"Para entender quién era hay que volver a otra época, cuando el mundo se movía con el combustible negro y en el desierto existían grandes ciudades de tuberías y acero. Han desparecido... Fueron arrasadas..."
"Los líderes hablaron... hablaron... y hablaron. Pero nada pudo detener la avalancha. Su mundo se derrumbó, las ciudades estallaron..."
"Las carreteras se convirtieron en horribles pesadillas. Sobrevivieron los ladrones. Cometían actos de pillaje brutales para sobrevivir. Los pandilleros se apoderaron de las carreteras y se lanzaron a la guerra del combustible".
Las palabras fueron dichas allá por 1981 y salieron de la boca de Mel Gibson, el protagonista de Mad Max II, de George Miller. En Tucumán no hubo guerra, ni muertes, ni la ciudad fue devastada. Pero durante los últimos días se frenaron algunas actividades particulares y, lo que es peor, cada estación de servicio se convirtió en un polvorín. No porque estuvieran mal los controles de seguridad, sino porque los nervios y la tensión por conseguir nafta hicieron estallar a más de un tucumano que vio "anormalizada" su rutina. Los empleados de las expendedoras de combustible soportaron a los inadaptados que no respetaban las colas y a los maleducados que, desbordados, desvelados e impacientes, proferían amenazas si no les llenaban el tanque.
No se trata de la creación de un director de cine que atrapa en su imaginación una batalla fratricida por el combustible, pero sí del desconocimiento entre vecinos porque el riesgo de la faltante los desiguala y los enfrenta.
En medio de esta inesperada y sorprendente realidad que estalla en vacaciones, el ministro de Economía de la Nación, Amado Boudou, salió a decir que no faltaba combustible y que lo él veía era "alguna cola adicional". En una mala imitación, apenas 24 horas después el gobernador de Tucumán afirmó: "lo que sé es que toda la gente, como hay escasez, quiere cargar más, pero hay combustible en las estaciones de servicio. Lo que pasa es que esto se va transformando en un círculo vicioso, porque cada uno quiere llenar el tanque por miedo a quedarse sin combustible. Pero veo que hacen cola, pero hay".
Los ciudadanos esperan que desde el poder se respeten las reglas, que la lógica ordene y que quien más poder tenga lo contenga, lo entienda y le ayude a solucionar problema, no que lo enfrente hasta el paroxismo de la burla. Ni Boudou, ni Alperovich llevaron calma; por el contrario, exacerbaron los ánimos.
La gran batalla
La guerra de las naftas, al fin y al cabo, es un enfrentamiento de soldaditos de plástico, si se la compara con la que se vive en los barrios en estos tiempos electorales.
En cada circuito hay una guerra de guerrillas entre los dirigentes "acoplados". La queja siempre es contra el partido de los "Cacho" (Cortalezzi y Cano), que es el preferido del gobernador y por el que se postula Gassenbauer hijo, el ya popular Guille. Para ellos, el enemigo número uno es el diputado Germán Alfaro, que se postula para concejal de la capital. Es esta la guerra más dura. Pero estos no discuten acerca de si José les dio más o menos plata. Los "alfaristas" saben que recibirán migajas en comparación a los del acople bendecido, que tendrá millones extra para la campaña. En verdad, el botín no está en 2011, sino en 2015.
En el entorno de Alfaro se escucha -cada vez con más asiduidad- que si el acople que encabeza el diputado -su esposa se postula como legisladora- gana por un voto, él será el futuro candidato a intendente y Domingo Amaya, el sucesor de Alperovich. Parece una exageración y un exceso de soberbia; sin embargo, del otro lado la postura es idéntica. La semana pasada, en una reunión con empresarios a la que asistieron los "Cacho", uno de ellos lanzó un sincericidio. "De este acople saldrá el gobernador y el intendente de la capital de 2015. Nadie se animó a contradecir, pero tampoco se atragantaron -ni con las empanadas, ni con el salmón- cuando oyeron a Cortalezzi hacer esa reflexión. Cuando llegaron los helados confesaron que serán el acople más votado y eso les da derecho a elegir las futuras autoridades de la provincia. A esa altura de la noche Blas García interpretaba "El rey" y el helado enfriaba las palabras ardientes de los "Cachos".
Mientras estos se sienten triunfadores y tienen puesta la cabeza en el año previo al bicentenario de la Independencia de 1816, Rolando Alfaro, los amistados primos Juri y los enemistados primos Vargas Aignasse (Carolina y Gerónimo) todos los días comprueban cómo el terreno de la Capital está minado por los billetes oficiales.
"Éramos pocos y parió la abuela", advierte el dicho popular. Hasta esta semana, los herederos al trono eran la esposa, el invento, el fidelérrimo amigo o el teniente. Alguna vez, -por lo menos una- Beatriz Rojkés, Juan Manzur, Sergio Mansilla y Osvaldo Jaldo soñaron con ocupar el sillón más poderoso de la provincia, cuando se fuera Alperovich. Con encuestas y billetes a favor, les salieron competidores.
La última tentación
Alperovich, en tanto, sólo quiere ser el más votado de los gobernadores -algo difícil después del inesperado 73% de Beder Herrera, en La Rioja-. Ya le llegaron las últimas encuestas de su sempiterno consultor, Hugo Haime; y dan cuentan de que en lugares como Trancas, la adhesión treparía al 90%. Los mismos sondeos dicen que el acople de los "Cacho" encabezaría en la capital.
Alperovich tiene las encuestas en una mano; y, en la otra, los resultados de la elección anterior. Con ellos se fija quiénes tuvieron una perfomance más o menos decorosa en el pueblo más inofensivo electoralemente y se acerca a ellos para tentarlos a que formen un acople. No le importa la guerra de guerrillas internas, sino que todos sumen para su postulación a gobernador.
En un principio se proyectó toda una ingeniería electoral destinada para el fortalecimiento de los intendentes oficiales. Hoy todo eso ha sido superado por la ambición de la Casa de Gobierno, y se ha vuelto una complicación para más de un intendente oficialista, que ven cómo los competidores crecen como hongos. La mayoría surge de semillas que plantó el ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez. "Pirincho" puede ser muy hábil en la vida política tucumana, pero aún no tiene el carnet de independiente. Él hace lo que le deja hacer el gobernador Alperovich; al igual que Mansilla o Jaldo.
Fallo desoído
No hace mucho tiempo, la Justicia, a través de la Cámara en lo Contencioso Administrativa, falló diciendo que la Junta Electoral como la hicieron los constituyentes títeres de Alperovich no podía andar. Dejó en claro que la Legislatura debía evitar que tuviera una pata política. La Cámara, fiel escribana de las órdenes del mandatario, desoyó a la Justicia y puso a un representante del Poder Legislativo.
Antes de tomar esta decisión, el gobernador dijo que no seguiría pleiteando y que acataría lo que dijo la Justicia. Subrayó incluso la necesidad de transparencia. Finalmente, no se acató lo que dijo el fallo que redactó el magistrado Rodolfo Novillo.
Hoy suena a burla la composición final de la Junta Electoral. Se fueron excusando todos en el Poder Legislativo, porque son candidatos en los comicios provinciales del 28 de agosto. Agotados de buscar a alguien eligieron a la legisladora Mabel Concha de Llorens Dip. La mujer es la esposa de Iván Ricardo Llorens Dip, que va como candidato en décimo tercer lugar en la lista oficialista de la sección 3 (Oeste).
Cuanto más poder se tiene, mayores deberían ser los cuidados para evitar desbordes institucionales y para lograr el respeto de la ciudadanía. Esa materia está pendiente en Tucson. La composición de la Junta Electoral deja al descubierto cómo la política ha buscado resguardo en el escudo del nepotismo y cómo a la Justicia o a las reglas se las respeta sólo cuando conviene y se ajusta a los intereses del poder. Así, la transparencia prometida quedó cubierta bajo un manto de sospecha.
"Los líderes hablaron... hablaron... y hablaron. Pero nada pudo detener la avalancha. Su mundo se derrumbó, las ciudades estallaron..."
Así decía el protagonista de Mad Max II en un mundo donde lo que importaba era el sálvese quién pueda y no la sana convivencia.
"Los líderes hablaron... hablaron... y hablaron. Pero nada pudo detener la avalancha. Su mundo se derrumbó, las ciudades estallaron..."
"Las carreteras se convirtieron en horribles pesadillas. Sobrevivieron los ladrones. Cometían actos de pillaje brutales para sobrevivir. Los pandilleros se apoderaron de las carreteras y se lanzaron a la guerra del combustible".
Las palabras fueron dichas allá por 1981 y salieron de la boca de Mel Gibson, el protagonista de Mad Max II, de George Miller. En Tucumán no hubo guerra, ni muertes, ni la ciudad fue devastada. Pero durante los últimos días se frenaron algunas actividades particulares y, lo que es peor, cada estación de servicio se convirtió en un polvorín. No porque estuvieran mal los controles de seguridad, sino porque los nervios y la tensión por conseguir nafta hicieron estallar a más de un tucumano que vio "anormalizada" su rutina. Los empleados de las expendedoras de combustible soportaron a los inadaptados que no respetaban las colas y a los maleducados que, desbordados, desvelados e impacientes, proferían amenazas si no les llenaban el tanque.
No se trata de la creación de un director de cine que atrapa en su imaginación una batalla fratricida por el combustible, pero sí del desconocimiento entre vecinos porque el riesgo de la faltante los desiguala y los enfrenta.
En medio de esta inesperada y sorprendente realidad que estalla en vacaciones, el ministro de Economía de la Nación, Amado Boudou, salió a decir que no faltaba combustible y que lo él veía era "alguna cola adicional". En una mala imitación, apenas 24 horas después el gobernador de Tucumán afirmó: "lo que sé es que toda la gente, como hay escasez, quiere cargar más, pero hay combustible en las estaciones de servicio. Lo que pasa es que esto se va transformando en un círculo vicioso, porque cada uno quiere llenar el tanque por miedo a quedarse sin combustible. Pero veo que hacen cola, pero hay".
Los ciudadanos esperan que desde el poder se respeten las reglas, que la lógica ordene y que quien más poder tenga lo contenga, lo entienda y le ayude a solucionar problema, no que lo enfrente hasta el paroxismo de la burla. Ni Boudou, ni Alperovich llevaron calma; por el contrario, exacerbaron los ánimos.
La gran batalla
La guerra de las naftas, al fin y al cabo, es un enfrentamiento de soldaditos de plástico, si se la compara con la que se vive en los barrios en estos tiempos electorales.
En cada circuito hay una guerra de guerrillas entre los dirigentes "acoplados". La queja siempre es contra el partido de los "Cacho" (Cortalezzi y Cano), que es el preferido del gobernador y por el que se postula Gassenbauer hijo, el ya popular Guille. Para ellos, el enemigo número uno es el diputado Germán Alfaro, que se postula para concejal de la capital. Es esta la guerra más dura. Pero estos no discuten acerca de si José les dio más o menos plata. Los "alfaristas" saben que recibirán migajas en comparación a los del acople bendecido, que tendrá millones extra para la campaña. En verdad, el botín no está en 2011, sino en 2015.
En el entorno de Alfaro se escucha -cada vez con más asiduidad- que si el acople que encabeza el diputado -su esposa se postula como legisladora- gana por un voto, él será el futuro candidato a intendente y Domingo Amaya, el sucesor de Alperovich. Parece una exageración y un exceso de soberbia; sin embargo, del otro lado la postura es idéntica. La semana pasada, en una reunión con empresarios a la que asistieron los "Cacho", uno de ellos lanzó un sincericidio. "De este acople saldrá el gobernador y el intendente de la capital de 2015. Nadie se animó a contradecir, pero tampoco se atragantaron -ni con las empanadas, ni con el salmón- cuando oyeron a Cortalezzi hacer esa reflexión. Cuando llegaron los helados confesaron que serán el acople más votado y eso les da derecho a elegir las futuras autoridades de la provincia. A esa altura de la noche Blas García interpretaba "El rey" y el helado enfriaba las palabras ardientes de los "Cachos".
Mientras estos se sienten triunfadores y tienen puesta la cabeza en el año previo al bicentenario de la Independencia de 1816, Rolando Alfaro, los amistados primos Juri y los enemistados primos Vargas Aignasse (Carolina y Gerónimo) todos los días comprueban cómo el terreno de la Capital está minado por los billetes oficiales.
"Éramos pocos y parió la abuela", advierte el dicho popular. Hasta esta semana, los herederos al trono eran la esposa, el invento, el fidelérrimo amigo o el teniente. Alguna vez, -por lo menos una- Beatriz Rojkés, Juan Manzur, Sergio Mansilla y Osvaldo Jaldo soñaron con ocupar el sillón más poderoso de la provincia, cuando se fuera Alperovich. Con encuestas y billetes a favor, les salieron competidores.
La última tentación
Alperovich, en tanto, sólo quiere ser el más votado de los gobernadores -algo difícil después del inesperado 73% de Beder Herrera, en La Rioja-. Ya le llegaron las últimas encuestas de su sempiterno consultor, Hugo Haime; y dan cuentan de que en lugares como Trancas, la adhesión treparía al 90%. Los mismos sondeos dicen que el acople de los "Cacho" encabezaría en la capital.
Alperovich tiene las encuestas en una mano; y, en la otra, los resultados de la elección anterior. Con ellos se fija quiénes tuvieron una perfomance más o menos decorosa en el pueblo más inofensivo electoralemente y se acerca a ellos para tentarlos a que formen un acople. No le importa la guerra de guerrillas internas, sino que todos sumen para su postulación a gobernador.
En un principio se proyectó toda una ingeniería electoral destinada para el fortalecimiento de los intendentes oficiales. Hoy todo eso ha sido superado por la ambición de la Casa de Gobierno, y se ha vuelto una complicación para más de un intendente oficialista, que ven cómo los competidores crecen como hongos. La mayoría surge de semillas que plantó el ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez. "Pirincho" puede ser muy hábil en la vida política tucumana, pero aún no tiene el carnet de independiente. Él hace lo que le deja hacer el gobernador Alperovich; al igual que Mansilla o Jaldo.
Fallo desoído
No hace mucho tiempo, la Justicia, a través de la Cámara en lo Contencioso Administrativa, falló diciendo que la Junta Electoral como la hicieron los constituyentes títeres de Alperovich no podía andar. Dejó en claro que la Legislatura debía evitar que tuviera una pata política. La Cámara, fiel escribana de las órdenes del mandatario, desoyó a la Justicia y puso a un representante del Poder Legislativo.
Antes de tomar esta decisión, el gobernador dijo que no seguiría pleiteando y que acataría lo que dijo la Justicia. Subrayó incluso la necesidad de transparencia. Finalmente, no se acató lo que dijo el fallo que redactó el magistrado Rodolfo Novillo.
Hoy suena a burla la composición final de la Junta Electoral. Se fueron excusando todos en el Poder Legislativo, porque son candidatos en los comicios provinciales del 28 de agosto. Agotados de buscar a alguien eligieron a la legisladora Mabel Concha de Llorens Dip. La mujer es la esposa de Iván Ricardo Llorens Dip, que va como candidato en décimo tercer lugar en la lista oficialista de la sección 3 (Oeste).
Cuanto más poder se tiene, mayores deberían ser los cuidados para evitar desbordes institucionales y para lograr el respeto de la ciudadanía. Esa materia está pendiente en Tucson. La composición de la Junta Electoral deja al descubierto cómo la política ha buscado resguardo en el escudo del nepotismo y cómo a la Justicia o a las reglas se las respeta sólo cuando conviene y se ajusta a los intereses del poder. Así, la transparencia prometida quedó cubierta bajo un manto de sospecha.
"Los líderes hablaron... hablaron... y hablaron. Pero nada pudo detener la avalancha. Su mundo se derrumbó, las ciudades estallaron..."
Así decía el protagonista de Mad Max II en un mundo donde lo que importaba era el sálvese quién pueda y no la sana convivencia.







