último gol? Uh, hace mucho. Contra San José de Oruro, por la Copa", le dijo a LA GACETA, aliviado, como si acabara de sacarse una maldición de encima. Salvatierra se refería al 6 de octubre de 2010, cuando Newell?s, por la Sudamericana, goleó 6-0 a los bolivianos, en Rosario. Su tanto, casi testimonial, fue en el descuento: mucho en lo personal y no tanto para el grupo. Pasaron 417 días hasta la noche en que, también a orillas del Paraná, volvió a festejar. Pero esta vez fue determinante: valió un triunfo. Fue su segundo como profesional, el primero en torneos argentinos.
Salvatierra, el rosarino que en enero cumplirá 22 años, soltó la sonrisa cuando un periodista lo felicitó: "¿qué debut en la red, no?". Y entonces, sí, Daniel, un muchacho al que todo le cuesta el doble, se aflojó. "Sí, lo esperaba mucho y por suerte se me dio. Es difícil arrancar desde afuera, pero trato de aprovechar los minutos que me tocan. Mi objetivo es ser solidario y aportar sacrificio. Lo conseguí gracias a un gran pase de Mariano Martínez", dijo el goleador que supo esperar.
Y acaso porque la paciencia es su virtud, Salvatierra se tomó su tiempo para definir. Paró la pelota con el pecho, la dejó picar, con un toque hizo pasar de largo a un defensor de Patronato y, recién entonces, con una tranquilidad infrecuente, sacó un derechazo seco, imposible para el arquero. Fue el momento de desahogo que esperaba hace más de un año.
"Estaba tranquilo, no me apuré en la definición, pero insisto: fue mérito de mis compañeros. Lo importante es haber ganado tres partidos seguidos", dijo. Salvatierra, que nunca fue titular en Atlético, convirtió su golazo ocho minutos después de haber ingresado por Gonzalo Garavano. El héroe de Salta, no tuvo una buena noche en Patronato: sus compañeros, en especial Iuvalé y Longo, lo retaron por no haber ido a correr una pelota contra el córner del área local.
"Necesitaba un jugador para atacar por abajo, y Salvatierra nos podía dar ese plus", explicó el DT. Salvatierra no llegó a Atlético por pedido de su actual técnico pero, sin embargo, el delantero tenía una lejana admiración por el técnico. Al menos, desde lo que significa jugar en las inferiores de Newell?s. "A Llop lo miraba cuando yo era pibe", dijo antes de volver a sonreír, cuando por la radio le hicieron escuchar el relato de su gol. El viernes llegará Chacarita. Tal vez ahora el delantero vuelva al banco de suplentes. Tal vez no. Lo único seguro es que el goleador paciente ya dejó de esperar.
"¿Mi último gol? Uh, hace mucho. Contra San José de Oruro, por la Copa", le dijo a LA GACETA, aliviado, como si acabara de sacarse una maldición de encima. Salvatierra se refería al 6 de octubre de 2010, cuando Newell?s, por la Sudamericana, goleó 6-0 a los bolivianos, en Rosario. Su tanto, casi testimonial, fue en el descuento: mucho en lo personal y no tanto para el grupo. Pasaron 417 días hasta la noche en que, también a orillas del Paraná, volvió a festejar. Pero esta vez fue determinante: valió un triunfo. Fue su segundo como profesional, el primero en torneos argentinos.
Salvatierra, el rosarino que en enero cumplirá 22 años, soltó la sonrisa cuando un periodista lo felicitó: "¿qué debut en la red, no?". Y entonces, sí, Daniel, un muchacho al que todo le cuesta el doble, se aflojó. "Sí, lo esperaba mucho y por suerte se me dio. Es difícil arrancar desde afuera, pero trato de aprovechar los minutos que me tocan. Mi objetivo es ser solidario y aportar sacrificio. Lo conseguí gracias a un gran pase de Mariano Martínez", dijo el goleador que supo esperar.
Y acaso porque la paciencia es su virtud, Salvatierra se tomó su tiempo para definir. Paró la pelota con el pecho, la dejó picar, con un toque hizo pasar de largo a un defensor de Patronato y, recién entonces, con una tranquilidad infrecuente, sacó un derechazo seco, imposible para el arquero. Fue el momento de desahogo que esperaba hace más de un año.
"Estaba tranquilo, no me apuré en la definición, pero insisto: fue mérito de mis compañeros. Lo importante es haber ganado tres partidos seguidos", dijo. Salvatierra, que nunca fue titular en Atlético, convirtió su golazo ocho minutos después de haber ingresado por Gonzalo Garavano. El héroe de Salta, no tuvo una buena noche en Patronato: sus compañeros, en especial Iuvalé y Longo, lo retaron por no haber ido a correr una pelota contra el córner del área local.
"Necesitaba un jugador para atacar por abajo, y Salvatierra nos podía dar ese plus", explicó el DT. Salvatierra no llegó a Atlético por pedido de su actual técnico pero, sin embargo, el delantero tenía una lejana admiración por el técnico. Al menos, desde lo que significa jugar en las inferiores de Newell?s. "A Llop lo miraba cuando yo era pibe", dijo antes de volver a sonreír, cuando por la radio le hicieron escuchar el relato de su gol. El viernes llegará Chacarita. Tal vez ahora el delantero vuelva al banco de suplentes. Tal vez no. Lo único seguro es que el goleador paciente ya dejó de esperar.
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