Nuestra conducta no engaña a nadie

Por Redacción Política 27 Julio 2011
Por Emilio J. Cárdenas
Ex embajador de Argentina ante la ONU

La implacable persecución desatada por el Gobierno nacional contra los medios de prensa independientes preocupa en el exterior. Mucho. Y a cada rato nos encontramos con reacciones públicas que así lo comprueban, las que son sistemáticamente ignoradas por los medios oficiales, como si no hubieran ocurrido. O no tuvieran importancia alguna.

En Estados Unidos el partido que tiene la mayoría en cualquiera de las dos cámaras del Poder Legislativo de ese país preside automáticamente todas y cada una de sus comisiones de trabajo. Por esta razón, desde que el opositor Partido Republicano controla ahora la Cámara Baja del país del norte, es muy frecuente que sus representantes emitan opiniones particularmente duras respecto de nuestro país, especialmente con relación a la fea situación en materia de libertad de prensa. A esas expresiones se han plegado últimamente también algunas de importantes legisladores demócratas. La última expresión absolutamente inequívoca de preocupación en el ámbito legislativo norteamericano -que es tan sólo parte de una ya larga serie de instancias en las que las expresiones de intranquilidad respecto de nuestro país se han ido acumulando- ocurrió el 30 de junio pasado. En oportunidad de la reunión del Subcomité de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, la que tiene a su cargo el seguimiento del estado de la democracia en nuestro hemisferio.

En el transcurso de una sesión convocada en el edificio Dirksen durante la cual expusieron el editor para las Américas de la revista "The Economist"; el profesor Jorge Domínguez, de la Universidad de Harvard; y Daniel Fisk, del Instituto Internacional Republicano, su presidente, el senador republicano Robert Menendez, de Nueva Jersey, en sus palabras de apertura de la reunión, dijo inequívocamente que, en la Argentina "el gobierno procura controlar a la prensa, disfrazando su accionar tras los controles reglamentarios".

Durísimo, como comentario al pasar. Pero también clarísimo como nueva expresión de la recurrente preocupación de los legisladores norteamericanos, de ambos partidos, a los que no se engaña ni con los silencios, ni con los disimulos. Porque saben bien, y en tiempo real, qué es lo que está efectivamente sucediendo en nuestro país con nuestra libertad de opinión y conocen todos y cada uno de los intentos -reiterados y constantes- de las autoridades nacionales por tratar de instalar entre nosotros un discurso oficial único y silenciar, al propio tiempo, cualquier disenso. Sean ellos abiertos o disimulados. Lo cierto es que no engañan a nadie.

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