A la molestia en la espalda, los ojos y la mano que genera la computadora, ahora se agrega la nosofobia (el miedo a estar sin el celular) y el tecnoestrés que causan la conexión y la actualización continuas. La gente ama estar vinculada y saber qué pasa, pero hoy recibimos por día tres veces más información que hace 20 años y puede ser como un batifondo en el que se mezclan lo importante, lo superficial, lo divertido y lo descartable. Hay quienes recomiendan una siestita digital para no infoxicarse, un domingo de paseo sin conectarse. A menos que uno sea tan parlanchín que no pueda ver un partido o leer un libro sin comentarlos y ni siquiera conversar con amigos sin estar al mismo tiempo tuiteando la charla.







