19 Octubre 2011 Seguir en 
Terrible revuelo armó el joven realizador Santiago Mitre con su ópera prima, "El estudiante". De todas las trincheras políticas salieron a disparar misiles de tinta en diarios, blogs y publicaciones políticas, criticando hacia un lado y hacia el otro el filme que ya es un fenómeno en Buenos Aires y que arrasa con cuanto festival se le presente.
A él no le preocupa. Es más, le encanta, porque la exhibición que le cercenó el hecho de no haber sido filmada con el apoyo del Incaa (según admite), la ganó por el boca en boca, el enojo y el abrazo. Quedó segunda en la carrera por los Oscar (la primera es Aballay, filmada íntegramente en Tucumán) y por estos días, y debido a que hace estallar cuanta sala la proyecte, algunos cines del circuito comercial la miran con ganas.
En el festival Tucumán Cine el karma se repitió: es la ganadora indiscutible de la competencia digital. Se proyectó tres veces durante el certamen y la última función -ayer a la siesta- fue puesta a pedido del público que se quedó afuera la noche del lunes. Con otra victoria bajo el brazo -y $10.000 de premio- conversó con LA GACETA.
- ¿Creés que la neutralidad es la clave del éxito de la película?
- Creo que es el único lugar desde donde yo puedo hablar, porque no milito dentro de ningún partido político. No voy a tomar una bandera porque no la tengo y hubiera sido mentiroso. Mucha gente cree que esa neutralidad es un error de la película; dicen que no es cine político si uno no toma partido. Yo digo que es cine político, no cine militante.
- Recibiste muchas críticas...
- Por todos lados. Los kirchneristas dicen que muestra sólo el costado negativo de la política y no la fase más idealista y linda de la militancia. Los trotskistas dicen que la izquierda está representada como una minoría muy chica cuando en realidad es un actor muy importante...
- ¿Instalaste un debate que querías instalar?
- Sí. Me interesaba pensar el rol de la juventud en la política. Siento que somos herederos de estructuras políticas que no hemos elegido. Más allá de que muchos hayan vuelto a participar a través del kirchnerismo y que mucha gente que se está acercando a la izquierda, yo siento que los jóvenes de esta época aún no hemos generado un movimiento político que nos pertenezca y que deberíamos cuestionar algunos procedimientos. Lo que la peli quiere cuestionar es desde dónde los jóvenes miramos la política.
- ¿Te parece desalentadora?
- No, al contrario. No hay que ser tan purista: la película es dura con un aspecto de la militancia al criticar ciertos procedimientos, pero es una forma de pensar el modo en que esos mecanismos pueden cambiar. Al mismo tiempo, narra la política como un espacio vital, casi erotizado y apasionado; en ese sentido, es hasta promocional del hacer política.
- La escribiste hace más de dos años, ¿cómo ha cambiado esa realidad desde entonces?
- Empecé a escribirla poco antes de que se iniciara este discurso oficial del kirchnerismo como el vehículo para que la juventud volviera a la política. Después de la muerte de Kirchner las agrupaciones "nac & pop" empiezan a tener más fuerza, porque antes no existían en el plano estudiantil. Ahora hay mucha más militancia, y eso me parece bueno.
- Si hay un discurso oficial que enaltece la militancia, ¿por qué una película que habla de eso no ganó el concurso del Incaa?
- Eso tiene un correlato en la política cultural cinematográfica actual. En realidad, los jóvenes tenemos muchísimas más trabas que el que está dentro del esquema del instituto. Son temas más espinosos, es un poco hipócrita el discurso oficial respecto de las juventudes en ese sentido.
- ¿Cómo ves vos a los políticos?
- El tema es que eso es un punto de vista; algunos están convencidos de que desde la línea política que están trabajando van a hacer mejor las cosas. El personaje más reprochable de la película piensa eso, que va a ser mejor rector que el que estaba antes; está convencido y está dispuesto a caminar en el límite y hasta convertirse en un "garca". En eso yo tampoco estoy seguro, quizás ese tipo tiene razón...
A él no le preocupa. Es más, le encanta, porque la exhibición que le cercenó el hecho de no haber sido filmada con el apoyo del Incaa (según admite), la ganó por el boca en boca, el enojo y el abrazo. Quedó segunda en la carrera por los Oscar (la primera es Aballay, filmada íntegramente en Tucumán) y por estos días, y debido a que hace estallar cuanta sala la proyecte, algunos cines del circuito comercial la miran con ganas.
En el festival Tucumán Cine el karma se repitió: es la ganadora indiscutible de la competencia digital. Se proyectó tres veces durante el certamen y la última función -ayer a la siesta- fue puesta a pedido del público que se quedó afuera la noche del lunes. Con otra victoria bajo el brazo -y $10.000 de premio- conversó con LA GACETA.
- ¿Creés que la neutralidad es la clave del éxito de la película?
- Creo que es el único lugar desde donde yo puedo hablar, porque no milito dentro de ningún partido político. No voy a tomar una bandera porque no la tengo y hubiera sido mentiroso. Mucha gente cree que esa neutralidad es un error de la película; dicen que no es cine político si uno no toma partido. Yo digo que es cine político, no cine militante.
- Recibiste muchas críticas...
- Por todos lados. Los kirchneristas dicen que muestra sólo el costado negativo de la política y no la fase más idealista y linda de la militancia. Los trotskistas dicen que la izquierda está representada como una minoría muy chica cuando en realidad es un actor muy importante...
- ¿Instalaste un debate que querías instalar?
- Sí. Me interesaba pensar el rol de la juventud en la política. Siento que somos herederos de estructuras políticas que no hemos elegido. Más allá de que muchos hayan vuelto a participar a través del kirchnerismo y que mucha gente que se está acercando a la izquierda, yo siento que los jóvenes de esta época aún no hemos generado un movimiento político que nos pertenezca y que deberíamos cuestionar algunos procedimientos. Lo que la peli quiere cuestionar es desde dónde los jóvenes miramos la política.
- ¿Te parece desalentadora?
- No, al contrario. No hay que ser tan purista: la película es dura con un aspecto de la militancia al criticar ciertos procedimientos, pero es una forma de pensar el modo en que esos mecanismos pueden cambiar. Al mismo tiempo, narra la política como un espacio vital, casi erotizado y apasionado; en ese sentido, es hasta promocional del hacer política.
- La escribiste hace más de dos años, ¿cómo ha cambiado esa realidad desde entonces?
- Empecé a escribirla poco antes de que se iniciara este discurso oficial del kirchnerismo como el vehículo para que la juventud volviera a la política. Después de la muerte de Kirchner las agrupaciones "nac & pop" empiezan a tener más fuerza, porque antes no existían en el plano estudiantil. Ahora hay mucha más militancia, y eso me parece bueno.
- Si hay un discurso oficial que enaltece la militancia, ¿por qué una película que habla de eso no ganó el concurso del Incaa?
- Eso tiene un correlato en la política cultural cinematográfica actual. En realidad, los jóvenes tenemos muchísimas más trabas que el que está dentro del esquema del instituto. Son temas más espinosos, es un poco hipócrita el discurso oficial respecto de las juventudes en ese sentido.
- ¿Cómo ves vos a los políticos?
- El tema es que eso es un punto de vista; algunos están convencidos de que desde la línea política que están trabajando van a hacer mejor las cosas. El personaje más reprochable de la película piensa eso, que va a ser mejor rector que el que estaba antes; está convencido y está dispuesto a caminar en el límite y hasta convertirse en un "garca". En eso yo tampoco estoy seguro, quizás ese tipo tiene razón...








