Devora a sus hijos

Roberto Delgado
Por Roberto Delgado 12 Julio 2011
Seis muertos en un día. Los que quedan tendrán dolor, enojo, furia, impotencia. Pintarán estrellas amarillas. Aportarán cifras para que la sociedad abra los ojos frente a las cifras de accidentes de tránsito y se asuste como si se cayera un Boeing cada semana. Pero la sociedad no se asusta. En todo caso, reniega con los motociclistas inconscientes, con los automovilistas salvajes, con los iracundos al volante, con los que andan en vehículos viejos, con los policías y zorros coimeros, con el exceso o la falta de semáforos. Y los funcionarios dirán que no pueden detener las transgresiones. Pero todas son miradas parciales.

* Falta coherencia: Desde hace años cuesta aplicar en Tucumán la Ley Nacional de Tránsito porque se permite que circulen viejos autos rurales y ómnibus limoneros, rastras cañeras, carros tirados por caballos, motociclistas sin cascos y amontonados en el vehículo. Por diversas razones, que van desde las económicas hasta las sociales, que tienen más o menos fuerza según se trate de la capital o del interior.

* Faltan razonamientos profundos. Alguien propuso legislar sobre las picadas para evitar la locura de perseguir a lo loco a los corredores y se aprobó sin debate. El gobernador vetó la norma porque era políticamente incorrecta. También sin debate.

* Falta control del que controla. En Tucumán los infractores son víctimas/partícipes de actos corruptos: ¿conocemos a alguien que alguna vez pagó una coima? La cometa, en muchos casos, es un ingreso extra diario/semanal/mensual para policías y varitas con magros salarios y hasta tiene escalas según el cargo del agente. Nadie se ocupa de controlar o combatir esto, excepto cuando hay escándalos. No se conocen muchas investigaciones sobre corrupción ni cuál fue el final de los pocos casos llevados a la Justicia. Ya no hay Fiscalía Anticorrupción.

* Falta consenso general sobre lo que hay que hacer. Todos hablan de la educación como lo que va a lograr el cambio, aunque esperan que sean los alumnos quienes enseñen a sus padres. Pero Educación Vial no es una materia de estudio. Es una opción de curso.

* Falta ponerse en el lugar del otro: el más grande pisa al más chico. No importa qué haga el peatón, siempre estará en riesgo. Es un problema cultural que se podría cambiar. En Noruega, en Chile, un peatón pone el pie en la calzada y los autos se detienen. ¿Cómo se logró eso? "Queremos que todos los que pasen por esta estrella, tomen conciencia de la importancia del respeto por el otro", dijo el domingo Clara Pucheta, hermana del canillita atropellado hace un año.

* Faltan estadísticas: el primero en tener mirada parcial es el Estado. Cada organismo actúa según su entender y su capacitación. Por eso en abril, cuando se anunciaba que en el país y en Yerba Buena habían descendido los accidentes, los médicos de guardia del hospital Padilla advertían que no habían descendido y que había más choques violentos de motociclistas.

No se hace seguimiento de las víctimas de accidentes -por lo tanto no se registra a los que mueren varios días después del choque-, con excepción de algunos observatorios públicos o instituciones privadas como la Asociación Luchemos por la Vida o el Instituto de Seguridad Vial que, no obstante, sólo pueden acceder a datos parciales de policías y comunas.

* Falta coordinación: La Agencia Nacional de Seguridad Vial -que impulsa cambios en el país- está trabajando en eso, pero los funcionarios comunales o policiales siguen actuando igual: esperan que les informen cuándo se aplicarán las nuevas recetas, mientras la muerte sigue paseando por las rutas y calles. Como el dios Cronos de la mitología griega, con todas estas faltas la provincia se devora a sus hijos.

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