"Mabel" invita a pensar el teatro

Por Jorge Figueroa

23 Junio 2003
Mabel es un nombre de mujer; es un país, es una clase social, es una esposa; son mil referencias y teatro puro. Porque "Mabel" es, ante todo, el título de una obra del grupo rosarino "Percanta", que representó este fin de semana en la sala de La Sodería.
En "Mabel" queda claro que el teatro son los actores y su acción. Tal vez por ello, el texto de la obra fue construido desde estas acciones (un proceso que se denomina dramaturgia del actor), y no al revés (actores que representan una pieza escrita previamente) como convencionalmente sucede; una construcción que se aleja totalmente de cualquier narración lineal, y en la que permanentemente se entremezclan la ficción y la realidad; donde prevalece el fragmento por sobre cualquier aspiración de totalidad.
Las interpretaciones de Claudia Cantero y de Matías Martínez, con la dirección de Marcelo Díaz, no tienen desperdicio alguno.
Con sus inteligentes y a veces codificados diálogos y movimientos pueden transcurrir de un clima tenso y dramático al más desopilante humor, donde no faltan los guiños a cierto realismo social; pero, eso sí, parodiado por el grotesco y el absurdo.
Mucho se ha escrito acerca de que "Mabel" es una radiografía de la clase media argentina en decadencia; y con razón, porque las referencias y los cruces con la realidad están constantemente expuestos. Pero quizá la obra debiera verse más como una lección de teatro, y de los buenos resultados de un proceso de investigación.

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