La violencia en el ámbito educativo

16 Octubre 2011
Existe en las calles, en los hogares, en los distintos escenarios de la política, en la televisión, en las canchas de fútbol, en las escuelas... Es, por cierto, un fenómeno social más que preocupante. La violencia no sólo está presente en todos los estratos de la sociedad, sino que se incrementa. Los que hasta hace unos años eran episodios aislados, en la actualidad, desafortunadamente las agresiones hacia los docentes se han vuelto más habituales. Hace unas semanas, en un colegio de Pergamino, un alumno y su madre le dieron una golpiza al director.
En nuestra provincia, en una escuela de Concepción, los progenitores de una alumna atacaron a dos docentes cuando uno de ellos no autorizó a la estudiante a retirarse de clase antes de tiempo. Tras la denuncia policial, el Juzgado de la II Nominación del Centro Judicial de Concepción hizo lugar al pedido de restricción solicitado por los educadores, y se les prohibió a los padres acercarse a tres cuadras de la escuela.
Tanto la Unión de Docentes Tucumanos como la Agremiación del Personal de Enseñanza Media, llevan registros de hechos de violencia en contra de los educadores, en los que se preserva el nombre de la víctima. Entre las agresiones más comunes, se hallan los insultos cuando el docente desaprueba a un alumno, pero también se llega a la agresión física y a la desaparición -por venganza- de alguna pertenencia del docente. Suceden amenazas a la entrada o salida de la escuela que, en la mayoría de los casos, permanecen sin ser denunciados. Otras ocurren cuando los padres no pueden conseguir el certificado escolar para cobrar la Asignación Universal por Hijo.
Una funcionaria del Ministerio de Educación dijo que los hechos registrados son aislados y van más allá del ámbito escolar. Los definió como casos policiales y judiciales. Dijo que "la escuela no es una burbuja, en ella se filtran todas las cuestiones sociales". Sostuvo que se trabajó en los códigos de convivencia, planteando un cambio de paradigma: de lo punitivo a lo participativo, en los derechos y en las obligaciones. Los docentes, por su parte, consideran que las normativas académicas son muy permisivas, premian más al que no estudia. Sostienen que los códigos de convivencia se elaboran sin la participación de padres ni de alumnos; no hay reflexión ni consenso. Advierten que los mandatos obligan al educador a que el alumno apruebe y lo haga pasar de curso a como dé lugar, lo cual le quita autoridad e hicieron hincapié en la necesidad de que haya gabinetes psicopedagógicos en cada escuela, así como formación profesional de los tutores.
También influyen los cambios que se han producido en la constitución de la familia: madres y padres solteros o ausentes, hermanos que se hacen cargo del grupo familiar, familias ensambladas, parejas homosexuales. Los nuevos modelos afectan, sin duda, de distinto modo a los chicos y su conducta se refleja en la escuela. Sensaciones de desamor, soledad, angustia; desorientación, ausencia de diálogo familiar, de estímulo, la exclusión pueden ser resortes de acciones violentas, y más aún si los chicos viven en un ámbito familiar de agresión constante.
Sería importante que se integrara a los padres al hecho educativo, que se trabajara con ellos, docentes, alumnos y empleados con las técnicas de mediación, que se reflexionara sobre el autoritarismo de los profesores y de su maltrato verbal hacia los estudiantes. La formación educativa y la salud mental de nuestros hijos le compete a toda la comunidad. "Una sociedad que no da lugar a la expresión del alma de la gente, y no escucha su sacrificio, se destruirá en violencias", dijo Ernesto Sabato.

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