Felices son los sabios

Federico Türpe
Por Federico Türpe 16 Julio 2011

 Más rico no es el que más tiene sino el que menos necesita, sostiene una máxima ascética. El ascetismo es una doctrina filosófica que busca purificar el espíritu por medio de la negación de los placeres materiales y desdeña las necesidades fisiológicas del individuo, por considerarlas de orden inferior. Quizás esta sea una de las claves de por qué hay gente que es naturalmente feliz o es capaz de divertirse, reírse o alcanzar la satisfacción con más facilidad que otros. El buen humor no es sinónimo de felicidad o de estado de bienestar, pero se necesita tanto como el corazón a los pulmones. No pocos investigadores coinciden en que el humor es uno de los mejores tests de inteligencia e incluso existen estudios que afirman que las personas con buen humor tienen un coeficiente intelectual más elevado. Lo cierto es que no hacen falta estudios que lo avalen sino apenas un poco de sentido común para entender que las personas padecientes y quejosas, las que se lamentan todo el día, lloran por cualquier cosa, viven enojadas, se violentan con facilidad o critican todo lo que ven están en un nivel de equilibrio espiritual inferior a quienes contagian gozo, paz interior y bienestar. "Mi papá es un tipo de 89 años que está muy enfermo, pero que todos los días se levanta y dice ?soy feliz?, y así fue toda su vida", me contaba una compañera hace días, a propósito de que su padre había sido internado. Un ejemplo de sabiduría que deberíamos difundir.

 

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