21 Noviembre 2011 Seguir en 
Noche de lujo la del sábado. Dos ¿bandas? y una sorpresa. Música y poesía excepcionales. Instrumentistas increíbles. Toda la buena onda del mundo, como sucede cuando Topo Encinar se sube a un escenario. La gran generosidad de regalarle al público más de dos horas de canciones. El auditorio San Miguel Arcángel no es muy grande, y eso puede parecer una pena cuando hay tanto para disfrutar. Pero permite un clima de intimidad que sería imposible en otra escala; y eso es grandioso. Porque ellos, los protagonistas, están ahí nomás, cerquita. Y entonces uno no sólo goza con la música: disfruta de las miradas cómplices, de los pequeños gestos; disfruta de su disfrute.
Otra vez: noche de lujo. La abrió el grupo María y cosecha, con María de los Ángeles Ledesma, los hermanos Pedro y Matías Furió en guitarra y coro, y percusión, respectivamente; Pablo Franguela en el piano y aportando también su voz, y Sebastián Calá, magistral contrabajista. La voz dulce y potente de María de los Ángeles, rica en matices y enormemente expresiva, ofreció, perfectamente complementada por sus músicos, recreaciones originales de chacareras, zambas, vidalas y cuecas.
Apareció el Topo
Cuando los entusiastas e insistentes aplausos con los que el público despidió a María y a sus músicos se apagaron apareció el anfitrión.... pero solo. Y en ese "tucumano básico" que no pierde a pesar de que hace 11 años vive en Buenos Aires, explicó que una amiga había llegado desde Entre Ríos y se había "bancado el bondi"... y que la quería invitar a cantar. Así llegó Marcela Passadore, tomó la guitarra y regaló dos canciones.
Entonces, sí, el Topo salió para quedarse. Se sentó al piano y arrancó con "Corazonada" ("o corazón nada... todavía no tiene nombre definitivo", soltó). Con él habían vuelto Matías Furió -sutileza hecha percusión- y Sebastián Calá, esta vez con su bajo. Y se sumaron Federico Nicolao, con la guitarra, y Matías Vardé (otro maestro), su saxo y su flauta traversa.
Sonaron... como había que sonar: con fuerza y compactos, a veces; con la ternura de la nostalgia por la niñez, cuando se sumó el poeta Pablo Dumit para hacer "Juntaba luz"; desgarrados, cuando tocaron "Insomnio"... De pronto se fueron y lo dejaron solo; el Topo se sentó en el lugar de la guitarra, homenajeó a Juan Falú y desgranó "Mercedes Yampa", tristeza con forma de zamba.
De vuelta todos sobre el escenario fueron levantando el ritmo y la energía, cuando ya pasaban más de dos horas de música. Y dijeron basta. Y se les pidió más. Entonces llegó "Así sea": María de los Ángeles puso su voz; los coros, el Topo, Nicolao y Franguela, que también se hizo cargo del teclado. Fin.
Por tercera vez: noche de lujo.
Otra vez: noche de lujo. La abrió el grupo María y cosecha, con María de los Ángeles Ledesma, los hermanos Pedro y Matías Furió en guitarra y coro, y percusión, respectivamente; Pablo Franguela en el piano y aportando también su voz, y Sebastián Calá, magistral contrabajista. La voz dulce y potente de María de los Ángeles, rica en matices y enormemente expresiva, ofreció, perfectamente complementada por sus músicos, recreaciones originales de chacareras, zambas, vidalas y cuecas.
Apareció el Topo
Cuando los entusiastas e insistentes aplausos con los que el público despidió a María y a sus músicos se apagaron apareció el anfitrión.... pero solo. Y en ese "tucumano básico" que no pierde a pesar de que hace 11 años vive en Buenos Aires, explicó que una amiga había llegado desde Entre Ríos y se había "bancado el bondi"... y que la quería invitar a cantar. Así llegó Marcela Passadore, tomó la guitarra y regaló dos canciones.
Entonces, sí, el Topo salió para quedarse. Se sentó al piano y arrancó con "Corazonada" ("o corazón nada... todavía no tiene nombre definitivo", soltó). Con él habían vuelto Matías Furió -sutileza hecha percusión- y Sebastián Calá, esta vez con su bajo. Y se sumaron Federico Nicolao, con la guitarra, y Matías Vardé (otro maestro), su saxo y su flauta traversa.
Sonaron... como había que sonar: con fuerza y compactos, a veces; con la ternura de la nostalgia por la niñez, cuando se sumó el poeta Pablo Dumit para hacer "Juntaba luz"; desgarrados, cuando tocaron "Insomnio"... De pronto se fueron y lo dejaron solo; el Topo se sentó en el lugar de la guitarra, homenajeó a Juan Falú y desgranó "Mercedes Yampa", tristeza con forma de zamba.
De vuelta todos sobre el escenario fueron levantando el ritmo y la energía, cuando ya pasaban más de dos horas de música. Y dijeron basta. Y se les pidió más. Entonces llegó "Así sea": María de los Ángeles puso su voz; los coros, el Topo, Nicolao y Franguela, que también se hizo cargo del teclado. Fin.
Por tercera vez: noche de lujo.







