Que las cuatro horas sean solamente de ella. La consigna es tan clara como esa. José Alperovich repite el mismo esquema de 2008, pero no quiere contratiempos. La Fiesta de la Independencia resultará otra muestra más del apoyo político de la gestión alperovichista a la presidenta Cristina Fernández. Por eso, cientos de personas trabajan en la organización del esquema de actos que cumplirá el sábado la jefa de Estado en esta ciudad. La primera muestra ya está en la calle; desde ayer; pegada en las paredes. "Tucumán te necesita", reza el eslogan que mandó a colocar el gobernador, con esa vieja estrategia de predisponer a la población a una Fiesta que no necesariamente será para todos. Como esas que organiza la Casa Rosada, con grandielocuentes anuncios, de que habrá fútbol, carne, LCD, Lácteos y ahora cerdo para todos, aunque los mayores beneficiados sólo viven en el área metropolitana, el Gran Buenos Aires y zonas de influencia. Allí, en el distrito que convoca a la mayor cantidad de electores de la Argentina. Curiosa clase de federalismo, ese que se predica desde Olivos o desde Balcarce 50 y que no llega al interior profundo de la Argentina. Ese federalismo que sigue subsidiando a las grandes urbes, en desmedro de los usuarios del interior, donde la inflación pega con más fuerza por un menor poder adquisitivo.
Y la fiesta no es para todos. A pocos metros de los carteles oficiales que preanuncian la visita presidencial, están los tucumanos, esos que salen a la búsqueda de algunos litros de nafta o de gasoil para poder ir a trabajar o desarrollar sus actividades. La escasez es otra falla del modelo que le resta combustible a esa fórmula del Frente para la Victoria con Cristina y Amado Boudou a la cabeza, que lucha por llegar a la meta de octubre. Por eso hay tantos funcionarios nacionales preocupados por aclarar las cuestiones, saliendo de ese viejo esquema de que las declaraciones sólo se hacen en Buenos Aires. Cristina necesita también de los votos del interior. Y a esos electores buscará seducir el sábado, aunque no está claro si habrá mensaje por cadena nacional.
El terreno no es de lo más óptimo. Por más que se haya morigerado -por ahora- el faltante de combustible, entre la población ha quedado la imagen de una gestión de que intenta tapar con la alfombra los problemas estructurales de un país que, paradójicamente, crece al 9%, a tasas chinas, como les gusta decir a los expertos. Da la sensación de que la cuestión energética seguirá siendo el dilema del modelo y que no encontrará solución mientras no haya inversiones genuinas. Y he aquí donde el Estado juega su principal rol: brindar seguridad jurídica a las empresas y demostrar -de una vez por todas- que la Argentina es creíble y que genera confianza a los capitales.
En cada encuesta encargada por el oficialismo se objeta esa imperiosa necesidad de recaudar, que lleva al Ejecutivo a adoptar medidas que atacan, con fuerza, a la clase media asalariada, que destina casi la mitad de sus ingresos a cumplir con el fisco. Ni hablar de los empresarios e industriales que, según los sondeos de opinión encargados por la Casa de Gobierno, siguen sosteniendo que es muy elevada la carga tributaria.
Alperovich no está dispuesto a despegarse del esquema nacional. Los oráculos (las encuestas) así se lo indican. Su apego al Gobierno nacional es uno de los aspectos positivos que los encuestados destacan a la hora de decidir su voto. Por eso Alperovich, que manda a colocar sus afiches color naranja, sigue insistiendo con su eslogan "Cristina, Tucumán te necesita". Y así será, en agosto, en octubre y hasta en diciembre, si CFK alcanza la reelección.
Y la fiesta no es para todos. A pocos metros de los carteles oficiales que preanuncian la visita presidencial, están los tucumanos, esos que salen a la búsqueda de algunos litros de nafta o de gasoil para poder ir a trabajar o desarrollar sus actividades. La escasez es otra falla del modelo que le resta combustible a esa fórmula del Frente para la Victoria con Cristina y Amado Boudou a la cabeza, que lucha por llegar a la meta de octubre. Por eso hay tantos funcionarios nacionales preocupados por aclarar las cuestiones, saliendo de ese viejo esquema de que las declaraciones sólo se hacen en Buenos Aires. Cristina necesita también de los votos del interior. Y a esos electores buscará seducir el sábado, aunque no está claro si habrá mensaje por cadena nacional.
El terreno no es de lo más óptimo. Por más que se haya morigerado -por ahora- el faltante de combustible, entre la población ha quedado la imagen de una gestión de que intenta tapar con la alfombra los problemas estructurales de un país que, paradójicamente, crece al 9%, a tasas chinas, como les gusta decir a los expertos. Da la sensación de que la cuestión energética seguirá siendo el dilema del modelo y que no encontrará solución mientras no haya inversiones genuinas. Y he aquí donde el Estado juega su principal rol: brindar seguridad jurídica a las empresas y demostrar -de una vez por todas- que la Argentina es creíble y que genera confianza a los capitales.
En cada encuesta encargada por el oficialismo se objeta esa imperiosa necesidad de recaudar, que lleva al Ejecutivo a adoptar medidas que atacan, con fuerza, a la clase media asalariada, que destina casi la mitad de sus ingresos a cumplir con el fisco. Ni hablar de los empresarios e industriales que, según los sondeos de opinión encargados por la Casa de Gobierno, siguen sosteniendo que es muy elevada la carga tributaria.
Alperovich no está dispuesto a despegarse del esquema nacional. Los oráculos (las encuestas) así se lo indican. Su apego al Gobierno nacional es uno de los aspectos positivos que los encuestados destacan a la hora de decidir su voto. Por eso Alperovich, que manda a colocar sus afiches color naranja, sigue insistiendo con su eslogan "Cristina, Tucumán te necesita". Y así será, en agosto, en octubre y hasta en diciembre, si CFK alcanza la reelección.







