La democracia languidece si los partidos pierden su espíritu

Especialistas coinciden en que la proliferación de agrupaciones debilita el sistema político. La vida de estas fuerzas floreció en los 80. Obtuvieron rango constitucional en 1994 y, ahora, la mayoría funciona como meras estructuras electoralistas.

TANTOS FISCALES COMO VOTANTES. El sistema de acoples hizo que en las últimas elecciones locales hubiera una treintena de fiscales por mesa.  LA GACETA / FOTO DE JORGE OLMOS SGROSSO
TANTOS FISCALES COMO VOTANTES. El sistema de acoples hizo que en las últimas elecciones locales hubiera una treintena de fiscales por mesa. LA GACETA / FOTO DE JORGE OLMOS SGROSSO
Por Redacción Política 15 Septiembre 2011
¿Vivimos en un país y en una provincia plenamente democrática? La pregunta puede tener varias respuestas, de acuerdo a la manera de abordarla. Si se la intenta resolver con el argumento de que en 28 años se sucedieron, de manera ininterrumpida, gobiernos elegidos por el pueblo, la incógnita estaría resuelta rápidamente. Pero si se la procura evacuar a partir del razonamiento de que las agrupaciones políticas han conservado su esencia desde su reactivación -en 1983- el enigma a resolver puede resultar poco fácil.

Por disposición de Naciones Unidas (ONU), hoy es el Día Internacional de la Democracia. Es por ello que LA GACETA entrevistó a cuatro referentes partidarios con más de 30 años de militancia, para que brinden su punto de vista sobre el sistema democrático que nos rige. Todos coincidieron en que el actual sistema electoral ha perdido su significación y su razón de ser. Porque llevó al vaciamiento ideológico de los partidos, instituciones que sostienen al sistema democrático.

La teoría argumenta que los partidos políticos fueron instaurados por los estados para que funcionen como espacios de expresión y de representación de las demandas de los ciudadanos. Son también- según el politólogo Giovanni Sartori- cualquier grupo político que se presenta a elecciones y que puede colocar mediante ellas a sus candidatos en cargos públicos. Pero en la práctica, surgen varias preguntas a desentrañar. Desde que fueron creados hasta la actualidad, ¿cumplieron cabalmente con su rol en el país y en Tucumán? ¿Desde que se reinstauró la democracia en 1983, conservaron su espíritu o cambiaron su esencia? El hecho de que los partidos hayan tomado rango constitucional cuando se incorporaron a la Carta Magna en 1994, ¿ha garantizado su pleno funcionamiento? ¿La proliferación de cientos de partidos que aparecen sólo en épocas electorales, hacen al sistema local más democrático?

El ejemplo negativo

Si bien todos los políticos consultados coincidieron en que la institucionalidad otorgada a las agrupaciones, a través de la reforma constitucional, buscó ponerle fin al bipartidismo reinante, la proliferación de agrupaciones partidarias colocó en terapia intensiva al actual sistema electoral. La vapuleada Ley de Lemas fue reemplazada en 2004 por un sistema de acople que, en la práctica, conserva las mismas características. Un caso puntual fue lo que ocurrió en las elecciones del 28 de agosto. Cada mesa de votación estaba poblada de fiscales partidarios y los cuartos oscuros desbordaban de boletas, lo que dificultó la tarea del elector a la hora de elegir.

Así lo entiende el abogado Rodolfo Burgos. Según el constitucionalista, el sistema de acoples es nulo e inconstitucional. "Es nulo porque nunca fue un tema habilitado para ser tratado por la Constituyente, que sí tenía la prohibición expresa de volver al sistema de la Ley de Lemas. Es inconstitucional, pues afecta el valor claridad, que es un derecho que tiene el elector cuando entra al cuarto oscuro. La verdadera elección democrática se da cuando existe un número limitado de ofertas electorales entre las cuales el ciudadano efectúa su selección", explicó.

Aunque en las elecciones pasadas se inscribieron más de un centenar de agrupaciones, en Tucumán hay unos 500 partidos registrados, de los cuales gran parte son agrupaciones municipales y comunales. ¿Es sustentable un sistema político con agrupaciones unipersonales? ¿Se fortalece la representación popular? Las preguntas brotan, pero todos los especialistas sostienen que una democracia funciona cuando hay alguien que gobierna y otra fuerza con el suficiente poder como para controlarla. La atomización, en definitiva, atenta contra ese precepto.

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