Ella creía que estaba sola, pero encontró a tres hermanos y a su madre biológica
Elizabeth contó la historia de su búsqueda en LA GACETA y así pudo encontrar a Norma, su hermana, y reconstruir los pasos del resto de su familia. Segunda Remírez tiene 92 años y superó el dolor de perder dos hijas y a su marido: canta y hace teatro en el EPAM, donde todos la admiran. Te contamos dos de esas historias que conmueven y sirven como ejemplo de entereza y de fe.
Se miraron y se reconocieron. Un "aire de familia", una comodidad inexplicable, como si se conocieran de otra vida. Hizo falta un examen de ADN para convencerlas de que son hermanas. Elizabeth Louisón y Norma fueron entregadas a distintas familias cuando eran bebés y ninguna sabía de la existencia de la otra.
Hace un par de años, Elizabeth emprendió una búsqueda que la condujo a Tucumán. Cuando pudo desatar el nudo de silencio en el seno de su familia, concluyó que aquí estaba su origen. Finalmente encontró a su hermana, a su madre y a dos hermanos más y viajó a nuestra provincia para conocerlos. Norma la había estado buscando durante 12 años.
Elizabeth, hoy de 48 años, se crió en Buenos Aires y Norma, unos cuatro años menor, en Tucumán. A fines del año pasado, un llamado telefónico a LA GACETA puso a Elizabeth en el camino de su hermana. De su madre sólo sabía que era de Tucumán, que primero la había ofrecido a una familia de la provincia, pero que luego la terminó adoptando ilegalmente (una apropiación, según sus propias palabras) una familia de Buenos Aires.
Norma leyó la nota publicada por LA GACETA y se sintió identificada. Ella había recorrido ese mismo camino más de una década atrás y había logrado reencontrarse con su madre y con dos hermanos. Quiso darle una mano, acercarle algún consejo a esta mujer tan parecida a ella. Le escribió un mail en el que le contaba cómo había sido la búsqueda que la llevó de Tucumán a Bolivia, por medio de datos susurrados por conocidos, vecinos, policías y empleados públicos.
"Cuando publiqué en Facebook la nota que salió en LA GACETA obtuve tres respuestas por e-mail. Uno era de Finlandia, otro de Buenos Aires. El tercer mail era el de Norma, que me ofrecía ayuda para mi búsqueda porque ella ya lo había hecho. Al principio no le di mucha cabida pero, al tiempo, la llamé. Ella viajaba por trabajo a Buenos Aires en mayo, así que nos hablamos por teléfono y quedamos en encontrarnos en un bar de Flores", contó Elizabeth.
"Notamos que teníamos un increíble parecido físico, pero aún más que eso? Una comunicación muy fácil, una comodidad que no podíamos explicar. Habíamos quedado en tomar un café rapidito porque las dos teníamos cosas que hacer, pero ese día en el bar ninguna de las dos se quería levantar de la mesa", aportó Norma.
La confirmación
La sospecha creció cuando se dieron cuenta de que tenían el mismo grupo sanguíneo, por lo que decidieron someterse a un examen de ADN ("por las dudas", dijeron). Norma volvió a Tucumán y unas semanas más tarde, Elizabeth la llamó para decirle que tenían un 82% de compatibilidad. "Sentate porque tengo que decirte algo: somos hermanas", escuchó Norma por celular, en la puerta de un negocio del centro. La emoción casi la tiró al piso.
Ella había recorrido su propio vía crucis para llegar hasta su madre y dos de sus hermanos. "Siempre sospeché que era adoptada, pero mis padres lo negaban. Cuando finalmente lo confirmé, mi papá me hizo prometer que no iba a buscar a mi madre biológica mientras él estuviera vivo. Esperé un año después de que murió mi papa y empecé a rastrearla", relató.
"Busqué en archivos de la Policía, en el Registro Civil, hablé con medio mundo, con conocidos, con vecinos, me iba a donde fuera detrás del menor dato", contó durante la visita que ambas hicieron a LA GACETA. La pesquisa la llevó desde Monteros hasta Tartagal, luego a la capital de Jujuy y de allí a Bolivia. En Pocitos, finalmente, encontró a Irma Valdez, su madre biológica. "Fue un golpe. No imaginaba encontrar a alguien tan deteriorado. Vivía en condiciones muy precarias y no estaba muy bien de la cabeza. Después de mucho insistirle, reconoció que tenía otro hijo. Se llama Claudio y vive en Jujuy", contó Norma.
Claudio tiene 41 años y creció en el mismo barrio que Irma, en San Salvador de Jujuy, sin saber que era su madre. Hasta los 11 años le dijo tía; creía que era una amiga de su familia. Luego lograron saber que había tenido un tercer hijo, menor que ellos, Osvaldo, de 40 años. "Y ahora, que apareció Elizabeth, pensamos que puede haber otro hermano entre ella y yo", dijo Norma.
Otra dura historia
Respecto de Irma, ambas coinciden en que ella prefiere no recordar, que le cuesta ordenar las cosas en su cabeza. "No sabe si le sacaron los chicos o si los tuvo que entregar porque no podía criarlos -explican-. Al principio, Claudio no la quería ver, pero hace poco vino a Tucumán y fuimos a visitarla en Monteros, donde ella vive".
La historia de Irma es la de una vida de pobreza extrema, de abandono y de descuido. "Claudio y yo estuvimos con ella hasta que yo tuve un año o poco más. No sabemos si trabajaba como empleada doméstica o como prostituta. Pero parece que siempre estábamos en la calle. A mí me empezó a dejar con la familia que después me adoptó ("apropió", insiste Elizabeth). Luego, se fue con Claudio y yo me quedé. Un año después, me pusieron el apellido de mi nueva familia. A Claudio lo entregó en Jujuy y ella se quedó viviendo cerca", explicó Norma.
El encuentro sirvió para cerrar una etapa. "Cuando la encontré en Pocitos, le pregunté si quería venir a Tucumán, aún tiene familia acá. Desde entonces, está viviendo en Monteros, pero la vi pocas veces. Nunca me despertó sentimientos ni de odio ni rencor, pero tampoco de amor -afirma-. Siempre mintió y aún ahora, cuando vino Elizabeth, siguió negando o haciéndose la que no se acuerda".
Todo este panorama no asustó a Elizabeth: "no estoy decepcionada, cómo voy a estarlo. Crecí como hija única y de golpe tengo tres hermanos".
Sobre su madre tiene una mirada compasiva. "No esperaba nada en particular, sólo quería ver su cara, reconocerme en sus ojos. Tampoco la juzgo. Me dio un gran dolor saber la clase de vida que tuvo", recalca.
A diferencia de Norma, ella insiste en la cuestión legal de la adopción. "Lo de nosotros fue una adopción ilegal, una apropiación, una negación de la identidad. Por más amor que hayan puesto después en nuestra crianza, en el comienzo hubo una mentira", explica.
Hijos Biológicos
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Hace un par de años, Elizabeth emprendió una búsqueda que la condujo a Tucumán. Cuando pudo desatar el nudo de silencio en el seno de su familia, concluyó que aquí estaba su origen. Finalmente encontró a su hermana, a su madre y a dos hermanos más y viajó a nuestra provincia para conocerlos. Norma la había estado buscando durante 12 años.
Elizabeth, hoy de 48 años, se crió en Buenos Aires y Norma, unos cuatro años menor, en Tucumán. A fines del año pasado, un llamado telefónico a LA GACETA puso a Elizabeth en el camino de su hermana. De su madre sólo sabía que era de Tucumán, que primero la había ofrecido a una familia de la provincia, pero que luego la terminó adoptando ilegalmente (una apropiación, según sus propias palabras) una familia de Buenos Aires.
Norma leyó la nota publicada por LA GACETA y se sintió identificada. Ella había recorrido ese mismo camino más de una década atrás y había logrado reencontrarse con su madre y con dos hermanos. Quiso darle una mano, acercarle algún consejo a esta mujer tan parecida a ella. Le escribió un mail en el que le contaba cómo había sido la búsqueda que la llevó de Tucumán a Bolivia, por medio de datos susurrados por conocidos, vecinos, policías y empleados públicos.
"Cuando publiqué en Facebook la nota que salió en LA GACETA obtuve tres respuestas por e-mail. Uno era de Finlandia, otro de Buenos Aires. El tercer mail era el de Norma, que me ofrecía ayuda para mi búsqueda porque ella ya lo había hecho. Al principio no le di mucha cabida pero, al tiempo, la llamé. Ella viajaba por trabajo a Buenos Aires en mayo, así que nos hablamos por teléfono y quedamos en encontrarnos en un bar de Flores", contó Elizabeth.
"Notamos que teníamos un increíble parecido físico, pero aún más que eso? Una comunicación muy fácil, una comodidad que no podíamos explicar. Habíamos quedado en tomar un café rapidito porque las dos teníamos cosas que hacer, pero ese día en el bar ninguna de las dos se quería levantar de la mesa", aportó Norma.
La confirmación
La sospecha creció cuando se dieron cuenta de que tenían el mismo grupo sanguíneo, por lo que decidieron someterse a un examen de ADN ("por las dudas", dijeron). Norma volvió a Tucumán y unas semanas más tarde, Elizabeth la llamó para decirle que tenían un 82% de compatibilidad. "Sentate porque tengo que decirte algo: somos hermanas", escuchó Norma por celular, en la puerta de un negocio del centro. La emoción casi la tiró al piso.
Ella había recorrido su propio vía crucis para llegar hasta su madre y dos de sus hermanos. "Siempre sospeché que era adoptada, pero mis padres lo negaban. Cuando finalmente lo confirmé, mi papá me hizo prometer que no iba a buscar a mi madre biológica mientras él estuviera vivo. Esperé un año después de que murió mi papa y empecé a rastrearla", relató.
"Busqué en archivos de la Policía, en el Registro Civil, hablé con medio mundo, con conocidos, con vecinos, me iba a donde fuera detrás del menor dato", contó durante la visita que ambas hicieron a LA GACETA. La pesquisa la llevó desde Monteros hasta Tartagal, luego a la capital de Jujuy y de allí a Bolivia. En Pocitos, finalmente, encontró a Irma Valdez, su madre biológica. "Fue un golpe. No imaginaba encontrar a alguien tan deteriorado. Vivía en condiciones muy precarias y no estaba muy bien de la cabeza. Después de mucho insistirle, reconoció que tenía otro hijo. Se llama Claudio y vive en Jujuy", contó Norma.
Claudio tiene 41 años y creció en el mismo barrio que Irma, en San Salvador de Jujuy, sin saber que era su madre. Hasta los 11 años le dijo tía; creía que era una amiga de su familia. Luego lograron saber que había tenido un tercer hijo, menor que ellos, Osvaldo, de 40 años. "Y ahora, que apareció Elizabeth, pensamos que puede haber otro hermano entre ella y yo", dijo Norma.
Otra dura historia
Respecto de Irma, ambas coinciden en que ella prefiere no recordar, que le cuesta ordenar las cosas en su cabeza. "No sabe si le sacaron los chicos o si los tuvo que entregar porque no podía criarlos -explican-. Al principio, Claudio no la quería ver, pero hace poco vino a Tucumán y fuimos a visitarla en Monteros, donde ella vive".
La historia de Irma es la de una vida de pobreza extrema, de abandono y de descuido. "Claudio y yo estuvimos con ella hasta que yo tuve un año o poco más. No sabemos si trabajaba como empleada doméstica o como prostituta. Pero parece que siempre estábamos en la calle. A mí me empezó a dejar con la familia que después me adoptó ("apropió", insiste Elizabeth). Luego, se fue con Claudio y yo me quedé. Un año después, me pusieron el apellido de mi nueva familia. A Claudio lo entregó en Jujuy y ella se quedó viviendo cerca", explicó Norma.
El encuentro sirvió para cerrar una etapa. "Cuando la encontré en Pocitos, le pregunté si quería venir a Tucumán, aún tiene familia acá. Desde entonces, está viviendo en Monteros, pero la vi pocas veces. Nunca me despertó sentimientos ni de odio ni rencor, pero tampoco de amor -afirma-. Siempre mintió y aún ahora, cuando vino Elizabeth, siguió negando o haciéndose la que no se acuerda".
Todo este panorama no asustó a Elizabeth: "no estoy decepcionada, cómo voy a estarlo. Crecí como hija única y de golpe tengo tres hermanos".
Sobre su madre tiene una mirada compasiva. "No esperaba nada en particular, sólo quería ver su cara, reconocerme en sus ojos. Tampoco la juzgo. Me dio un gran dolor saber la clase de vida que tuvo", recalca.
A diferencia de Norma, ella insiste en la cuestión legal de la adopción. "Lo de nosotros fue una adopción ilegal, una apropiación, una negación de la identidad. Por más amor que hayan puesto después en nuestra crianza, en el comienzo hubo una mentira", explica.
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