La reforma de la Constitución de 2006 se coló en la discusión política. Se reitera la disposición del alperovichismo para acomodar las instituciones a su conveniencia. El texto constitucional se parece a un traje que hay que agrandar o achicar según fuesen las exigencias de su cuerpo. En suma, un traje a medida, que sólo requiere de sastres obedientes a las necesidades de quien lo encargó. Desde luego, el cliente exclusivo no es otro que el gobernador José Alperovich.
La Carta Magna que no alcanzó aún cinco años de vida, fue el producto de una acción política enderezada a demoler el edificio construido por Fuerza Republicana en 1990. Ideológicamente, el oficialismo la justificó con el mensaje de que había desmontar un aparato montado por un partido de raigambre procesista.
En lo político, se procuraba eliminar la cláusula más irritativa del texto, que no era otra que la que impedía la reelección inmediata del gobernador, legisladores, intendentes, concejales y comisionados comunales. Recogía en parte la herencia de la Constitución de 1907, pero la había agravado al incluir a quienes no estaban inhibidos de postularse para su reelección como los legisladores.
Los bussistas pretendían descabezar al peronismo, pero el PJ pudo gobernar con la Constitución de 1990 durante dos mandatos (Ramón Bautista Ortega y Julio Miranda). Los problemas que estos padecieron fueron suscitados por la crisis del Tequila y por la debacle de 2001 y no por la Ley Suprema.
La elasticidad del PJ le permitió ganar y mantenerse en el poder, pese al armado jurídico de Fuerza Republicana.
El trasfondo
La razón política de la caída del producto bussista no fue otra que la de destrabar la reelección para Alperovich y para el enjambre de dirigentes que lo seguía, además de controlar la designación de los jueces.
Pero el oficialismo la disfrazó con ideas aparentemente progresistas, como el otorgamiento de la autonomía a las municipalidades y el uso del voto electrónico. Ninguna de esas propuestas se encarnaron después en la realidad.
Las municipalidades están sometidas a los designios del gobernador a través de distintos pactos y ningún intendente se preocupó por reivindicar la autonomía. La Legislatura que se retira en octubre, tampoco. Y el voto electrónico permanece en el letargo. Fueron promesas de campaña.
Según un cable diplomático filtrado por la red Wikileaks en 2010, Néstor Kirchner había alentado a Alperovich en su pretensión continuista, conforme a dichos del embajador Earl Wayne. El santacruceño había gobernado 12 años consecutivos en su provincia. Alperovich está a punto de cumplir con su tercer período, pero antes debió obtener la venia de la Corte Suprema de Justicia tras un complicado proceso.
La Constitución, redactada en 2006 por instrucciones del gobernador y monitoreada estrechamente por Juan Luis Manzur, pasará a la historia como una de las más vapuleadas por la Justicia, debido a sus arbitrariedades.
El Ejecutivo tenía las manos libres para desplegar sus desbordes de poder, pero la Corte Suprema que frenó esos excesos también es pasado. Algo sucedió en el camino al foro...
Nuevas justificaciones
La ultrafragmentación del sistema de partidos y la imposibilidad jurídica de sumar a los acoples de concejales la boleta de legisladores aparecen ahora como los pretextos para modificar la constitución alperovichista. Roque Alvarez puso la pelota en movimiento durante el debate parlamentario del viernes. Habló de reformar la Constitución, pero se desdijo. El discurso ambiguo le permitió instalar el asunto en el recinto. El radical Federico Romano Norri planteó que por ley se puede ordenar el desbarajuste de acoples y de los partidos.
Alvarez había sido sindicado como uno de los ideólogos del acople inconstitucional del cuerpo de legisladores a la boleta de los acoples de concejales. Se recurrió al pegado o al abrochado. Esa presunción se confirmó finalmente con su discurso público. Dos jueces frustraron el intento, horas antes de la votación. El Acuerdo Cívico y Social (ACyS) se avivó y promovió un amparo que dejó en mala posición a la Junta Electoral Provincial (JEP).
La fiesta del oficialismo
En rigor, la fiesta de los acoples alperovichistas sinceró la interna del peronismo y Alvarez trata de darle un cuadro normativo. Se perfeccionaría un mecanismo político-jurídico que contiene hasta los más díscolos debajo del paraguas del gobernador.
Existe, sin embargo, otra cuestión de fondo, que asoma desde octubre de 2010. Se trata de la reelección indefinida de Alperovich y del conjunto de dirigentes que lo sostiene.
Si es para mantener la estabilidad del Gobierno hasta 2015 o para obstruir la proyección de Beatriz Rojkés o de Domingo Amaya, es un enigma que se dilucidará con el correr de los meses. En el corazón del Gobierno reconocen que la carrera a 2015 empezará a disputarse no bien Alperovich jure por tercera vez, en octubre próximo.
Rojkés o Amaya pueden postularse sin que se retoque el texto constitucional. Alperovich, no. La prudencia de Amaya lo resguarda de la tentación de emprender una movida prematura.Ahora bien, movilizar al PJ para que imponga la reelección indefinida en una próxima reforma de la Constitución de 2006 implicará un ejercicio del poder muy concentrado.
La receta reeleccionista funcionará como un tapón para el recambio de dirigentes en el peronismo alineado con la Casa de Gobierno. Se postergarían sin plazo muchos proyectos de ascenso político.
El fracaso del plan continuista dificultaría la marcha de la gestión alperovichista en el tercer período. La bonanza de la economía acompañó hasta ahora al Gobierno. No existe profecía alguna que garantice la prolongación de los tiempos dorados hasta 2015. Con todo, la elección del momento político en que se pondrá en marcha el operativo clamor por la nueva chance para Alperovich, será clave.
La Carta Magna que no alcanzó aún cinco años de vida, fue el producto de una acción política enderezada a demoler el edificio construido por Fuerza Republicana en 1990. Ideológicamente, el oficialismo la justificó con el mensaje de que había desmontar un aparato montado por un partido de raigambre procesista.
En lo político, se procuraba eliminar la cláusula más irritativa del texto, que no era otra que la que impedía la reelección inmediata del gobernador, legisladores, intendentes, concejales y comisionados comunales. Recogía en parte la herencia de la Constitución de 1907, pero la había agravado al incluir a quienes no estaban inhibidos de postularse para su reelección como los legisladores.
Los bussistas pretendían descabezar al peronismo, pero el PJ pudo gobernar con la Constitución de 1990 durante dos mandatos (Ramón Bautista Ortega y Julio Miranda). Los problemas que estos padecieron fueron suscitados por la crisis del Tequila y por la debacle de 2001 y no por la Ley Suprema.
La elasticidad del PJ le permitió ganar y mantenerse en el poder, pese al armado jurídico de Fuerza Republicana.
El trasfondo
La razón política de la caída del producto bussista no fue otra que la de destrabar la reelección para Alperovich y para el enjambre de dirigentes que lo seguía, además de controlar la designación de los jueces.
Pero el oficialismo la disfrazó con ideas aparentemente progresistas, como el otorgamiento de la autonomía a las municipalidades y el uso del voto electrónico. Ninguna de esas propuestas se encarnaron después en la realidad.
Las municipalidades están sometidas a los designios del gobernador a través de distintos pactos y ningún intendente se preocupó por reivindicar la autonomía. La Legislatura que se retira en octubre, tampoco. Y el voto electrónico permanece en el letargo. Fueron promesas de campaña.
Según un cable diplomático filtrado por la red Wikileaks en 2010, Néstor Kirchner había alentado a Alperovich en su pretensión continuista, conforme a dichos del embajador Earl Wayne. El santacruceño había gobernado 12 años consecutivos en su provincia. Alperovich está a punto de cumplir con su tercer período, pero antes debió obtener la venia de la Corte Suprema de Justicia tras un complicado proceso.
La Constitución, redactada en 2006 por instrucciones del gobernador y monitoreada estrechamente por Juan Luis Manzur, pasará a la historia como una de las más vapuleadas por la Justicia, debido a sus arbitrariedades.
El Ejecutivo tenía las manos libres para desplegar sus desbordes de poder, pero la Corte Suprema que frenó esos excesos también es pasado. Algo sucedió en el camino al foro...
Nuevas justificaciones
La ultrafragmentación del sistema de partidos y la imposibilidad jurídica de sumar a los acoples de concejales la boleta de legisladores aparecen ahora como los pretextos para modificar la constitución alperovichista. Roque Alvarez puso la pelota en movimiento durante el debate parlamentario del viernes. Habló de reformar la Constitución, pero se desdijo. El discurso ambiguo le permitió instalar el asunto en el recinto. El radical Federico Romano Norri planteó que por ley se puede ordenar el desbarajuste de acoples y de los partidos.
Alvarez había sido sindicado como uno de los ideólogos del acople inconstitucional del cuerpo de legisladores a la boleta de los acoples de concejales. Se recurrió al pegado o al abrochado. Esa presunción se confirmó finalmente con su discurso público. Dos jueces frustraron el intento, horas antes de la votación. El Acuerdo Cívico y Social (ACyS) se avivó y promovió un amparo que dejó en mala posición a la Junta Electoral Provincial (JEP).
La fiesta del oficialismo
En rigor, la fiesta de los acoples alperovichistas sinceró la interna del peronismo y Alvarez trata de darle un cuadro normativo. Se perfeccionaría un mecanismo político-jurídico que contiene hasta los más díscolos debajo del paraguas del gobernador.
Existe, sin embargo, otra cuestión de fondo, que asoma desde octubre de 2010. Se trata de la reelección indefinida de Alperovich y del conjunto de dirigentes que lo sostiene.
Si es para mantener la estabilidad del Gobierno hasta 2015 o para obstruir la proyección de Beatriz Rojkés o de Domingo Amaya, es un enigma que se dilucidará con el correr de los meses. En el corazón del Gobierno reconocen que la carrera a 2015 empezará a disputarse no bien Alperovich jure por tercera vez, en octubre próximo.
Rojkés o Amaya pueden postularse sin que se retoque el texto constitucional. Alperovich, no. La prudencia de Amaya lo resguarda de la tentación de emprender una movida prematura.Ahora bien, movilizar al PJ para que imponga la reelección indefinida en una próxima reforma de la Constitución de 2006 implicará un ejercicio del poder muy concentrado.
La receta reeleccionista funcionará como un tapón para el recambio de dirigentes en el peronismo alineado con la Casa de Gobierno. Se postergarían sin plazo muchos proyectos de ascenso político.
El fracaso del plan continuista dificultaría la marcha de la gestión alperovichista en el tercer período. La bonanza de la economía acompañó hasta ahora al Gobierno. No existe profecía alguna que garantice la prolongación de los tiempos dorados hasta 2015. Con todo, la elección del momento político en que se pondrá en marcha el operativo clamor por la nueva chance para Alperovich, será clave.







