Tregua en la deuda municipal

Una salida para que los trabajadores de las categorías altas puedan cobrar sus haberes.

25 Julio 2003
El Concejo Deliberante, como informamos, resolvió autorizar a la Municipalidad de Tucumán la gestión de un acuerdo con los bancos acreedores, que permita la suspensión de pagos a los mismos por el término de 90 días. Ello, para poder regularizar la deuda salarial de varios meses que la comuna mantiene con el personal de la categoría 20 en adelante.
A decir verdad, no existían muchos caminos, aparte de la referida opción, para que el municipio obtenga un momentáneo desahogo y cancele esa obligación salarial descuidada durante un tiempo inusualmente prolongado. Como lo hemos dicho en otras ocasiones, adeudar cuatro meses de sueldo a un sector de empleados revela singular desaprensión de las autoridades respecto de un derecho elemental de quienes trabajan. Hay que agregar que es otra muestra -por si hiciera falta- del dramático desquicio de las finanzas de un organismo que tanta significación tiene dentro de la estructura del Estado.Obvio es decir que la posibilidad de demorar por tres meses el pago de una deuda no constituye más que un respiro momentáneo. Se trata de un lapso que transcurre rápidamente, y luego del cual las cosas regresan a su estado anterior. Lo que quiere decir que, de aquí en adelante, la Municipalidad tiene que tomar las previsiones para enderezar, en la máxima medida posible, su situación de caja, de manera que el acuerdo con los bancos no se transforme en un mero y efímero paliativo de circunstancias.
Hemos recalcado con frecuencia, en nuestros comentarios, cuán urgente es que el organismo del cual depende nuestra ciudad capital encuentre la manera de modificar de raíz su permanente situación deficitaria. Es decir, hace falta un arreglo integral para la cuantiosa deuda que acumula hasta el presente (y que llega a unos $ 250 millones) como condición indispensable para poder cumplir la misión y los objetivos que están a su cargo. Misión y objetivos que -hay que reiterarlo- van mucho más allá de la posibilidad de satisfacer en término los sueldos del personal, para abarcar un nutrido cuadro de obras públicas indispensables para el mejoramiento general de la ciudad, en los rubros más diversos.
Si esta solución integral no se diseña y se pone en marcha con realismo, pueden vaticinarse con certeza, para la Municipalidad, horas inclusive mucho más difíciles que las actuales. Porque es sabido que, sin tener una base financiera ordenada, con recursos que ingresen normalmente y con gastos que estén de acuerdo con ellos, resulta imposible que cualquier institución pueda llenar mínimamente su cometido, en esta época y en cualquier época de la historia.
Al mismo tiempo, es evidente que la actualidad obliga a dejar de lado la esperanza de aquellos "auxilios" con los que, tradicionalmente, la Provincia ayudó a los municipios a enjugar sus dificultades de caja. A lo largo de la mayor parte de la segunda mitad del siglo XX, tal expediente pudo funcionar gracias a las particulares características que marcaban a las finanzas, empezando por una inflación que siempre terminaba licuando los pasivos.
Bien sabemos que esas épocas han quedado atrás, y que hoy se impone un sinceramiento rotundo en tales terrenos. De manera que la ayuda de la Provincia está forzosamente acotada por su nada desahogada situación, y de ninguna manera puede aportar oxígeno a cuadros de quebranto permanente.
La Municipalidad de San Miguel de Tucumán debe, entonces, fijar entre sus más candentes prioridades la de una solución integral para su apuro financiero. Ello debe ser simultáneo con una drástica racionalización de su gasto y, por cierto, con la no menos simultánea puesta en marcha de medidas para normalizar su recaudación en todos los órdenes. No hay otro camino.

Tamaño texto
Comentarios