El poder y el miedo

Uno de los mayores actos de debilidad de los poderosos es impartir miedo. Cuando en una democracia la palabra se ahoga y el cuerpo esquiva es porque el ciudadano teme que algo le pase. No se disfruta del hacer. Por el contrario el día a día se reduce a evitar que le pase algo o a impedir las consecuencias por su accionar o por sus dichos.

En esta provincia, el que quiere hacer política debe rendir pleitesía al alperovichismo. Además debe soportar que "todos deben estar bajo la carpa de José", pero no todos son iguales. Y si a alguien no le gustan esas reglas de juego, mejor que se calle; porque si habla perderá fiscales, plata, beneficios y otras cosas más.

El poder y el miedo han pasado a protagonizar la vida política del oficialismo. Son dos sujetos muy amigos entre ellos, que se llevan muy mal con la libertad.

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