20 Mayo 2011 Seguir en 
LAVADEROS A CIELO ABIERTO
Coincidimos con el editorial del 17/5. Sin puntualizar lo que claramente se expresa en él sobre la actividad marginal del lavado de vehículos en la vía pública que, bien lo dice, genera empleo en negro y trabajo informal amparado por quienes deberían hacer cumplir la ley, queremos ampliar sobre otra consecuencia más grave que provoca esta actividad y que tiene que ver con los mismos actores: la contaminación ambiental. El lavado de chasis de automotores genera barros que contienen hidrocarburos altamente contaminantes, que deben ser tratados mediante decantadores; y su posterior extracción y almacenamiento en recipientes aislados, para luego gestionar la disposición final en una planta de tratamiento. La mala praxis que se realiza en estos lavaderos informales a cielo abierto, sin ningún tipo de tratamiento de residuos, hace que las aguas contaminadas con hidrocarburos sean arrojadas al canal que corre paralelo a la avenida Wenceslao Posse; de allí, al canal Sur, y por este al río Salí, contaminando el mencionado cauce de agua y posteriormente trasladando esa contaminación a nuestra vecina provincia de Santiago del Estero, por lo que los lavaderos informales en cuestión son verdaderos centros de emisión o inyección de contaminantes al suelo. La Constitución Nacional establece: "Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras, y tienen el deber de preservarlo. El daño ambiental generará prioritariamente la obligación de recomponer, según lo establezca la ley". Se debe hacer pública esta situación para que los distintos sectores involucrados (públicos y privados) tomen verdadera conciencia del problema generado por el lavado de automóviles en la vía pública y, en consecuencia, se genere un ámbito de discusión tendiente a brindar una solución al problema planteado.
Tiburcio Gustavo Sanz
Presidente de Capega
Suipacha 718
S. M. de Tucumán
tRÁNSITO
El miércoles pasado me detuve a comprar pañales para adultos frente a la ex terminal de ómnibus. Un señor con barba de días, sin uniforme, se acercó y me dijo que debía desocupar el lugar del director de Tránsito Municipal. Le dije que solo tardaría unos segundos, sin bajarme y con el motor en marcha, esperando a mi esposa que realizara dicha compra, y explicándole que estaba con mi hijo que es discapacitado, y por ende impedido de caminar. Me respondió que me fuese, si no, me secuestraría el vehículo. Esto me irritó naturalmente y desencadenó una situación muy desagradable y, conociendo mis derechos, le dije que procediera. Me contestó que no me metiera con él porque era un "malevo" muy pesado, mientras le indicaba a una agente de tránsito, de evidente mala instrucción, que me labrara una infracción, que jamás me entregaron. ¿Quiénes son estos señores para ocupar privilegios así, habiendo tantos problemas para estacionar? ¿Puede un servidor público olvidarse de los derechos del pueblo y encima servirse de él? Aclaro que no poseo la identificación del libre estacionamiento en el coche, pero mi hijo estaba allí y debió ser suficiente.
Jorge Marcelo Huaier
jmh_6644@hotmail.com
AUTOCONVOCADOS
Sigue aún la movilización de los médicos en procura de obtener un incremento salarial acorde con sus funciones sin conseguir hasta el presente sus objetivos. El Gobierno que hace oídos sordos a este reclamo que lleva mucho tiempo, debería pensar que al no solucionar este conflicto perjudica a los humildes que carecen de obra social. A la Policía se la escuchó por las ruidosas manifestaciones que hicieron. Por suerte este problema fue superado. Falta algo muy importante: la inactividad de los hospitales; y esto sólo se conseguirá escuchando a los autoconvocados que claman por mejoras salariales. Se trata de los profesionales de la salud y esto no debe dilatarse más tiempo. El gobierno debe escuchar sus reclamos y hacer justicia otorgándoles el aumento solicitado. Además, con esta actitud se beneficiará a toda la comunidad que está esperando respuestas concretas.
Marta Lizárraga
martaelisalizarraga1@yahoo.com.ar
LA HIPOCRESÍA
La hipocresía, tras la que se disimula todo tipo de violencias, es la máscara que esconde la dominación de unos sobre otros. Palabras como democracia, pronunciadas con fuerza, pueden hacer creer que vivimos en libertad y que se cumplen los derechos esenciales, aunque esos derechos sean sólo intentos por concretar el ideal humano de una vida mejor. La violencia hipócrita domina en todo y muchos eruditos parecen no percibirla aunque sea fábrica de delitos y resentimientos. La usan aprobando de mil maneras cultas una vida injusta donde sólo unos pocos tienen derechos, justificando lo negativo cuando pretende soluciones o esclarecimientos. Así la acequia con aguas cloacales que recorre la calle Lavaisse al 700/800, transita tranquila su podredumbre desde hace más de 40 años, a pesar de las quejas de los dos barrios que apesta e inunda, a sólo 20 cuadras del Municipio; y la obra comenzada para su entubamiento sólo alcanzó una cuadra y se paralizó. Seguramente, como está escondida y su imagen no produce votos, no inquieta a los concejales de turno que la ignoran. Igual que la planta de gas de Jujuy al 1.800, a pesar de su peligrosidad. Parece hora de concretar cambios reales, y no hipócritas arreglos que sólo atienden la apariencia.
Javier Astigarraga
javastiga@arnet.com.ar
EL SILENCIOSO CORTEJO
Creo que se equivoca Hebe de Bonafini al defender este populismo de derecha disfrazado de progresismo que gobierna el país, pero eso no disminuye mi admiración y respeto por esta valiente luchadora, que junto a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo le pusieron el pecho a la dictadura más perversa que asoló la república, con trágicas consecuencias para muchas de ellas. Estas mujeres, admiradas en el mundo entero como ejemplo de lucha por la dignidad humana, fueron un factor decisivo para la recuperación de la democracia, por lo que todas las generaciones de argentinos les debemos agradecer. Si toleramos que la ofendan los que se enriquecieron con la política y necesitan fueros para no terminar tras las rejas, deberemos resignarnos a ver pasar el silencioso cortejo fúnebre de la república.
Ramón Eudal
ramoneudal@hotmail.com
canal san cayetano
A raíz del editorial del 19/4 los recuerdos acuden a mi memoria. Vivía en las inmediaciones del canal de San Cayetano. La única vía de acceso desde Villa Alem era la calle La Plata, denominada prolongación Este 4ta. cuadra. La propiedad era del señor Oscar Ponce de León. Se encontraba detrás de los Curas Azules. Disfrutaba diariamente del famoso canal de San Cayetano, siempre limpio. Para los pocos vecinos, era una religión mantenerlo en ese estado. Nadie arrojaba residuos. A ambos lados del mismo se erigían frondosos lapachos (palos borrachos), los que le daban una característica muy especial. La nuestra era la única propiedad que contaba con agua potable y luz eléctrica, cedidas gentilmente por el colegio de dichos curas. Un poco la paz y la tranquilidad del lugar desapareció cuando allá por febrero de 1955 una niña dijo ver a la Virgen del Valle en la copa de un frondoso árbol. Miles de vecinos de la ciudad durante días concurrían a ver esa aparición. Resultó ser que un mayor, atando un piolín a una de las ramas, producía un movimiento a lo que la niña exclamaba en voz alta que allí estaba la Virgen. Terminaron con la limpieza, con la tranquilidad y la vegetación de la zona. Todo fue una burda mentira, donde incluso se sostenía que discapacitados habían superado el mal que los aquejaba. Al final de dicho canal, ya cerca de su confluencia con el Río Salí, a cielo abierto, era la salida del sistema cloacal de la ciudad. Luego vino el loteo de lo que hoy es el barrio San Cayetano. Un recuerdo de aquellos lindos años, con un canal original, cuyas márgenes eran utilizadas como vías de acceso y de salida a la ciudad.
Hugo César Navarro
hucena@arnet.com.ar
Coincidimos con el editorial del 17/5. Sin puntualizar lo que claramente se expresa en él sobre la actividad marginal del lavado de vehículos en la vía pública que, bien lo dice, genera empleo en negro y trabajo informal amparado por quienes deberían hacer cumplir la ley, queremos ampliar sobre otra consecuencia más grave que provoca esta actividad y que tiene que ver con los mismos actores: la contaminación ambiental. El lavado de chasis de automotores genera barros que contienen hidrocarburos altamente contaminantes, que deben ser tratados mediante decantadores; y su posterior extracción y almacenamiento en recipientes aislados, para luego gestionar la disposición final en una planta de tratamiento. La mala praxis que se realiza en estos lavaderos informales a cielo abierto, sin ningún tipo de tratamiento de residuos, hace que las aguas contaminadas con hidrocarburos sean arrojadas al canal que corre paralelo a la avenida Wenceslao Posse; de allí, al canal Sur, y por este al río Salí, contaminando el mencionado cauce de agua y posteriormente trasladando esa contaminación a nuestra vecina provincia de Santiago del Estero, por lo que los lavaderos informales en cuestión son verdaderos centros de emisión o inyección de contaminantes al suelo. La Constitución Nacional establece: "Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras, y tienen el deber de preservarlo. El daño ambiental generará prioritariamente la obligación de recomponer, según lo establezca la ley". Se debe hacer pública esta situación para que los distintos sectores involucrados (públicos y privados) tomen verdadera conciencia del problema generado por el lavado de automóviles en la vía pública y, en consecuencia, se genere un ámbito de discusión tendiente a brindar una solución al problema planteado.
Tiburcio Gustavo Sanz
Presidente de Capega
Suipacha 718
S. M. de Tucumán
tRÁNSITO
El miércoles pasado me detuve a comprar pañales para adultos frente a la ex terminal de ómnibus. Un señor con barba de días, sin uniforme, se acercó y me dijo que debía desocupar el lugar del director de Tránsito Municipal. Le dije que solo tardaría unos segundos, sin bajarme y con el motor en marcha, esperando a mi esposa que realizara dicha compra, y explicándole que estaba con mi hijo que es discapacitado, y por ende impedido de caminar. Me respondió que me fuese, si no, me secuestraría el vehículo. Esto me irritó naturalmente y desencadenó una situación muy desagradable y, conociendo mis derechos, le dije que procediera. Me contestó que no me metiera con él porque era un "malevo" muy pesado, mientras le indicaba a una agente de tránsito, de evidente mala instrucción, que me labrara una infracción, que jamás me entregaron. ¿Quiénes son estos señores para ocupar privilegios así, habiendo tantos problemas para estacionar? ¿Puede un servidor público olvidarse de los derechos del pueblo y encima servirse de él? Aclaro que no poseo la identificación del libre estacionamiento en el coche, pero mi hijo estaba allí y debió ser suficiente.
Jorge Marcelo Huaier
jmh_6644@hotmail.com
AUTOCONVOCADOS
Sigue aún la movilización de los médicos en procura de obtener un incremento salarial acorde con sus funciones sin conseguir hasta el presente sus objetivos. El Gobierno que hace oídos sordos a este reclamo que lleva mucho tiempo, debería pensar que al no solucionar este conflicto perjudica a los humildes que carecen de obra social. A la Policía se la escuchó por las ruidosas manifestaciones que hicieron. Por suerte este problema fue superado. Falta algo muy importante: la inactividad de los hospitales; y esto sólo se conseguirá escuchando a los autoconvocados que claman por mejoras salariales. Se trata de los profesionales de la salud y esto no debe dilatarse más tiempo. El gobierno debe escuchar sus reclamos y hacer justicia otorgándoles el aumento solicitado. Además, con esta actitud se beneficiará a toda la comunidad que está esperando respuestas concretas.
Marta Lizárraga
martaelisalizarraga1@yahoo.com.ar
LA HIPOCRESÍA
La hipocresía, tras la que se disimula todo tipo de violencias, es la máscara que esconde la dominación de unos sobre otros. Palabras como democracia, pronunciadas con fuerza, pueden hacer creer que vivimos en libertad y que se cumplen los derechos esenciales, aunque esos derechos sean sólo intentos por concretar el ideal humano de una vida mejor. La violencia hipócrita domina en todo y muchos eruditos parecen no percibirla aunque sea fábrica de delitos y resentimientos. La usan aprobando de mil maneras cultas una vida injusta donde sólo unos pocos tienen derechos, justificando lo negativo cuando pretende soluciones o esclarecimientos. Así la acequia con aguas cloacales que recorre la calle Lavaisse al 700/800, transita tranquila su podredumbre desde hace más de 40 años, a pesar de las quejas de los dos barrios que apesta e inunda, a sólo 20 cuadras del Municipio; y la obra comenzada para su entubamiento sólo alcanzó una cuadra y se paralizó. Seguramente, como está escondida y su imagen no produce votos, no inquieta a los concejales de turno que la ignoran. Igual que la planta de gas de Jujuy al 1.800, a pesar de su peligrosidad. Parece hora de concretar cambios reales, y no hipócritas arreglos que sólo atienden la apariencia.
Javier Astigarraga
javastiga@arnet.com.ar
EL SILENCIOSO CORTEJO
Creo que se equivoca Hebe de Bonafini al defender este populismo de derecha disfrazado de progresismo que gobierna el país, pero eso no disminuye mi admiración y respeto por esta valiente luchadora, que junto a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo le pusieron el pecho a la dictadura más perversa que asoló la república, con trágicas consecuencias para muchas de ellas. Estas mujeres, admiradas en el mundo entero como ejemplo de lucha por la dignidad humana, fueron un factor decisivo para la recuperación de la democracia, por lo que todas las generaciones de argentinos les debemos agradecer. Si toleramos que la ofendan los que se enriquecieron con la política y necesitan fueros para no terminar tras las rejas, deberemos resignarnos a ver pasar el silencioso cortejo fúnebre de la república.
Ramón Eudal
ramoneudal@hotmail.com
canal san cayetano
A raíz del editorial del 19/4 los recuerdos acuden a mi memoria. Vivía en las inmediaciones del canal de San Cayetano. La única vía de acceso desde Villa Alem era la calle La Plata, denominada prolongación Este 4ta. cuadra. La propiedad era del señor Oscar Ponce de León. Se encontraba detrás de los Curas Azules. Disfrutaba diariamente del famoso canal de San Cayetano, siempre limpio. Para los pocos vecinos, era una religión mantenerlo en ese estado. Nadie arrojaba residuos. A ambos lados del mismo se erigían frondosos lapachos (palos borrachos), los que le daban una característica muy especial. La nuestra era la única propiedad que contaba con agua potable y luz eléctrica, cedidas gentilmente por el colegio de dichos curas. Un poco la paz y la tranquilidad del lugar desapareció cuando allá por febrero de 1955 una niña dijo ver a la Virgen del Valle en la copa de un frondoso árbol. Miles de vecinos de la ciudad durante días concurrían a ver esa aparición. Resultó ser que un mayor, atando un piolín a una de las ramas, producía un movimiento a lo que la niña exclamaba en voz alta que allí estaba la Virgen. Terminaron con la limpieza, con la tranquilidad y la vegetación de la zona. Todo fue una burda mentira, donde incluso se sostenía que discapacitados habían superado el mal que los aquejaba. Al final de dicho canal, ya cerca de su confluencia con el Río Salí, a cielo abierto, era la salida del sistema cloacal de la ciudad. Luego vino el loteo de lo que hoy es el barrio San Cayetano. Un recuerdo de aquellos lindos años, con un canal original, cuyas márgenes eran utilizadas como vías de acceso y de salida a la ciudad.
Hugo César Navarro
hucena@arnet.com.ar
Las cartas para esta sección deben tener un máximo de 200 palabras, en caso contrario serán sintetizadas. Deberán ser entregadas en Mendoza 654 o en cualquiera de nuestras corresponsalías haciendo constar nombre y domicilio del remitente. El portador deberá concurrir con su documento de identidad. También podrán ser enviadas por e-mail a: cartasaldirector@lagaceta.com.ar, consignando domicilio real y Nº de teléfono y de documento de identidad. LA GACETA se reserva el derecho de publicación.







