Primarias abiertas: Moyano vs. la juventud, columna del cristinismo

El líder de la CGT busca cómo incidir en las PASO. CFK quiere la reelección sin quedar condicionada por el peronismo gremial.

Por Patricia Vega 10 Julio 2011
El 11 de marzo de este año, en el acto que se organizó con motivo del 38º aniversario del triunfo electoral de Héctor J. Cámpora, se observó con claridad que había variado de raíz la columna vertebral del peronismo. Lo que hoy la Presidenta llama "la voluntad de cambio", ya había tenido su primera manifestación.
Pese a que la Juventud Sindical Peronista, con Facundo Moyano a la cabeza, aportó un buen número de asistentes, la sensación que quedó ese día en la cancha de Huracán fue que los trabajadores habían sido copados en las preferencias del poder por los muchachos de La Cámpora, la organización que contribuyó a formar Máximo Kirchner. Todo un terremoto histórico dentro del justicialismo que pocos quisieron reconocer por entonces y que, a la hora de las candidaturas, abrió una violenta grieta entre el ala política de lo que ahora se define como cristinismo y las estructuras más anquilosadas del PJ, esencialmente el ala sindical peronista.
Sin embargo, el germen de esos nuevos rumbos había tenido lugar varios meses antes. Aquellas tristes horas que pasó Cristina Fernández frente al féretro de su esposo, en octubre pasado, ya habían contribuido a darle la certeza a la Presidenta del gran interés de los jóvenes de toda condición social por el particular proyecto kirchnerista.
Lo notable del fenómeno del acercamiento juvenil de entonces es que muchos de quienes llegaron a la Casa Rosada a expresar su tristeza no lo hicieron sólo por militancia; estuvieron allí por genuino agradecimiento hacia la inserción laboral que proveyó la salida del derrumbe de 2001, mientras que otros se sumaron desde la ideología por el trabajo fino que escuelas y universidades vienen haciendo desde hace años, manifiestamente contra las recetas económicas que imperan en el mundo y a favor de valores diferentes y de formas más maniqueas de concebir la política, en línea con la cuerda oficial.
Aquel incesante desfile de jóvenes contribuyó decisivamente a la recuperación de la imagen de la Presidenta, como basamento de la intención de voto que hoy ostenta.
Desde al ángulo electoral, esa masa de menores de 30 años que, al decir de Cristina en Tucumán, "se acerca para apoyar las políticas que el propio Estado impulsa", hoy representa algo menos de un tercio del padrón nacional. Quizás por eso, un tramo bien vibrante del discurso por el Día de la Independencia fue dedicado a la seducción, para expresar el "orgullo" que ella siente por la "bandera de rebeldía" que exhibe la juventud frente al establishment, exaltación que terminó en una arenga casi mística referida a Néstor Kirchner: "En cada joven vive él", machacó.
Con ese número importante de votos probables, se entiende entonces mejor el paso dado por el cristinismo a la hora de digitar las candidaturas, cuando la nueva franquicia que la Presidenta abrió dentro del peronismo decidió jugarse a ganar las elecciones sin apoyarse en el PJ tradicional ni en el sindicalismo "piantavotos" moyanista como socios preferentes. Como se dice en el círculo presidencial, "para demostrar que podemos hacerlo solos, sin deberle favores a nadie".
Esa convicción no sólo le permitirá avanzar en lo que desde los tiempos de Juan Perón se ha llamado "trasvasamiento generacional", sino que hará, en caso de conseguir la reelección en octubre, que ella no quede condicionada por las estructuras anquilosadas del peronismo político y gremial. Justamente, el gremialismo del "aliado" Hugo Moyano acaba de sangrar por la herida, al caer en la cuenta que aquel acto de marzo no había sido inocuo a sus intereses y que resultó ser el puntapié inicial de un proceso de desgaste y aprietes judiciales.
Más allá de si se llevaron o no una sorpresa, lo cierto es que para el sindicalismo no hubo vicepresidente ni casi lugares en las listas y cuando se los permitió fueron de tan poca relevancia, mientras que Moyano hijo se aguantó que lo bajaran del cuarto al octavo lugar, primero y luego hasta el undécimo de la lista de diputados nacionales de la provincia de Buenos Aires. Mientras tanto, los muchachos y las chicas digitados por La Cámpora aparecían con bancas seguras en todo el país. "Si encauzamos el voto de los trabajadores seremos invencibles", dijo Moyano padre esta semana para enviar un mensaje por elevación al Gobierno, tras el cimbronazo que les provocó el sopapo de la Presidenta por los cargos.
De las acepciones del verbo "encauzar", es sin dudas la segunda ("encerrar en un cauce una corriente o darle dirección por él") la que puso sobre la mesa titular de la CGT cuando le reprochó a las autoridades que "los trabajadores no estamos sólo para votar, movilizarnos a los actos o discutir paritarias"
¿Descripción de objetivos, por el lado de "queremos el poder" o tiro por elevación al cristinismo para que vaya tomando nota que el movimiento obrero es capaz de "encauzar" el voto hacia otros candidatos o tal vez aguarle a los K las primarias de agosto, para que se derrumbe el mito del "ya ganó" y que tenga que sentarse a negociar antes de la elección definitiva? "Puede ser, puede ser...", balbuceó ante DyN un allegado a Moyano.
El panorama del desgajamiento antimoyanista comienza a verificarse lentamente fogoneado por el Gobierno, con algunos dirigentes actuando por acción y otros por omisión. Después está la rebelión de algunos caciques pejotistas. Se registró además el grave caso del senador Carlos Verna, quien se bajó de su candidatura a gobernador de La Pampa por la imposición de dos chicas de La Cámpora que ni siquiera viven en la provincia, como candidatas a diputadas y el de José Manuel de la Sota en Córdoba, quien se apartó del kirchnerismo.
Pero además han aparecido algunos otros fieles que parece que dejaron de serlo porque los han dejado afuera, entre otros, los diputados Alejandro Rossi, Silvia Vázquez, Patricia Fadel y Gerónimo Vargas Aignasse; el presidente provisional del Senado, José Pampuro; el gobernador de Mendoza, Celso Jaque y el inefable Luis D'Elía.
Justamente, la cuestión de las primarias abiertas y obligatorias fue tema central del discurso en Tucumán y allí la Presidenta las acaba de reivindicar con énfasis como un logro personal desde sus tiempos de legisladora. Esto también lleva a varias lecturas.
Para comenzar hay que dejar de lado el marketing que usó CFK en su alocución para promocionarlas como un "ejercicio de democracia interna y de participación popular". No es verdad que "los argentinos por primera vez van a poder votar a los candidatos que más les gusten" y no "lo que deciden las burocracias políticas", como ella dijo. Cristina lo sabe muy bien porque en el Frente para la Victoria fue ejecutora y dueña del gran dedo elector y no está libre de pecado, como no lo está ninguno de sus competidores por la presidencia.
¿Por qué ponerse en evidencia entonces en un tema que no es tal como se lo pinta, ya que todas las fórmulas van solas y no compiten contra nadie dentro de cada espacio? ¿Qué es esto sino un acuerdo entre las burocracias políticas de cada partido, sin que los afiliados hayan podido optar en ningún caso, ni por izquierda ni por derecha? Habrá internas en estamentos menores, es verdad, pero ésta no es la regla de lo que ocurrirá en agosto.
Ante la decisión presidencial de poner el tema abruptamente en el tapete, parece lícito entonces efectuar una especulación que se enlaza con el temor que pueda tener el Gobierno en relación a los deseos de muchos de los heridos de bajarle el caudal de votos en agosto.
Si esto fuese así, la puesta en escena de la reivindicación de Cristina de las primarias entraría en un conflicto contra una eventual decisión judicial que las impidiera, cuando no haya dos fórmulas que diriman algo. Funcional a esta hipótesis, por estos días, el GEN estaría acudiendo a los Tribunales para lograr la anulación de ese turno electoral y si un juez accede al amparo, hasta que se avance en las instancias superiores ya habría pasado el día 14. Entonces, el cristinismo podría seguir diciendo hasta octubre que "ya ganamos".
No obstante, para llegar al primer turno, aún falta pasar por las instancias de los comicios en la Capital Federal, Santa Fe y Córdoba, todos distritos donde el oficialismo nacional no las tendrá todas consigo. Igualmente, la confianza de sus operadores está en que las elecciones locales vayan por un andarivel y que en las generales de octubre prevalezca la imagen de la Presidenta. En la Capital, CFK está varios puntos por encima de Mauricio Macri y la intención de voto a su favor supera en unos 10 puntos a la de su candidato, Daniel Filmus.
No solamente el oficialismo tendrá que sortear los escollos electorales, sino que deberá hacerse cargo del desgaste de haber gobernado ocho años, mientras barre debajo de la alfombra muchas de sus malas políticas, que cebaron la bomba de la inflación, la inseguridad y la falta de energía. Los precios no suben por maldad, los crímenes no suceden por generación espontánea ni la falta de gas y de naftas es obra de la naturaleza. Han sido errores que el Gobierno está pateando para más adelante, mientras que hasta ahora tampoco la oposición explicita cómo hará para solucionarlos, antes de que le exploten a alguien en la cara.

Tamaño texto
Comentarios