09 Julio 2011 Seguir en 
Desde hace tiempo, en Tucumán, la muerte viaja en dos y en cuatro ruedas. A veces provoca daños irreversibles como amputaciones, paraplejias en sus formas más avanzadas o trastornos psicológicos. Muchos comprovincianos que viven a la vera de rutas que atraviesan sectores urbanizados viven con el corazón en la boca, cuando deben atravesarlas, como sucede con el Camino del Perú, donde se registran con frecuencia accidentes.
La ruta 315 atraviesa San José, la Curva de los Vega, Villa Carmela y llega hasta Tafí Viejo. Por allí circulan alrededor de 7.000 vehículos por día. Este -como otros- era hasta unos cuatro lustros un camino poco transitado, en relación con la ruta 9, por ejemplo. Con el notable crecimiento demográfico del Gran Tucumán llevó a que estas vías se convirtieran en rutas de alta velocidad.
De acuerdo con datos de la Dirección Provincial de Vialidad, de estas vías, las más transitadas son la 302 que une Ranchillos con Banda del Río Salí y la 301 que comunica San Miguel de Tucumán con Famaillá y pasa por El Manantial, San Pablo y Lules. En segundo lugar se hallan Camino del Perú y la avenida Solano Vera (la 339).
En el Camino del Perú no hay veredas, por lo tanto, los transeúntes deben caminar por las banquinas. Hace nueve años, una vecina fue atropellada por un vehículo y perdió la pierna izquierda. Entre San José y Tafí Viejo, existen varios establecimientos educativos, pero sólo en la primera localidad hay un semáforo. "Hace rato que le pedimos al delegado comunal que ponga semáforos, por lo menos frente a las escuelas. Pero nadie nos da bolilla y la gente se sigue muriendo", dijo una vecina.
Para quienes viven sobre la avenida Solano Vera que une Yerba Buena con La Rinconada y San Pablo, la realidad no es diferente. Por ejemplo, cerca de la Plaza Vieja. Para no eludir un lomo de burro, camioneros, colectiveros y automovilistas circulan por la banquina, por donde caminan los vecinos porque no hay veredas. Los motociclistas son los principales accidentados en esta vía donde se circula a gran velocidad. En la ruta 305 que conduce a El Timbó, también los motociclistas son los protagonistas. Según una comerciante, cada dos días se registra un accidente. También la pasan mal los que moran en la cercanía de la ruta 301 que lleva a Famaillá porque carece de banquina a la altura de Ohuanta y las casas están casi pegadas al pavimento.
Según el titular de Vialidad Provincial, en estos casos se debería convertir estas rutas en autovías de por lo menos cuatro carriles. "El problema es que, en muchas ocasiones, las casas ocuparon espacios del camino y es muy complicado expandirse. Además, se deben colocar semáforos y construir desagües subterráneos, porque en algunas situaciones ya no hay espacio para las banquinas", sostuvo.
Ante la imposibilidad en algunos casos de ampliar la arteria, las respectivas jurisdicciones podrían ocuparse de hacer veredas, de iluminar, de instalar semáforos; la Policía Vial debería efectuar un control permanente para sancionar los excesos de velocidad y ubicar personal en las zonas de cruces en los horarios pico y de ingreso y egreso de las escuelas.
Con educación vial, cursos rigurosos para obtener el carnet de manejo y la aplicación implacable de las leyes es posible que el peligro de accidentes con heridos y muertes, disminuya considerablemente.
La ruta 315 atraviesa San José, la Curva de los Vega, Villa Carmela y llega hasta Tafí Viejo. Por allí circulan alrededor de 7.000 vehículos por día. Este -como otros- era hasta unos cuatro lustros un camino poco transitado, en relación con la ruta 9, por ejemplo. Con el notable crecimiento demográfico del Gran Tucumán llevó a que estas vías se convirtieran en rutas de alta velocidad.
De acuerdo con datos de la Dirección Provincial de Vialidad, de estas vías, las más transitadas son la 302 que une Ranchillos con Banda del Río Salí y la 301 que comunica San Miguel de Tucumán con Famaillá y pasa por El Manantial, San Pablo y Lules. En segundo lugar se hallan Camino del Perú y la avenida Solano Vera (la 339).
En el Camino del Perú no hay veredas, por lo tanto, los transeúntes deben caminar por las banquinas. Hace nueve años, una vecina fue atropellada por un vehículo y perdió la pierna izquierda. Entre San José y Tafí Viejo, existen varios establecimientos educativos, pero sólo en la primera localidad hay un semáforo. "Hace rato que le pedimos al delegado comunal que ponga semáforos, por lo menos frente a las escuelas. Pero nadie nos da bolilla y la gente se sigue muriendo", dijo una vecina.
Para quienes viven sobre la avenida Solano Vera que une Yerba Buena con La Rinconada y San Pablo, la realidad no es diferente. Por ejemplo, cerca de la Plaza Vieja. Para no eludir un lomo de burro, camioneros, colectiveros y automovilistas circulan por la banquina, por donde caminan los vecinos porque no hay veredas. Los motociclistas son los principales accidentados en esta vía donde se circula a gran velocidad. En la ruta 305 que conduce a El Timbó, también los motociclistas son los protagonistas. Según una comerciante, cada dos días se registra un accidente. También la pasan mal los que moran en la cercanía de la ruta 301 que lleva a Famaillá porque carece de banquina a la altura de Ohuanta y las casas están casi pegadas al pavimento.
Según el titular de Vialidad Provincial, en estos casos se debería convertir estas rutas en autovías de por lo menos cuatro carriles. "El problema es que, en muchas ocasiones, las casas ocuparon espacios del camino y es muy complicado expandirse. Además, se deben colocar semáforos y construir desagües subterráneos, porque en algunas situaciones ya no hay espacio para las banquinas", sostuvo.
Ante la imposibilidad en algunos casos de ampliar la arteria, las respectivas jurisdicciones podrían ocuparse de hacer veredas, de iluminar, de instalar semáforos; la Policía Vial debería efectuar un control permanente para sancionar los excesos de velocidad y ubicar personal en las zonas de cruces en los horarios pico y de ingreso y egreso de las escuelas.
Con educación vial, cursos rigurosos para obtener el carnet de manejo y la aplicación implacable de las leyes es posible que el peligro de accidentes con heridos y muertes, disminuya considerablemente.







