En los tiempos previos a cada elección suelen aflorar temas que generan polémica entre la dirigencia y entre la ciudadanía. Algunos de estos, abiertamente reñidos con la ley, como el voto cadena; otros, como el reparto de mercadería, son susceptibles de generar un profundo debate jurídico (en febrero de 2006, el diputado alperovichista Alfredo Carlos Dato -por entonces presidente de la Corte Suprema de Justicia- sugirió que la entrega de bolsones no es delito). Y, finalmente, las cuestiones que, aun sin que sean ilegales, igualmente motivan discusiones, con fuertes argumentos a favor y en contra.
Entre estos se encuentra la doble candidatura. Un principio del derecho sentencia que lo que no está jurídicamente prohibido está jurídicamente permitido. La costumbre -una fuente del derecho- impuso esta táctica, que viene siendo usada por fuerzas de todo el espectro político-ideológico tucumano desde hace varias elecciones.
El ministro del Interior, Osvaldo Jaldo, admitió que la doble candidatura no es ilegal, por lo que su uso no implica delito. Y aunque evitó emitir un juicio, el candidato a legislador por la sección este dio a entender que no comparte la decisión de utilizarla. "Si muchos partidos (usan) la doble candidatura es porque la ley lo permite. Soy muy respetuoso de las decisiones que se toman dentro del marco legal", afirmó. Según dijo, la última palabra la tiene la ciudadanía: "si alguien debe emitir un juicio, será el electorado, el día de la elección".
El gobernador, José Alperovich, siempre fustigó esta práctica electoral. Precisamente, el oficialismo es la gran excepción en este tema: ningún postulante del Frente para la Victoria -al menos en los últimos años- se inscribió, en simultáneo, para cargos ejecutivos y legislativos. Sin embargo, en los últimos comicios, el partido del Gobierno utilizó -aunque sin admitirlo- otra herramienta tan legal y polémica como la doble candidatura: las postulaciones testimoniales.
"No es lo ideal"
El analista político Rosendo Fraga -director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría- admitió que el uso de la doble candidatura está instalado, pero no se mostró partidario de echar mano a esta.
"La realidad es que se trata de una costumbre. No es lo ideal, porque impide que el votante emita su voto de acuerdo a la característica del cargo que se elige. Alguien puede ser buen legislador y no tener las mismas condiciones para una función ejecutiva, o viceversa", dijo el analista. A su criterio, el acento se pone en alcanzar un escaño parlamentaria. "Por lo general, con la doble candidatura se busca asegurar bancas legislativas a quien no tiene demasiada certeza de alcanzar cargos ejecutivos", remarcó Fraga.
El consultor aconsejó a la dirigencia que no se postule para dos cargos a la vez. "Si bien no infringe normas y la Justicia Electoral, generalmente, convalidó las dobles candidaturas, es un mecanismo que debería evitarse", opinó Fraga.
En el medio de un proceso electoral que adquiere intensidad, LA GACETA consultó a algunos dirigentes opositores que utilizaron y que utilizarán esta táctica en los comicios del 28 de agosto. Salvo en detalles, mayormente coinciden en defender esta táctica político-electoral y a minimizar su impacto.
Entre estos se encuentra la doble candidatura. Un principio del derecho sentencia que lo que no está jurídicamente prohibido está jurídicamente permitido. La costumbre -una fuente del derecho- impuso esta táctica, que viene siendo usada por fuerzas de todo el espectro político-ideológico tucumano desde hace varias elecciones.
El ministro del Interior, Osvaldo Jaldo, admitió que la doble candidatura no es ilegal, por lo que su uso no implica delito. Y aunque evitó emitir un juicio, el candidato a legislador por la sección este dio a entender que no comparte la decisión de utilizarla. "Si muchos partidos (usan) la doble candidatura es porque la ley lo permite. Soy muy respetuoso de las decisiones que se toman dentro del marco legal", afirmó. Según dijo, la última palabra la tiene la ciudadanía: "si alguien debe emitir un juicio, será el electorado, el día de la elección".
El gobernador, José Alperovich, siempre fustigó esta práctica electoral. Precisamente, el oficialismo es la gran excepción en este tema: ningún postulante del Frente para la Victoria -al menos en los últimos años- se inscribió, en simultáneo, para cargos ejecutivos y legislativos. Sin embargo, en los últimos comicios, el partido del Gobierno utilizó -aunque sin admitirlo- otra herramienta tan legal y polémica como la doble candidatura: las postulaciones testimoniales.
"No es lo ideal"
El analista político Rosendo Fraga -director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría- admitió que el uso de la doble candidatura está instalado, pero no se mostró partidario de echar mano a esta.
"La realidad es que se trata de una costumbre. No es lo ideal, porque impide que el votante emita su voto de acuerdo a la característica del cargo que se elige. Alguien puede ser buen legislador y no tener las mismas condiciones para una función ejecutiva, o viceversa", dijo el analista. A su criterio, el acento se pone en alcanzar un escaño parlamentaria. "Por lo general, con la doble candidatura se busca asegurar bancas legislativas a quien no tiene demasiada certeza de alcanzar cargos ejecutivos", remarcó Fraga.
El consultor aconsejó a la dirigencia que no se postule para dos cargos a la vez. "Si bien no infringe normas y la Justicia Electoral, generalmente, convalidó las dobles candidaturas, es un mecanismo que debería evitarse", opinó Fraga.
En el medio de un proceso electoral que adquiere intensidad, LA GACETA consultó a algunos dirigentes opositores que utilizaron y que utilizarán esta táctica en los comicios del 28 de agosto. Salvo en detalles, mayormente coinciden en defender esta táctica político-electoral y a minimizar su impacto.







