30 Septiembre 2011 Seguir en 
En muchos aspectos, los tucumanos pareciéramos vivir entre extremos y tener serias dificultades para solucionar problemas, que por no enfrentarlos como se debe, se van convirtiendo en crónicos y perjudican a la comunidad en forma sistemática. Ampliar, alargar la duración de alguna cosa por tiempo determinado, es una de las definiciones que propone el diccionario sobre la palabra prórroga, mientras que parte que excede y pasa más allá de la medida o regla; cosa que sale en cualquier línea de los límites de lo ordinario o de lo lícito, significa exceso. En muchos aspectos, la ciudadanía se ha acostumbrado a vivir entre las dilaciones y las desmesuras que proponen los representantes del pueblo en algunos asuntos como los del taxi.
En su sesión del martes, el Concejo Deliberante de San Miguel de Tucumán aprobó la suba del 30%: la bajada de bandera costará $3.50 y la ficha, cada 100 metros, $0.26, respondiendo a un pedido del sector que debe hacer frente a los costos de mantenimiento de los vehículos que se incrementaron como consecuencia de la inflación. Los ediles aprobaron también una ordenanza que endurece las multas para los propietarios de vehículos que circulen sin licencia: la pena económica será de $10.000. Por otro lado, los autos de otras jurisdicciones que levanten pasajeros en la capital serán sancionados con $5.000 en concepto de multa, mientras se castigará con el pago de $2.000 a todo taxi que circule sin la ficha identificatoria del chofer.
No se cuestiona, por cierto, la actualización de la tarifa, sino la eficiencia de este servicio público que sigue siendo una asignatura pendiente desde que el Concejo Deliberante creó el 11 de abril de 2006 el Servicio Único de Transporte Público de Pasajeros (Sutrappa). Ese mismo día, tras la aprobación, se dijo que el sistema era incompatible con la Ley Nacional de Tránsito, que establece 10 años de antigüedad para el transporte de pasajeros. En la sesión del 3 de agosto de ese año, el Concejo aprobó una norma que concedía mayores facilidades a los taxistas y remiseros ilegales para poder ingresar en el Sutrappa. La ordenanza permitía que circularan legalmente, por lo menos, 830 autos de alquiler de más de 14 años de antigüedad. A tres meses de la puesta en funcionamiento del nuevo sistema, continuaban circulando autos en estado deplorable. El sistema había sido diseñado para 6.200 vehículos, pero inscribieron cerca de 8.000 automóviles. Hasta noviembre de 2010, el Sutrappa había otorgado unas 7.500 licencias, de las cuales el 95% eran permisos provisorios y un 5%, definitivas. En mayo pasado, un edil radical denunció la existencia de 2.500 taxis ilegales.
Por otro lado, el estado de una buena porción de los vehículos circulantes se halla en un estado precario y no se entiende cómo pudieron pasar la revisión técnica obligatoria. Por la noche, es cada vez más difícil conseguir un auto y mucho menos cuando caen apenas unas gotas.
Desde hace cinco años, no sólo se les concede prórrogas a los infractores, sino que el sistema no se ha regularizado. Ello significa que en un lustro, los representantes del pueblo han sido incapaces de hacer cumplir la ley, de ordenar un servicio público que sigue siendo inseguro y deficiente en muchos aspectos. Sería positivo que las próximas autoridades den una solución definitiva a esta historia de nunca acabar para que el usuario deje de ser siempre el único perjudicado por las prórrogas y los excesos.
En su sesión del martes, el Concejo Deliberante de San Miguel de Tucumán aprobó la suba del 30%: la bajada de bandera costará $3.50 y la ficha, cada 100 metros, $0.26, respondiendo a un pedido del sector que debe hacer frente a los costos de mantenimiento de los vehículos que se incrementaron como consecuencia de la inflación. Los ediles aprobaron también una ordenanza que endurece las multas para los propietarios de vehículos que circulen sin licencia: la pena económica será de $10.000. Por otro lado, los autos de otras jurisdicciones que levanten pasajeros en la capital serán sancionados con $5.000 en concepto de multa, mientras se castigará con el pago de $2.000 a todo taxi que circule sin la ficha identificatoria del chofer.
No se cuestiona, por cierto, la actualización de la tarifa, sino la eficiencia de este servicio público que sigue siendo una asignatura pendiente desde que el Concejo Deliberante creó el 11 de abril de 2006 el Servicio Único de Transporte Público de Pasajeros (Sutrappa). Ese mismo día, tras la aprobación, se dijo que el sistema era incompatible con la Ley Nacional de Tránsito, que establece 10 años de antigüedad para el transporte de pasajeros. En la sesión del 3 de agosto de ese año, el Concejo aprobó una norma que concedía mayores facilidades a los taxistas y remiseros ilegales para poder ingresar en el Sutrappa. La ordenanza permitía que circularan legalmente, por lo menos, 830 autos de alquiler de más de 14 años de antigüedad. A tres meses de la puesta en funcionamiento del nuevo sistema, continuaban circulando autos en estado deplorable. El sistema había sido diseñado para 6.200 vehículos, pero inscribieron cerca de 8.000 automóviles. Hasta noviembre de 2010, el Sutrappa había otorgado unas 7.500 licencias, de las cuales el 95% eran permisos provisorios y un 5%, definitivas. En mayo pasado, un edil radical denunció la existencia de 2.500 taxis ilegales.
Por otro lado, el estado de una buena porción de los vehículos circulantes se halla en un estado precario y no se entiende cómo pudieron pasar la revisión técnica obligatoria. Por la noche, es cada vez más difícil conseguir un auto y mucho menos cuando caen apenas unas gotas.
Desde hace cinco años, no sólo se les concede prórrogas a los infractores, sino que el sistema no se ha regularizado. Ello significa que en un lustro, los representantes del pueblo han sido incapaces de hacer cumplir la ley, de ordenar un servicio público que sigue siendo inseguro y deficiente en muchos aspectos. Sería positivo que las próximas autoridades den una solución definitiva a esta historia de nunca acabar para que el usuario deje de ser siempre el único perjudicado por las prórrogas y los excesos.







