Un museo cargado de historia y afectos

Un vecino de Simoca recuperó parte del antiguo barrio "La Hilacha" y acondicionó su casa paterna con muebles y objetos de fines del siglo XIX y el XX.

RESCATADA. Una antigua máquina registradora que fue donada al museo.
RESCATADA. Una antigua máquina registradora que fue donada al museo.
En la casa-museo El Rosedal se respira aire de pueblo, ritmo tranquilo de gentes que vivían sin apuros, siempre con tiempo de escuchar al vecino, de compartir un mate y de entregar la yapa con la compra que se llevaba el cliente. En El Rosedal hay pedazos de historia de la Simoca de fines del siglo XIX hasta comienzos de la segunda mitad del siglo XX. Hay testimonios de la laboriosidad de sus habitantes, de sus costumbres, de su arte, de sus distracciones. En El Rosedal, Simoca habla de sí misma y se cuenta.

La casona está ubicada frente a la rotonda, donde antes se erguía majestuoso un pacará, árbol emblemático de la "Capital del Sulky", que fue derribado en 1976. Perteneció a Ramón Herminio Ledesma y Raquel Fiad, quienes tenían allí, además de la casa familiar, un almacén y un recreo bailable. Uno de sus hijos, Esteban Lito Ledesma -periodista, ex diputado provincial y funcionario del ex presidente Carlos Menem- comenzó hace seis años una tarea de reconstrucción de la casa; adquirió terrenos adyacentes en lo que se conocía como el barrio "La Hilacha", y montó un museo popular donde se exhiben muebles y objetos antiguos. Algunos pertenecieron a su familia, otros le fueron donados y otros los compró. El objetivo es que el inmueble sea un espacio cultural, donde se presenten espectáculos musicales y otro tipo de eventos.

El salón principal -única construcción original de la casa, que data de la década de 1930- alberga el mostrador de madera del almacén, la vieja heladera a querosén, una máquina registradora de más de 50 años, banquetas altas de hierro de la década de 1960, un arado de hierro y un catre de tiento centenario. En la pared del frente, en lo alto se ve un clásico sulky simoqueño (Ledesma explicó que el sulky era indispensable porque Simoca estaba llena de minifundios y tenía 450 km de caminos rurales). En una vitrina hay planchas de hierro, piezas de vajilla enlosada, y otras cosas típicas del campo tucumano de la primera mitad del siglo XX. Esa habitación se iluminó con focos que tienen por pantalla discos de arado sostenidos por fuertes cadenas.

En detalle

El museo está integrado por varios sectores temáticos. Uno de ellos es el deportivo, donde Ledesma volcó su vocación periodística. Se pueden ver pelotas de fútbol y de rugby de 1920, hechas en cuero y rellenas con paja, y unos botines de la misma época. También hay guantes de boxeo antiguos y los guantes de Pedro Décima, único campeón mundial de boxeo nacido en Tucumán. Más moderna, se ve una colección de autos en miniatura, de carrera y antiguos.

En una pequeña habitación se puede leer una placa que da cuenta de que allí estuvo Carlos Menem, en 1986, cuando era gobernador de La Rioja y ya estaba tejiendo alianzas para su candidatura a presidente.

Distribuidos en las distintas áreas de la casona se ven morteros de madera, bateas, mazas de carretas, un carro cañero, faroles a querosén con los que se hacían señales desde el furgón de cola de los trenes, monturas para hombre y para damas, radios y amplificadores, máquinas choriceras, un busto del reconocido poeta simoqueño Daniel Leiva, y pinturas de artistas locales que recrean escenas de la vida cotidiana en Simoca.

En el centro de El Rosedal, lugar que en los años 30 albergaba bailes, riñas de gallo y tabeadas, se montó un escenario. En el patio se ubicaron mesas y sillas de madera que conservan el estilo campestre.

El museo es casi una visita obligada para quienes concurren los sábados a la Feria de Simoca. "No quiero entrar en polémicas con nadie -advierte Ledesma-, pero yo recuerdo que la feria empezó en este barrio, porque yo nací en la feria". El dato preciso parece, al menos en esta ocasión, poco relevante. Lo concreto es que en El Rosedal se descubren las huellas de un pueblo trabajador, que cultivaba la tierra -como hoy- y criaba los animales que necesitaba para tirar del arado y de los carros que trasladaban la caña de azúcar.

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