Que la cosecha de puntos no termine más

Llop y Martínez destacaron que el resultado sirve de cara al futuro.

PROBÓ POCO Y NADA. Martínez intenta romper la defensa de los centrales del tiburón, su ex club, pero no lo consiguió en un juego global olvidable. FOTO DE DIEGO IZQUIERDO (ESPECIAL PARA LA GACETA) PROBÓ POCO Y NADA. Martínez intenta romper la defensa de los centrales del "tiburón", su ex club, pero no lo consiguió en un juego global olvidable. FOTO DE DIEGO IZQUIERDO (ESPECIAL PARA LA GACETA)
06 Noviembre 2011
MAR DEL PLANTE (Andrés Burgo, especial para LA GACETA).- Desde los ventanales del vestuario visitante del estadio Mundialista salía vapor. El lugar en el que se bañaban los jugadores de Atlético parecía un baño turco, un contrapeso de calor en medio de una tarde inesperadamente fría. Y junto a la humedad ambiental también se condensaba el conformismo deportivo. Los jugadores y el técnico repitieron palabras como "buen punto" y "el empate no está mal".

El más conceptual era Juan Manuel Llop. El técnico hablaba con la satisfacción de quien cree que Atlético está en la buena senda. "Los rivales nos empiezan a respetar. Si tomamos el partido contra Merlo, llevamos dos triunfos, un empate y una derrota injusta, porque Ferro recién nos ganó sobre el final y con un golazo de 25 metros. Y en estas cuatro fechas sólo nos hicieron un gol", señaló, satisfecho, el entrenador.

Cuánto más hablaba, Llop más se convencía de la conveniencia del empate. "El punto sirve porque de visitante siempre está bien sumar. El partido fue muy parejo, no bien jugado, pero muy bien defendido. Pensé que en algún momento se podía abrir, pero nunca sucedió. En definitiva estoy conforme", priorizó Llop lo positivo, aunque también dejó espacio para una mejoría.

Según el DT, falta ser más peligrosos, tener más posesión de pelota y mejor manejo. "Pero sin tiempo no se puede", explicó.

A su lado, Mariano Martínez, tal vez el punto más alto del día con a Líder Mármol -lo de Ischuk es testimonial-, coincidió con Llop: "Fue un partido muy parejo, muy difícil de jugar, con dos grandes defensas". Cuando terminaron de hablar el delantero y el técnico, el vapor que salía del vestuario ya se había volatilizado: había desaparecido.

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