El único dirigente incuestionable en el Partido Justicialista es Julio Miranda, máxime después del 29 de junio. No es necesario que ni siquiera insinúe qué es lo que quiere política e institucionalmente para los próximos años. Según los mirandistas no puede ser menos que senador y presidente del PJ. Y así lo proponen, para que siga hegemonizando el partido. Algunos ya lo comparan con el caudillo de Bella Vista. "Ha mejorado los números de Riera", manifiestan.
Así es; Miranda no tiene que mover ni un dedo ni pronunciar palabra alguna para ser elegido senador por seis años y titular del PJ por tres años más. Hizo todo para que la procesión peronista con ruegos de continuidad concluya en su domicilio. Sin embargo, al margen de esta expresión tácita de poder interno, el gobernador tiene sus pruritos. No quiere pararse frente a la sociedad como un hombre sediento de espacios. Desea cuidar las apariencias, por lo que el peronismo inexorablemente le pedirá que lo represente y él, fiel y humildemente, aceptará el honor.
Es el único que tiene los cargos seguros. El resto no podrá colgarse de su saco en una eventual lista oficialista. Miranda los obligó a competir. De esta manera no pelea ni acuerda con nadie, demuestra que él es quien manda y procura no disgustar a Néstor Kirchner al apelar a la democrática elección interna. Padrinazgos afuera. Es una salida hábil y elegante. No queda entrampado por las presiones nacionales ni encerrado en el juego de los que quieren que se convierta en el gran elector y defina una nómina propia.
Tendrá sus simpatías, pero vestirá el ropaje democrático para disimular las preferencias. Que sea el afiliado el que decida. Una buena estrategia para diferenciarlo, para demostrar que está por encima de todos y alejado de las rencillas domésticas.
¿Qué es lo que se disputará en el PJ entonces? El segundo puesto de senador y las tres primeras candidaturas de diputados nacionales. En el caso de la Cámara Alta, de haber comicios, la lucha parece que se circunscribirá a Malvina Seguí y a Stella Maris Córdoba, quien tiene mandato hasta 2005 como diputada nacional. La primera dice tener la palabra del matrimonio Kirchner, pero la segunda es kirchnerista desde la primera hora. Puede ocurrir que alguna desista, o bien que Miranda bendiga a otra mujer para que tercie entre las parlamentarias.
Por el lado de los aspirantes a diputados la lucha pinta más sangrienta. La presencia de tantos interesados determinó a Miranda a optar por la elección interna para el 31 de agosto. Esta salida es preferible a tener que señalar a tres y a dejar un tendal de heridos. Los libros de política desaconsejan esta alternativa verticalista cuando son tantos los combatientes. Es preferible la palmadita a todos y no el pulgar arriba para pocos, que es lo que se producirá si es finalmente el congreso partidario -lo que se desechó- el que nomina a los candidatos, ya que los congresales responden mayoritariamente a Miranda.
De todas formas, no está dicha la última palabra. En el PJ una elección interna también se esgrime como arma de presión. Sirve para desalentar a los que no tienen votos. Es la primera decantación. Después vendrán las negociaciones para una lista fuerte, lo que dejará a otros en el camino. Si eso se da, sólo los osados irán a la interna. En febrero, en la elección de candidatos a gobernador y a vice se borraron todos los contrincantes del oficialismo.
Es un juego de presiones, y Miranda maneja la botonera. Además, en 2001 se hizo nominar senador suplente. Así es que tal vez llegue al Senado 40 días antes del 10 de diciembre. Puede suceder luego de que el senador José Alperovich renuncie para asumir como gobernador el 29 de octubre. Miranda es un previsor político, por eso será senador, antes o después, y sin transpirar.
23 Julio 2003 Seguir en 
Por Juan Manuel Asis






