Calma, no es el fin del mundo... aún

Guillermo Monti
Por Guillermo Monti 15 Octubre 2011
Afortunadamente, la momentánea interrupción de algunos servicios de BlackBerry no provocó una ola de suicidios, aunque sí reveló los crecientes niveles de nomofobia que azotan a la sociedad de la hipercomunicación. Esto de la nomofobia es algo así como el pánico a salir de casa sin el celular (viene del inglés no-mobile, sin teléfono). Ya hay carradas de estudios sociológicos sobre el tema, que determinan un espeluznante 53% de nomofóbicos entre los usuarios de la telefonía móvil, y sostienen que los jóvenes integran el grupo más vulnerable.

Resulta entonces que andar sin celular por la vida es como ser un cowboy sin revólver en plena fiebre del oro. Un moderno Kurtz podría afirmar que el corazón de las tinieblas está determinado por la imposibilidad de mandar y/o recibir imprescindibles SMS, tuittear (¿se escribe así?) en el colectivo o navegar por Internet en alguna esquina de Villa 9 de Julio. "He visto el horror", diría Kurtz, desprovisto de crédito o de señal.

Vivimos un tiempo en el que introducir errores a propósito en Wikipedia se convirtió en un hobby de internautas aburridos. En el que la conmoción producida por la muerte de Steve Jobs revela hasta que punto la tecnología y sus gurúes forman parte del registro histórico. En el que una avería en los servidores de BlackBerry le cambia la vida a mucha gente. A muchísima gente. A millones de personas. Lo que no implica que sea el fin del mundo.

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