El actual sistema es un monstruo invertebrado

Punto de vista. Marcos Novaro - politólogo - doctor en Filosofía

Por Redacción Política 15 Septiembre 2011
El sistema de partidos es una de las grandes deudas de la democracia. A grandes rasgos se ha pasado de un sistema bipartidista a uno hegemónico, aunque hay que hacer algunas salvedades para evitar confundir lo que parece con lo que realmente es: el bipartidismo de 1983 era más bien aparente porque desde muy pronto empezó ya a evolucionar hacia un fortalecimiento del polo peronista a costa del polo radical, y este partido no pudo recuperar la mayoría ya nunca más.

El desequilibrio se dio en forma creciente, además, en varios terrenos a la vez. El control de provincias, del Senado y de grupos de interés organizados, así que se estableció pronto una fórmula que nos ha caracterizado, "sólo el peronismo puede gobernar".

Con el tiempo, además se vio que este tampoco era estrictamente un régimen hegemónico porque a medida que se volvía más y más poderoso, dejaba de actuar como un partido y lo hacía cada vez más como un "arco populista" compuesto de facciones que se alían o compiten entre sí sin reconocer límites partidarios ni reglas de juego comunes.

Con lo cual tenemos un sistema, si es que lo podemos llamar así, que tiene todas las desventajas de la hegemonía o el unicato. Cada vez es menos competitivo, menos plural, y por tanto más difícil de controlar y someter a la ley, y ninguna de sus ventajas, no es estable, no genera una elite cohesionada.

En fin, es un monstruo invertebrado, que se parece más a una tribu que a una organización política moderna.

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