Entre el protocolo y la seducción

17 Julio 2011
Las curvas apuran bajo la uniformidad del azul. Laten. Desafían el protocolo. La coquetería encuentra grietas hasta en la que es calificada como una de las profesiones más machistas. Entonces, el rodete reglamentario se vuelve trenza y flequillo al viento. El pantalón holgado se amolda a una cola generosa. En dosis graduales, el maquillaje de colores pasteles avanza sobre los párpados.

Sin embargo, a veces, hay excesos. "Una vez, una compañera cambió los borcegos por tacos aguja. Muchas también suele dejarse el pelo suelto o teñirse de modo evidente, pese a que no es lo sugerido", cuenta una policía que pidió que no se publique su nombre. La joven admite que, incluso sin las modificaciones de las presumidas, la camisa y el pantalón azul suelen despertar muchas fantasías. "Algunos transeúntes nos gritan ?mamita, llevame preso?. Eso es clásico. También mi novio me pide que me deje el uniforme al volver del trabajo. Ni loca, a mí me cansa llevarlo tantas horas", se ríe.

El toque femenino también se encuentra en la cotidianidad de las comisarías. Jorge Alderete, jefe de la seccional 1ª, destaca que las mujeres que trabajan allí (cinco en total) son las encargadas de cebar mate durante las mañanas o de cocinar a sus compañeros en los feriados. "También se preocupan por la salud o el ánimo de los colegas; el hombre no tiene esos detalles. Prestan más atención a las cosas y son observadoras. Están preparadas para cumplir cualquier función", asegura.

Comentarios