Ralph Waldo Emerson (1803-1882) aseguraba que una biblioteca es un gabinete mágico en el que hay muchos espíritus hechizados. Esos espíritus despiertan cuando los llamamos, es decir, cuando abrimos un libro. Mientras ese libro permanece cerrado es una cosa más entre las cosas. Pero cuando ese libro da con su lector, ocurre una magia realmente sorprendente. Un hechizo que hoy, en muchas escuelas de la provincia, revivirá con inusual esplendor gracias a la Maratón de Lectura que promueve a nivel nacional la Fundación Leer.
El objetivo de la convocatoria es concientizar a la población sobre la importancia que tiene la lectura para el desarrollo personal y el crecimiento de las sociedades. Y es que la lectura es un hábito cada vez menos practicado, no sólo por los chicos y jóvenes, sino también por los adultos. Por eso, la maratón tiene los ojos puestos en las escuelas: para que los chicos experimenten los gozos de ese universo maravilloso que habita en los libros. Y, además, para que los padres entiendan que todos -y no solo sus hijos- deben leer. ¿Por qué? Por innumerables razones, entre ellas, porque la lectura ayuda al desarrollo y al perfeccionamiento del lenguaje; mejora la expresión oral y escrita y hace el lenguaje más fluido. También aumenta el vocabulario y mejora la redacción y la ortografía. La lectura ayuda a pensar. Y, por consiguiente, genera personas críticas. No autómatas que sólo hacen lo que dicen aquellos que sí leen. La lectura entretiene, divierte, hace volar y llorar, transporta a otros mundos, permite compartir un legado común... en síntesis: la lectura es un flirteo con la inmortalidad. No existe otra actividad que desarrolle las potencialidades humanas como la lectura. Por eso hay que practicarla más. "Un buen maestro es alguien a quien le gusta leer", sentenció el pedagogo italiano Francesco Tonucci en una de sus últimas visitas a la Argentina. Y es que el acto de leer, ya sea que uno escuche leer o lea para sí o en voz alta para otro, es aprendizaje y divertimento. Quien haya estado alguna vez en un aula sabe bien del estado de encantamiento en que caen los niños y adolescentes cuando se les lee un cuento. Claro que, para tener alumnos lectores, no basta sólo con un maestro lector. Es fundamental que en el hogar de esos niños haya padres lectores, que haya una pequeña biblioteca, que haya, en fin, esos objetos casi mágicos que son los libros. ¿Cómo puede un niño entender la importancia de leer si nunca ha visto a su padre hacerlo, si nunca ha deseado intensamente poder leer también él solo como lo hace su madre cuando le lee en voz alta?
Llegados a este punto vale la pena recordar una última enseñanza que, como buen pedagogo, dejó Tonucci en su paso por el país: la lectura es un placer que se contagia; no se impone. Jorge Luis Borges solía decir que la lectura es una forma de felicidad. Por eso, si un libro no nos seduce, hay que dejarlo y tomar otro, hasta encontrar a ese escritor que escribió para nosotros. "Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído", señalaba el autor de "Ficciones". Y, como él, otros maestros de la palabra alabaron ese encantador momento en el que autor y lector se dan la mano a través de la lectura:
- "Amar la lectura es trocar horas de hastío por horas de inefable y deliciosa compañía" (John F. Kennedy).
- "Lee y conducirás, no leas y serás conducido" (Santa Teresa de Jesús).
- "Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora" (Proverbio Indú).
El objetivo de la convocatoria es concientizar a la población sobre la importancia que tiene la lectura para el desarrollo personal y el crecimiento de las sociedades. Y es que la lectura es un hábito cada vez menos practicado, no sólo por los chicos y jóvenes, sino también por los adultos. Por eso, la maratón tiene los ojos puestos en las escuelas: para que los chicos experimenten los gozos de ese universo maravilloso que habita en los libros. Y, además, para que los padres entiendan que todos -y no solo sus hijos- deben leer. ¿Por qué? Por innumerables razones, entre ellas, porque la lectura ayuda al desarrollo y al perfeccionamiento del lenguaje; mejora la expresión oral y escrita y hace el lenguaje más fluido. También aumenta el vocabulario y mejora la redacción y la ortografía. La lectura ayuda a pensar. Y, por consiguiente, genera personas críticas. No autómatas que sólo hacen lo que dicen aquellos que sí leen. La lectura entretiene, divierte, hace volar y llorar, transporta a otros mundos, permite compartir un legado común... en síntesis: la lectura es un flirteo con la inmortalidad. No existe otra actividad que desarrolle las potencialidades humanas como la lectura. Por eso hay que practicarla más. "Un buen maestro es alguien a quien le gusta leer", sentenció el pedagogo italiano Francesco Tonucci en una de sus últimas visitas a la Argentina. Y es que el acto de leer, ya sea que uno escuche leer o lea para sí o en voz alta para otro, es aprendizaje y divertimento. Quien haya estado alguna vez en un aula sabe bien del estado de encantamiento en que caen los niños y adolescentes cuando se les lee un cuento. Claro que, para tener alumnos lectores, no basta sólo con un maestro lector. Es fundamental que en el hogar de esos niños haya padres lectores, que haya una pequeña biblioteca, que haya, en fin, esos objetos casi mágicos que son los libros. ¿Cómo puede un niño entender la importancia de leer si nunca ha visto a su padre hacerlo, si nunca ha deseado intensamente poder leer también él solo como lo hace su madre cuando le lee en voz alta?
Llegados a este punto vale la pena recordar una última enseñanza que, como buen pedagogo, dejó Tonucci en su paso por el país: la lectura es un placer que se contagia; no se impone. Jorge Luis Borges solía decir que la lectura es una forma de felicidad. Por eso, si un libro no nos seduce, hay que dejarlo y tomar otro, hasta encontrar a ese escritor que escribió para nosotros. "Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído", señalaba el autor de "Ficciones". Y, como él, otros maestros de la palabra alabaron ese encantador momento en el que autor y lector se dan la mano a través de la lectura:
- "Amar la lectura es trocar horas de hastío por horas de inefable y deliciosa compañía" (John F. Kennedy).
- "Lee y conducirás, no leas y serás conducido" (Santa Teresa de Jesús).
- "Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora" (Proverbio Indú).







