Entre el fervor digital y la música

El recital del guitarrista Salinas en el Virla. Dos sets de tangos pusieron el momento musical cumbre en la velada del domingo.

15 Julio 2003
Apoya la guitarra sobre su barriga. Entorna hacia arriba su melenuda cabeza, como buscando la luz. Del encordado salen pájaros, aunque a veces son demasiados; tantos, que la maratón de dedos logra oscurecer el silencio. Detrás del fervor digital, por momentos alucinante, no hay música; sólo pirotecnia, vacuo virtuosismo, que ciertamente impacta, pero nada más que eso.
Pero afortunadamente, Luis Salinas no es únicamente dedos. La pausa, el diálogo, el silencio, la sutileza, la improvisación justa, su calidad de artista brotan cuando toca solo o hace un dúo de alto vuelo con su "ladero" Horacio Avilana, quien también conoce los secretos de las seis cuerdas. Los dos sets de tangos pusieron el momento musical cumbre en la velada que tuvo lugar el domingo en el Centro Cultural Virla. Pero Salinas también canta, silba, tararea; y lo hace en forma intimista, conversada, siguiendo los latidos interiores, y enriquece así su performance. Quizás por su juventud, Salinas está más pendiente de exhibir sus destrezas que de expresar la música; las primeras siempre deben estar al servicio de la segunda, porque, de lo contrario, se corre el riesgo de quedarse en la superficie, en el fuego de artificio que deslumbra y se apaga. Tal vez sea una cuestión cultural. Lo importante es que Salinas es un orgullo para todos, porque no sólo nada tiene que envidiarles digitalmente a grandes guitarristas como Al Di Meola, Paco de Lucía o John McLauglin, sino porque es nuestro, es decir argentino, y tiene aún mucho para dar.

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