The Strokes derritió la noche a fuerza de hits

La banda neoyorkina tocó ante 35.000 personas en Buenos Aires. Enviada especial.

PURA ENERGIA. La banda neoyorkina hizo vibrar a 35.000 personas en uenos Aires. FOTOS PRENSA PERSONAL FEST
PURA ENERGIA. La banda neoyorkina hizo vibrar a 35.000 personas en uenos Aires. FOTOS PRENSA PERSONAL FEST
Por Silvina Cena 05 Noviembre 2011
Se conocieron ahí; la valla les oficiaba de barra. Él había llegado desde un pueblito de Córdoba, a ella le pareció simpática la forma en que él alargaba las vocales. Él solía mandarse solo a los recitales que le volaban la cabeza, a ella le había fallado una tal Majo. Resolvieron uno con el otro eso de la soledad y la impaciencia. Eso del cansancio y la ansiedad. Eso de la lluvia (ella estiró un paraguas a cuadros negros y blancos) y los sacrificios (él la convenció de no perder su lugar en primera fila para buscar un baño químico). Cuando los reflectores ubicaron por primera vez a The Strokes en el escenario, ella lloró de la histeria y él se soldó con un grito ronco al acero que contorneaba al VIP. Ambos sabían que las seis horas de espera habían valido la pena.

Los neoyorquinos no sólo se lo confirmaron, sino que además les hicieron desear ?a ella, a él, a las 35.000 personas que asistieron al primer día del Personal Fest- que la noche se alargara en canciones. Dieron la bienvenida a sus fans con "New York City Cops" y se zambulleron en un repertorio que -muchas gracias- recorrió sus cuatro discos, con bastante de esa joya antológica que es "Is this it" -gracias otra vez-. Hicieron pie en "Heart in a cage" para saltar a "Machu Picchu", de "Angles", su álbum recién sacado del horno. ¿Y después? Y después, la intro agitadora de "Modern age" y el delirio (obvio) cada vez que Julian Casablancas cerraba la boca en O para el festejado “oh, let me go go go go go!”. Aplausos y ovación.

Con sus idas y vueltas entre las distintas épocas de la banda a la que se ha endilgado la renovación del rock, la lista de las canciones fue la estrella de la noche. Pero hubo más. Desinteresadamente seductor, destacadamente enérgico, Casablancas le puso pilas. No se movió de su baldosa frente al micrófono (en verdad, tampoco los otros cuatro recorrieron el escenario), pero desnudó un costado amable intentando algunas palabras en castellano. “My spanish is terrible (mi español es terrible)”, se rindió luego, aunque parchó la falta con algunas carcajadas descolgadas que levantaron un sinfín de grititos femeninos. El guitarrista Nick Valensi fue otro que concentró el mimo de las chicas ?a la distancia, claro está- y eso que ni amagó con sacarse la capucha. Gajes del oficio.


Inolvidable Argentina
Ella y él, y bastantes más, encontraron la forma de saltar la valla que delimitaba al campo VIP cuando promediaba el recital. Fue el momento justo para sumar refuerzos al pogo porque comenzó a gotear entonces una lluvia de clásicos como "What ever happened", "Someday", "Alone, together" y "Reptilia", que desencajaron por completo el ajustado rompecabezas que aglutinaba al público. Totalmente remarcables fueron los coreos que la multitud hizo del solo de guitarra en "Last nite" (si podés, mirá los videos de los aficionados en YouTube). Esa efusividad pareció llegarle también al cantante, que dijo que, sólo por eso, los Strokes jamás se olvidarían del show argentino (¡a cuantos le dirás lo mismo, Julian!).

Y ese que pareció ser el final, porque las luces se apagaron y la banda se retiró, no lo fue. Tras una breve desaparición mentirosa (sabía la gente que eso no podía ser todo) volvieron con verdaderos broches dorados: "Hard to explain" y "Take it or leave it". El idilio indie cumplido. Aplausos desde el escenario al gentío, y al revés. Ella transpirada en entusiasmo, él agradeciendo al cielo por esa noche. Un cielo que volvió a llevarse de nubes, esta vez cargadas con fuegos artificiales, bajo el humo de los cuales desapareció el delirio neoyorquino.  LA GACETA ©

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