Un museo abandonado

Es intolerable la desidia con que se ha venido tratando a la capilla de La Banda, en Tafí del Valle.

22 Julio 2003
Cuando empezaba el siglo XVIII, en 1716, la Compañía de Jesús adquirió a Francisca de Aragón las tierras que componían el "Potrero del Rincón", en el Valle de Tafí. Era una merced de tierras originada una centuria atrás, en 1617, cuando la concedió el gobernador de Tucumán, Luis de Quiñones Osorio, al conquistador Melián de Leguisamo y Guevara, y que vino transmitiéndose por sucesivas herencias y ventas hasta doña Francisca, la vendedora de 1617. Los sacerdotes de la Compañía -es decir, los jesuitas- edificaron o ampliaron la "sala" desde donde se administraba la estancia, con su correspondiente capilla. Fueron sus propietarios hasta la expulsión de la Compañía, dispuesta por el rey en 1767. En el posterior remate, adquirió todo el "Potrero" -que incluía otras considerables extensiones- don Julián Ruiz de Huidobro. Luego, el gobernador José Manuel Silva lo compró a los herederos de aquel, mientras el sector de tierras dependiente de esa "sala" y capilla empezaba a denominarse La Banda. Los descendientes de Silva lo tuvieron hasta 1973, año en que el edificio pasó a propiedad del Estado. Hoy es monumento histórico nacional y lo tiene a su cargo la Municipalidad de Tafí del Valle.
Estas breves referencias, que constan en la bibliografía conocida, ilustran acerca de la significación histórica que rodea al Museo de la Banda, una de las construcciones más antiguas y valiosas de la provincia. Todo eso convierte en intolerable la desidia con que se ha venido tratando este monumento. Actitud que ha dado como resultado -según informamos en LA GACETA de ayer- la caída del techo de dos de las habitaciones. El suceso felizmente se produjo de noche, y no en el horario de visita de los turistas, durante el cual hubiera desencadenado una tragedia.
Cuando se revisa la situación del inmueble en estos últimos años, no es difícil explicarse lo ocurrido. A pesar de tratarse de un monumento "nacional", nada ha hecho la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos para mantener en razonables condiciones el edificio de La Banda. Como tampoco lo ha hecho la Municipalidad de Tafí del Valle, a pesar de que ingresa a sus arcas (para la masa de "rentas generales") el importe de la entrada que pagan los visitantes del museo. Y menos se han preocupado del asunto la Secretaría de Turismo de la Provincia, o la de Cultura, organismos que, aunque no dependa de ellos el inmueble, deberían de todos modos comprometerse con algo que, además de valioso monumento histórico, es una poderosa atracción turística del valle.
La única labor positiva es la que pudo ejecutar, dentro de sus módicos recursos, la Asociación de Amigos del Museo de La Banda. Esta gestionó y obtuvo la restauración de dos de los valiosos óleos de la capilla, que estaban a punto de destruirse -tarea que tuvo el apoyo de la Fundación del Banco Empresario-, además de ocuparse, por ejemplo, de cambiar las cerraduras o de dejar las vitrinas en condiciones. Una situación como la que reseñamos es inadmisible. Quienes frecuentan el museo aseguran que el deterioro del techo era evidente desde tiempo atrás, y a pesar de ello nada se hizo. Suena a ironía que, mientras nos enorgullecemos de la multiplicidad y variedad de la cultura tucumana, tengamos, en el centro turístico más importante de la provincia, un edificio con las características de este sumido en el abandono. Pensamos que el Gobierno y los legisladores nacionales debieran reclamar a la Secretaría de Cultura de la Nación -de la cual depende la Comisión de Monumentos- el inmediato arreglo integral de La Banda. Y que la Municipalidad tafinista debiera asumir su simultánea responsabilidad, procediendo al arreglo del desastre actual y destinando, en adelante, el producto de las entradas del museo a su específica conservación.

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