17 Noviembre 2011 Seguir en 
En la década del 50, un hombre que ha estafado a todo un pueblo -incluso a su mujer- regresa para instalarse en una casa de campo. Estuvo ausente durante 12 años. Él había mantenido una relación de amor con su cuñada, antes de marcharse del lugar.
Todo transcurre en un día, como si fuese un cuento de alguien que ya murió: la acción se extiende desde una noche, hasta la siguiente, en el seno de una familia de clase media.
Esta es la sinopsis de "La renuncia", obra escrita y dirigida por Marcos Rosenzvaig, que esta noche estrenará el Teatro Estable. "La renuncia" está inspirada en una novela de Sandor Mara, "La herencia de Eszter"; y sus protagonistas son Ricardo Podazza, Teresita Terraf y Andrés D?Andrea. El elenco se completa con Liliana Sánchez, Sergio Aguilar, Noé Andrade, Eloísa Martínez Romero, Sergio Domínguez y Rubén Ávila.
La coordinación de asistencia técnica es de Julio Rojas; la asistencia técnica y de producción, de Silvina Schlisserman; la banda sonora de Roberto Ortega. Y la asistencia de dirección, de Marcela García Mottes.
Hay ideas clave que funcionan en la obra, que sirven para entender esta historia. En un diálogo con LA GACETA, Rosenzvaig trató de describir lo que está en juego. "No puedo amarte sino te abandono, con lo que hay que renunciar al amor, pero para mantener el deseo", señaló el director, tras comentar que en sus dramas siempre está presente el humor: "es que no asumo el drama serio y ceremonial".
"La prueba final de un verdadero amor es que los amantes se separen y renuncien a la consumación plena del amor. Si los amantes permanecieran juntos, morirían o bien se transformarían en una pareja burguesa cotidiana", precisa Rosenzvaig, y añade: "perdiendo su amor a tiempo, el seductor lo gana para la eternidad".
El director insiste en que la historia se sitúa en una familia, y apunta que toda familia es un campo de concentración, donde se ven los fracasos y las miserias.
Teatro de texto
El diálogo con el dramaturgo trasciende a la propia obra, desde que durante la conversación asegura: "hay una vuelta al teatro de texto". "Es que el cuento sigue siendo irremplazable en el teatro. Cada vez que hago teatro es porque voy a contar un cuento -sostiene Rosenzvaig-. El primer hecho teatral es bíblico, con Adán y Eva, y Dios que mira. Los cuentos no cansan y van a vivir más que nosotros, más allá de los lenguajes estéticos, que pueden ser muchos. Yo procuro que durante la obra la historia haga que el espectador no se mueva del asiento, que no se aburra y que la disfrute".
Todo transcurre en un día, como si fuese un cuento de alguien que ya murió: la acción se extiende desde una noche, hasta la siguiente, en el seno de una familia de clase media.
Esta es la sinopsis de "La renuncia", obra escrita y dirigida por Marcos Rosenzvaig, que esta noche estrenará el Teatro Estable. "La renuncia" está inspirada en una novela de Sandor Mara, "La herencia de Eszter"; y sus protagonistas son Ricardo Podazza, Teresita Terraf y Andrés D?Andrea. El elenco se completa con Liliana Sánchez, Sergio Aguilar, Noé Andrade, Eloísa Martínez Romero, Sergio Domínguez y Rubén Ávila.
La coordinación de asistencia técnica es de Julio Rojas; la asistencia técnica y de producción, de Silvina Schlisserman; la banda sonora de Roberto Ortega. Y la asistencia de dirección, de Marcela García Mottes.
Hay ideas clave que funcionan en la obra, que sirven para entender esta historia. En un diálogo con LA GACETA, Rosenzvaig trató de describir lo que está en juego. "No puedo amarte sino te abandono, con lo que hay que renunciar al amor, pero para mantener el deseo", señaló el director, tras comentar que en sus dramas siempre está presente el humor: "es que no asumo el drama serio y ceremonial".
"La prueba final de un verdadero amor es que los amantes se separen y renuncien a la consumación plena del amor. Si los amantes permanecieran juntos, morirían o bien se transformarían en una pareja burguesa cotidiana", precisa Rosenzvaig, y añade: "perdiendo su amor a tiempo, el seductor lo gana para la eternidad".
El director insiste en que la historia se sitúa en una familia, y apunta que toda familia es un campo de concentración, donde se ven los fracasos y las miserias.
Teatro de texto
El diálogo con el dramaturgo trasciende a la propia obra, desde que durante la conversación asegura: "hay una vuelta al teatro de texto". "Es que el cuento sigue siendo irremplazable en el teatro. Cada vez que hago teatro es porque voy a contar un cuento -sostiene Rosenzvaig-. El primer hecho teatral es bíblico, con Adán y Eva, y Dios que mira. Los cuentos no cansan y van a vivir más que nosotros, más allá de los lenguajes estéticos, que pueden ser muchos. Yo procuro que durante la obra la historia haga que el espectador no se mueva del asiento, que no se aburra y que la disfrute".







