04 Noviembre 2011 Seguir en 
Las angostas veredas del microcentro complicaban la caminata de Mercedes Corbalán. La mujer iba con su hija de tres años tomándola de la mano, y su bebé de tres meses en el coche. Al llegar a Maipú al 200, otra joven con un bebé en brazos se le cruzaba constantemente enfrente. No sospechó que lo que parecía una congestión peatonal, era en realidad una estrategia de "dos socios" para robarle.
De pronto, Mercedes sintió que la empujaban. Al darse vuelta, vio a un adolescente con la mano dentro de su cartera. En un segundo, el menor sacó la billetera del bolso, y la mujer le agarró las manos. "¿Qué hacés?", le gritó, mientras conseguía recuperar su pertenencia. El chico corrió, y en la huida empujó el coche y a la niña. La chiquita cayó en la vereda. El coche, en cambio, cayó en la calle, al costado de un auto. Afortunadamente, en ese momento, el semáforo estaba en rojo y el bebé llevaba el cinturón de seguridad y unos almohadones que amortiguaron la caída.
Los transeúntes ayudaron a la mujer a levantar a sus hijos. "En la esquina lo tienen al que le quiso robar a usted", le dijo una señora. Mercedes fue hasta Maipú y Mendoza, y un policía vestido de civil tenía al carterista, que había sido agredido por los transeúntes que lo habían atrapado y golpeado. Muchas personas rodearon al adolescente, de 14 años, mientras los policías que se habían acercado le preguntaban su nombre, de dónde era y con quién andaba. "Con mi hermana; yo no hice nada", repetía el muchacho, mientras gritaba y perdía sangre por la nariz.
La tensión se hizo extrema cuando llegó Andrés, el esposo de Mercedes. Después de comprobar que su familia se encontraba bien, y presa de un ataque de nervios, el hombre intentó agredir al menor.
La Policía protegió al adolescente, que dejó un reguero de sangre en la calle. La multitud se dividía entre los que sostenían que lo golpearan y quienes pedían, a gritos, que trasladaran al menor a la comisaría para evitar una feroz golpiza. "Que le peguen. Es la única forma en que aprenderá. ¡Mirá si le pasaba algo a los chicos!", gritaba enfurecido un testigo del hecho. A su lado, una mujer imploraba piedad por el menor. "No se justifica lo que hizo, ¿pero por qué someterlo a este suplicio? ¿No ven que está herido?", decía.
La Patrulla Urbana se llevó al menor. Su socia huyó antes del tumulto, pero la conmoción duró un tiempo en la zona del Mercado del Norte. "No te digo: ya no se puede caminar por el centro", comentaba una señora, todavía asustada por el griterío.
De pronto, Mercedes sintió que la empujaban. Al darse vuelta, vio a un adolescente con la mano dentro de su cartera. En un segundo, el menor sacó la billetera del bolso, y la mujer le agarró las manos. "¿Qué hacés?", le gritó, mientras conseguía recuperar su pertenencia. El chico corrió, y en la huida empujó el coche y a la niña. La chiquita cayó en la vereda. El coche, en cambio, cayó en la calle, al costado de un auto. Afortunadamente, en ese momento, el semáforo estaba en rojo y el bebé llevaba el cinturón de seguridad y unos almohadones que amortiguaron la caída.
Los transeúntes ayudaron a la mujer a levantar a sus hijos. "En la esquina lo tienen al que le quiso robar a usted", le dijo una señora. Mercedes fue hasta Maipú y Mendoza, y un policía vestido de civil tenía al carterista, que había sido agredido por los transeúntes que lo habían atrapado y golpeado. Muchas personas rodearon al adolescente, de 14 años, mientras los policías que se habían acercado le preguntaban su nombre, de dónde era y con quién andaba. "Con mi hermana; yo no hice nada", repetía el muchacho, mientras gritaba y perdía sangre por la nariz.
La tensión se hizo extrema cuando llegó Andrés, el esposo de Mercedes. Después de comprobar que su familia se encontraba bien, y presa de un ataque de nervios, el hombre intentó agredir al menor.
La Policía protegió al adolescente, que dejó un reguero de sangre en la calle. La multitud se dividía entre los que sostenían que lo golpearan y quienes pedían, a gritos, que trasladaran al menor a la comisaría para evitar una feroz golpiza. "Que le peguen. Es la única forma en que aprenderá. ¡Mirá si le pasaba algo a los chicos!", gritaba enfurecido un testigo del hecho. A su lado, una mujer imploraba piedad por el menor. "No se justifica lo que hizo, ¿pero por qué someterlo a este suplicio? ¿No ven que está herido?", decía.
La Patrulla Urbana se llevó al menor. Su socia huyó antes del tumulto, pero la conmoción duró un tiempo en la zona del Mercado del Norte. "No te digo: ya no se puede caminar por el centro", comentaba una señora, todavía asustada por el griterío.







