Por segunda vez desde la restauración democrática en 1983, habrá un intento de reelección presidencial. En 1995, Carlos Menem abrió la serie con éxito. Cristina Fernández está hoy con altísimas probabilidades de instalarse nuevamente en la Casa Rosada hasta 2015. La Constitución de 1994 habilitó el atajo vedado por la de 1853-60, al establecer la reelección por un período.
El resultado de las Elecciones Primarias Abiertas Simultáneas (PASO) del 14 de agosto, el derrumbe de los opositores en esa jornada, y una impecable campaña de comunicación con el uso abusivo de los medios estatales, terminaron consolidando la chance continuista.
Por la mágica atracción que ejerce el peronismo en el gobierno, Menem-otrora bestia negra del kirchnerismo rabioso- ayudará hoy en La Rioja a la reelección de la jefa de Estado. El peronismo siempre es generoso con los que aceptan sus reglas.
La incertidumbre no se aloja, entonces, en la definición electoral, sino en la economía. Existen problemas irresueltos en el marco de una crisis global cuya hondura y duración se desconocen. Algunos de esos cimbronazos empezaron a sentirse ahora con la suspensión de personal en fábricas, pero no gravitan negativamente en la chance de la Presidenta. Pasarán a formar parte de la herencia que se legó a sí misma para el nuevo ciclo.
Para conducir esta nueva etapa, el oficialismo jugó fuerte con el objetivo de controlar el Congreso. Volver al escenario de 2007 es el objetivo irrenunciable. Hasta diciembre de 2009, las leyes de la Casa Rosada se votaban sin tocar una letra, pero el recambio producido por la derrota kirchnerista inauguró otra historia. A esta, el Frente para la Victoria (FPV) pretende enterrarla en las urnas. En otras palabras, no quiere que Cristina tenga cortocircuitos ni en Diputados ni el Senado.
Matices particulares
El duelo electoral exhibe matices particulares en Tucumán. Los guarismos de las PASO y del 28 de agosto muestran una superioridad indiscutible del FVP. Cristina y José Alperovich emergieron triunfadores. Hubo, sin embargo, diferencias entre el caudal de votos conseguidos entre ambos. Alperovich acumuló 584.000 votos en su reelección del 28 de agosto, mientras que la Presidenta acreditó 509.000 el 14 de agosto en las PASO.
El oficialismo, en teoría, debería esforzarse en hacer subir el piso de votos de Cristina. Si no lo consigue, podría argumentar que Tucumán es ante todo una provincia alperovichista, antes que cristinista. Se reforzaría la convicción de que el gobernador es el jefe político del distrito y que ningún político está por encima de él, Cristina inclusive.
El miedo a la tijera
La mayor complicación que enfrenta la Casa de Gobierno es la diferencia de 60.000 votos que hubo entre la fórmula Cristina-Amado Boudou y los obtenidos por la lista de candidatos a diputados. Cerrar la brecha entre ambas listas es la propuesta que desplegó el FPV en las últimas semanas. Alperovich y la senadora Beatriz Rojkés reclamaron que no se repita el operativo tijera de las PASO.
Queremos los cinco diputados, reclamó la presidenta del justicialismo en el acto de cierre de la tarea proselitista. Controlen cada mesa, cada taxi para que ningún compañero travieso corte la boleta, sentenció la esposa del gobernador. Fue una convocatoria a cercenar la libertad política del votante. Sinceró, además. el encadenamiento del ciudadano al dirigente de los barrios y de las comunas rurales.
El riesgo de pérdida del quinto diputado está latente. La prédica apunta a neutralizar la propagación del descontento por el método de selección de los postulantes. Rechazan el dedo de José y Betty, dicen algunas voces, que conocen el motivo del malestar.
Legisladores que quedaron en la banquina y no volverán al recinto, previsiblemente no moverán un dedo por los postulantes del FVP. Se habla, también, de acuerdos subterráneos en diferentes circuitos para seleccionar el voto. Le llaman libertad de acción.
A Cristina sí, a los otros no, preconizan los ideólogos del voto castigo. Proyecto Popular, por ejemplo, está en esa línea. Esa lectura se desprende de la posición fijada oficialmente por el partido de la diputada Stella Córdoba, que reconoce el liderazgo presidencial, pero rechaza el del gobernador.
Los fastidiados
En el Gobierno era visible el fastidio con el diputado nacional Gerónimo Vargas Aignasse, por haber dedicado más tiempo a la frustrada operación para desterrar a Julio Grondona de la conducción de AFA, que a la campaña electoral de Cristina. Se le notó más protagonismo en esa circunstancia que en otro episodio político.
Vargas Aignasse fue excluido por Alperovich de la propuesta que finalmente convalidó la Casa Rosada. Los heridos de la pelea interna posterior al 14 de agosto pueden pretender ajustes de cuentas en la jornada de hoy, en diferentes ámbitos territoriales.
En el radicalismo y en el Frente Amplio Progresista (FAP) esperan acrecentar su patrimonio electoral con los enojados del PJ.
Los radicales esperan que la disidencia peronista acabe confluyendo en la lista de Luis Sacca. En los comicios del 14 de agosto contaron con aportes de punteros peronistas.
En esa recolección de apoyos no se descarta que acepten el corte de la boleta de Ricardo Alfonsín-Javier González Fraga. La necesidad tiene cara de hereje. Retendrían la quinta banca que la UCR ocupa en el Congreso desde 2007, si conservaran el piso de 107.000 votos de las PAS0.
Pero desde el 14 de agosto muchas cosas cambiaron. El binomio Alfonsín-González Fraga se desdibujó, mientras avanzó la fórmula de Hermes Binner-Norma Morandini. con su efecto de rebote en la postulación de Rodolfo Succar. El FAP se ilusiona con la captura de los radicales que no aceptaron el veredicto de las PASO. Las causas para el trasbordo de votos pueden ser múltiples y terminan dinamitando a la UCR. De todos esos tironeos, el Gobierno proyecta sacar provecho. La única incógnita es a qué partido le corresponderá la quinta banca.
El resultado de las Elecciones Primarias Abiertas Simultáneas (PASO) del 14 de agosto, el derrumbe de los opositores en esa jornada, y una impecable campaña de comunicación con el uso abusivo de los medios estatales, terminaron consolidando la chance continuista.
Por la mágica atracción que ejerce el peronismo en el gobierno, Menem-otrora bestia negra del kirchnerismo rabioso- ayudará hoy en La Rioja a la reelección de la jefa de Estado. El peronismo siempre es generoso con los que aceptan sus reglas.
La incertidumbre no se aloja, entonces, en la definición electoral, sino en la economía. Existen problemas irresueltos en el marco de una crisis global cuya hondura y duración se desconocen. Algunos de esos cimbronazos empezaron a sentirse ahora con la suspensión de personal en fábricas, pero no gravitan negativamente en la chance de la Presidenta. Pasarán a formar parte de la herencia que se legó a sí misma para el nuevo ciclo.
Para conducir esta nueva etapa, el oficialismo jugó fuerte con el objetivo de controlar el Congreso. Volver al escenario de 2007 es el objetivo irrenunciable. Hasta diciembre de 2009, las leyes de la Casa Rosada se votaban sin tocar una letra, pero el recambio producido por la derrota kirchnerista inauguró otra historia. A esta, el Frente para la Victoria (FPV) pretende enterrarla en las urnas. En otras palabras, no quiere que Cristina tenga cortocircuitos ni en Diputados ni el Senado.
Matices particulares
El duelo electoral exhibe matices particulares en Tucumán. Los guarismos de las PASO y del 28 de agosto muestran una superioridad indiscutible del FVP. Cristina y José Alperovich emergieron triunfadores. Hubo, sin embargo, diferencias entre el caudal de votos conseguidos entre ambos. Alperovich acumuló 584.000 votos en su reelección del 28 de agosto, mientras que la Presidenta acreditó 509.000 el 14 de agosto en las PASO.
El oficialismo, en teoría, debería esforzarse en hacer subir el piso de votos de Cristina. Si no lo consigue, podría argumentar que Tucumán es ante todo una provincia alperovichista, antes que cristinista. Se reforzaría la convicción de que el gobernador es el jefe político del distrito y que ningún político está por encima de él, Cristina inclusive.
El miedo a la tijera
La mayor complicación que enfrenta la Casa de Gobierno es la diferencia de 60.000 votos que hubo entre la fórmula Cristina-Amado Boudou y los obtenidos por la lista de candidatos a diputados. Cerrar la brecha entre ambas listas es la propuesta que desplegó el FPV en las últimas semanas. Alperovich y la senadora Beatriz Rojkés reclamaron que no se repita el operativo tijera de las PASO.
Queremos los cinco diputados, reclamó la presidenta del justicialismo en el acto de cierre de la tarea proselitista. Controlen cada mesa, cada taxi para que ningún compañero travieso corte la boleta, sentenció la esposa del gobernador. Fue una convocatoria a cercenar la libertad política del votante. Sinceró, además. el encadenamiento del ciudadano al dirigente de los barrios y de las comunas rurales.
El riesgo de pérdida del quinto diputado está latente. La prédica apunta a neutralizar la propagación del descontento por el método de selección de los postulantes. Rechazan el dedo de José y Betty, dicen algunas voces, que conocen el motivo del malestar.
Legisladores que quedaron en la banquina y no volverán al recinto, previsiblemente no moverán un dedo por los postulantes del FVP. Se habla, también, de acuerdos subterráneos en diferentes circuitos para seleccionar el voto. Le llaman libertad de acción.
A Cristina sí, a los otros no, preconizan los ideólogos del voto castigo. Proyecto Popular, por ejemplo, está en esa línea. Esa lectura se desprende de la posición fijada oficialmente por el partido de la diputada Stella Córdoba, que reconoce el liderazgo presidencial, pero rechaza el del gobernador.
Los fastidiados
En el Gobierno era visible el fastidio con el diputado nacional Gerónimo Vargas Aignasse, por haber dedicado más tiempo a la frustrada operación para desterrar a Julio Grondona de la conducción de AFA, que a la campaña electoral de Cristina. Se le notó más protagonismo en esa circunstancia que en otro episodio político.
Vargas Aignasse fue excluido por Alperovich de la propuesta que finalmente convalidó la Casa Rosada. Los heridos de la pelea interna posterior al 14 de agosto pueden pretender ajustes de cuentas en la jornada de hoy, en diferentes ámbitos territoriales.
En el radicalismo y en el Frente Amplio Progresista (FAP) esperan acrecentar su patrimonio electoral con los enojados del PJ.
Los radicales esperan que la disidencia peronista acabe confluyendo en la lista de Luis Sacca. En los comicios del 14 de agosto contaron con aportes de punteros peronistas.
En esa recolección de apoyos no se descarta que acepten el corte de la boleta de Ricardo Alfonsín-Javier González Fraga. La necesidad tiene cara de hereje. Retendrían la quinta banca que la UCR ocupa en el Congreso desde 2007, si conservaran el piso de 107.000 votos de las PAS0.
Pero desde el 14 de agosto muchas cosas cambiaron. El binomio Alfonsín-González Fraga se desdibujó, mientras avanzó la fórmula de Hermes Binner-Norma Morandini. con su efecto de rebote en la postulación de Rodolfo Succar. El FAP se ilusiona con la captura de los radicales que no aceptaron el veredicto de las PASO. Las causas para el trasbordo de votos pueden ser múltiples y terminan dinamitando a la UCR. De todos esos tironeos, el Gobierno proyecta sacar provecho. La única incógnita es a qué partido le corresponderá la quinta banca.







