Paradojas e ironías políticas de los sistemas electorales

Por Juan Manuel Asis 31 Julio 2011
Si en la Ciudad de Buenos Aires hubiera existido el mismo régimen electoral de la Nación a la hora de elegir sus principales autoridades, no hubiera hecho falta el balotaje de hoy. ¿Por qué? Para elegir Presidente se fijó que con más del 40% de los votos y con una diferencia entre el primero y el segundo de más de 10 puntos, no hay segunda vuelta. Esa cláusula fue una argucia del peronismo para facilitar su llegada al poder. He aquí lo curioso: los kirchneristas apuestan a que la presidenta, Cristina Fernández, obtenga un 40% de los votos el 23 de octubre -las encuestas del oficialismo apuntan a ese número- y que el segundo, por una dispersión de la oferta opositora, no llegue al 30%. De esta manera, la jefa de Estado sería reelecta sin necesidad de balotaje. Legal, pero reelecta con menos del 50%. ¿Legítimo? Es opinable.

En los comicios porteños, si se aplicase por analogía el régimen electivo nacional, Mauricio Macri debería haber festejado su reelección el 10 de julio. Pero no, allí rige otro sistema, que determina que si el primero no supera el 50% de los votos, debe competir con el segundo, por más distancia que le saque en materia de cifras.

¿Cuál sistema es mejor en función de la representación democrática? Si bien hay autonomía electoral, los análisis y las comparaciones son inevitables. Aquí surge lo llamativo a partir de las posturas legales, institucionales o interesadas del kirchnerismo sobre una eventual victoria de Cristina con un techo del 40% y más de 10 puntos sobre el segundo. En ese caso estaría bien. Aplausos. Pero en el caso de Daniel Filmus, los "K" entendieron que debían inmolarse en una segunda vuelta cuando tenían más excusas para bajarse que para seguir, y siendo que Macri arañó los 50 puntos y le sacó 20 a su adversario. Lo legal es lo legal.

En el medio, Carlos Menem. El riojano, inventor del régimen electoral para llegar "más fácil" al poder, es el mismo que protagonizó un hecho que roza por analogía a los candidatos porteños. En 2003 ganó los comicios presidenciales con un porcentaje insuficiente para imponerse en primera vuelta, y fue al balotaje con Néstor Kirchner. Intuitivo, o dañino, decidió no competir y bajar su candidatura, con lo que dejó el camino libre al patagónico. Intuitivo porque casi un 70% del electorado se volcó por otras opciones. Así no podía ganar. Dañino porque hizo llegar a la Casa Rosada a un hombre debilitado políticamente y que debía reconstruir su poder desde la nada.

Filmus le dijo no a "la gran Menem", aunque sean casos distintos. El no ganó, fue segundo, muy lejos de Macri, y si lo vemos en perspectiva, no fue acompañado por el 70% de los porteños. ¿Filmus debió imitar a Menem y renunciar a la segunda vuelta? Tuvo excusas para hacerlo y, además, no contó con la Presidenta en la campaña, porque ella no apuesta a perdedor. En suma, Filmus cree en los milagros o quiere vengarse causándole una nueva derrota a su mentora, a dos semanas de la interna abierta, que pasará a transformarse en una verdadera encuesta sobre las preferencias nacionales.

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