EN LA MIRA. Passarella, siempre polémico, podría terminar en la cárcel. NA
12 Noviembre 2011 Seguir en 

Por Andrés Burgo
Especial para LA GACETA desde Buenos Aires
Daniel Passarella, el presidente de River, es un hombre receloso. No delega. Sólo confía en tres dirigentes de su entorno íntimo. Sospecha de casi todos los periodistas. Conjetura que es víctima de un complot; cree que la política interna del club quiere vengarlo por el descenso, y a veces el mundo se le vuelve en contra. Le pasó esta semana, cuando el fiscal contravencional Gustavo Galante pidió juicio oral por su supuesta responsabilidad en los incidentes del partido en que River se fue a la B, en julio pasado. El funcionario judicial dijo, en las últimas horas, que el ex capitán y técnico de River y la Selección puede ir preso.
Se trata de la última crisis de Passarella en el sillón presidencial de Núñez, justo en la antesala de la visita de Atlético. La casualidad es que su primer conflicto como dirigente coincidió con el último cruce del "millonario" contra el "decano", en abril de 2010: la noche en que despidió al entonces técnico, Leonardo Astrada.
Aquel partido, en el "José Fierro", terminó 0 a 0. River estaba 17º en el Clausura. Había llegado a Tucumán con cuatro derrotas seguidas. El empate no cambió el escenario: hacía 5 partidos, y 465 minutos, que el equipo de Astrada no marcaba un gol. Un récord de negatividad histórico. El fantasma del descenso aparecía. Passarella, que se había quedado en Buenos Aires, llamó por teléfono al coordinador del plantel, Luis Avilés. El presidente, que sólo llevaba cinco meses en su cargo, sólo quería una respuesta: que le dijeran que Astrada había renunciado.
- ¿Cómo está todo ahí?,- preguntó Passarella, desde su casa de San Isidro.
- Todo igual. No se piensa ir - respondió Avilés, en el vestuario de Atlético-.
El "Kaiser" pidió que le pasaran con Astrada. Quería prepararle el terreno para el despido. Por entonces no había trascendido públicamente, pero Passarella ya había hablado por teléfono, en las horas previas, con Ángel Cappa, que estaba en Madrid, a la espera de la oferta de algún equipo para volver a dirigir. Y entre Passarella y Cappa hubo sintonía. Sólo faltaba un detalle: cesantear a Astrada.
Esa noche, después del 0-0, el presidente de River le dijo a Astrada que veía mal al equipo, sin reacción, y que al día siguiente debían juntarse en el Monumental. "Tenemos que hablar", le anticipó. Pero el DT, en el vestuario visitante, se aferraba al cargo. La señal del celular era débil y la conversación se cortó. Astrada apagó el teléfono y se fue a fumar a una antesala del estadio. Habló con Hernán Díaz, su asistente. "Nos quiere echar", advirtió. Y enseguida Astrada llamó al "Kaiser".
- ¿Vos me estás echando, Daniel? Decímelo ahora y listo.
- Esto no da para más. Tenemos que rescindir.
"Entonces sabé que me estás echando, porque yo no voy a renunciar", retrucó el "Negro". Astrada juntó al plantel en el vestuario y le comunicó la novedad: Passarella lo acababa de despedir por teléfono. El ya ex técnico de River se fue del estadio sin blanquear la noticia. Sólo al dejar Tucumán, al día siguiente, lo informó.
En el medio, Atlético fue testigo involuntario de la primera crisis del gobierno de Passarella. Como ahora, que el "Kaiser" vuelve a pasarla mal. "Existe la posibilidad de que Passarella pueda ir preso", avisó el fiscal Galante.
Especial para LA GACETA desde Buenos Aires
Daniel Passarella, el presidente de River, es un hombre receloso. No delega. Sólo confía en tres dirigentes de su entorno íntimo. Sospecha de casi todos los periodistas. Conjetura que es víctima de un complot; cree que la política interna del club quiere vengarlo por el descenso, y a veces el mundo se le vuelve en contra. Le pasó esta semana, cuando el fiscal contravencional Gustavo Galante pidió juicio oral por su supuesta responsabilidad en los incidentes del partido en que River se fue a la B, en julio pasado. El funcionario judicial dijo, en las últimas horas, que el ex capitán y técnico de River y la Selección puede ir preso.
Se trata de la última crisis de Passarella en el sillón presidencial de Núñez, justo en la antesala de la visita de Atlético. La casualidad es que su primer conflicto como dirigente coincidió con el último cruce del "millonario" contra el "decano", en abril de 2010: la noche en que despidió al entonces técnico, Leonardo Astrada.
Aquel partido, en el "José Fierro", terminó 0 a 0. River estaba 17º en el Clausura. Había llegado a Tucumán con cuatro derrotas seguidas. El empate no cambió el escenario: hacía 5 partidos, y 465 minutos, que el equipo de Astrada no marcaba un gol. Un récord de negatividad histórico. El fantasma del descenso aparecía. Passarella, que se había quedado en Buenos Aires, llamó por teléfono al coordinador del plantel, Luis Avilés. El presidente, que sólo llevaba cinco meses en su cargo, sólo quería una respuesta: que le dijeran que Astrada había renunciado.
- ¿Cómo está todo ahí?,- preguntó Passarella, desde su casa de San Isidro.
- Todo igual. No se piensa ir - respondió Avilés, en el vestuario de Atlético-.
El "Kaiser" pidió que le pasaran con Astrada. Quería prepararle el terreno para el despido. Por entonces no había trascendido públicamente, pero Passarella ya había hablado por teléfono, en las horas previas, con Ángel Cappa, que estaba en Madrid, a la espera de la oferta de algún equipo para volver a dirigir. Y entre Passarella y Cappa hubo sintonía. Sólo faltaba un detalle: cesantear a Astrada.
Esa noche, después del 0-0, el presidente de River le dijo a Astrada que veía mal al equipo, sin reacción, y que al día siguiente debían juntarse en el Monumental. "Tenemos que hablar", le anticipó. Pero el DT, en el vestuario visitante, se aferraba al cargo. La señal del celular era débil y la conversación se cortó. Astrada apagó el teléfono y se fue a fumar a una antesala del estadio. Habló con Hernán Díaz, su asistente. "Nos quiere echar", advirtió. Y enseguida Astrada llamó al "Kaiser".
- ¿Vos me estás echando, Daniel? Decímelo ahora y listo.
- Esto no da para más. Tenemos que rescindir.
"Entonces sabé que me estás echando, porque yo no voy a renunciar", retrucó el "Negro". Astrada juntó al plantel en el vestuario y le comunicó la novedad: Passarella lo acababa de despedir por teléfono. El ya ex técnico de River se fue del estadio sin blanquear la noticia. Sólo al dejar Tucumán, al día siguiente, lo informó.
En el medio, Atlético fue testigo involuntario de la primera crisis del gobierno de Passarella. Como ahora, que el "Kaiser" vuelve a pasarla mal. "Existe la posibilidad de que Passarella pueda ir preso", avisó el fiscal Galante.
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