Pesares vecinales en la Francisco de Aguirre

23 Julio 2011
Fue el refundador de Santiago del Estero en 1553 y 12 años después, le encomendó a su sobrino Diego de Villarroel que fundara una ciudad en el lugar llamado Ibatín; ello aconteció el 31 de mayo de 1565 y se llamó San Miguel de Tucumán. Francisco de Aguirre (1500-1581) que combatió junto a Pizarro y a Valdivia, tuvo una vida plena de vicisitudes y penurias. En 1944, los tucumanos decidieron homenajearlo imponiéndole su nombre a un tramo de la avenida Mate de Luna. En 1991, se dispuso que compartiera la denominación de la avenida que marca el límite norte de la ciudad con Las Bases, pero en la práctica toda esa arteria se conoce con el nombre del que estuvo al frente de la Gobernación del Tucumán.

Pero nunca tuvieron demasiada suerte quienes viven a la vera de sus 3,4 km, entre las avenidas Juan B. Justo y Ejército del Norte. Los líquidos cloacales reinan en varios sectores de su extensión, como sucede, por ejemplo, entre Juan B. Justo y Monteagudo-William Cross, donde los peatones deben ser émulos de Maximiliano Guerra para esquivar las salpicaduras de los vehículos. En la intersección con Monteagudo hay semáforos, pero no funcionan y según nuestro cronista, los conductores de autos, de colectivos, de camionetas, de motos y de carros compiten por quién comete más infracciones. Entre Laprida y Siria se extienden hacia el norte unos enormes baldíos tapizados por una alfombra negra de cenizas que quedaron luego de las quemas de pastizales.

Los vecinos se quejan por los vehículos abandonados sobre las aceras, por los asaltos, por los perros callejeros que atacan a ciclistas, motociclistas y a los mismos peatones. En Francisco de Aguirre y Paso de los Andes, se han producido ya varios accidentes con víctimas mortales y los moradores deben aguardar el colectivo junto a líquidos cloacales y de agua potable que fluyen desde Thames. Entre el 1.400 y el 1.800 de la Francisco de Aguirre desaparece la acera norte. El escaso espacio que hay entre el cordón cuneta y el alto muro del predio que se halla a esa altura está cubierto por malezas, razón por la cual los transeúntes deben circular por la calle. Los comerciantes que ya han padecido en más de una ocasión la acción de los delincuentes han enrejado sus negocios. Los ladrones se burlan de las cámaras de seguridad que montó el gobierno en algunos sectores, huyendo hacia el Canal Norte o hacia la Juan B. Justo. "Esta es la capital del malevaje y del hampa", definió a la zona una vecina.

Un funcionario de la Sociedad Aguas del Tucumán dijo que el 80% de las pérdidas corresponde a agua potable y resto a líquidos cloacales. Atribuyó el problema a dos obstrucciones y que las empresas que efectúan la pavimentación rompieron caños y les hicieron reparaciones precarias. La solución está en localizar los puntos, romper de nuevo para arreglar. Es decir una doble inversión. La Policía sostiene que se está incrementando el patrullaje y que el sector Vial efectuará operativos de tránsito sorpresa para evitar accidentes.

Los problemas de estos conciudadanos son crónicos. Sus quejas han caído, por lo general, en saco roto. Los gobernantes se despabilan sólo cuando ocurre alguna tragedia y tras las promesas de turno, todo sigue más o menos igual: la basura, la inseguridad, los derrames de líquidos, el miedo, los perros, el caos del tránsito y la ausencia de control y de vigilancia. Si don Aguirre resucitara por un día sentiría tal vez que aún prosiguen los tiempos de la Conquista.

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